22 de marzo de 2020
22.03.2020
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Una trabajadora mira por la ventana en el Hospital de Cabueñes.

Estrés límite entre los sanitarios: "A veces lloramos, se te cae el alma a los pies"

Médicos y enfermeros, emocionalmente "tocados" y con "mucha presión", reconocen que "es complicado llegar a casa y desconectar" después de trabajar "con el corazón encogido"

22.03.2020 | 00:53 Un artículo de

"En la planta hemos llorado, porque a veces, aunque no quieras, rompes. Emocionalmente estoy muy tocada, como muchos compañeros. Con mucho miedo, con mucha presión. Con mucho riesgo porque no tenemos material adecuado de protección; con mucha responsabilidad, intentando no contagiarnos para no contagiar a pacientes. La gente está muy nerviosa. No hay visitas, como es lógico. Hay abuelinos que tienen que quedar solos y también lloran. Los recién operados, igual. Te cae el alma a los pies. Y aislados de nuestras propias familias, porque no queda otro remedio. Desde el viernes pasado no puedo ni tocar a mi hija". La voz de esta enfermera del HUCA se quiebra al otro lado del teléfono. No puede evitar las lágrimas. Acaba de terminar su turno, en una planta de no infectados. "Marcho hecha polvo, muy triste y emocionalmente superada, esto es una película de terror", dice.

El nivel de estrés del personal sanitario es muy alto. Por la exigencia de esta crisis que tensiona hasta límites desconocidos hasta ahora al propio sistema de salud. Porque debería haber más medios de protección, que faltan en todas las comunidades. Porque en la respuesta en el día a día a veces se sienten solos, con protocolos cambiantes y, sobre todo, insisten, una y otra vez, "sin material". Algunos, no obstante, repiten este mensaje: el compromiso de los profesionales es total y si alguien puede afrontar esto son los trabajadores de nuestra sanidad pública.

Hay médicos que reconocen necesitar tranquilizantes cuando llegan a casa para poder descansar unas horas. "Cada día más compañeros son apartados de sus puestos por presentar síntomas compatibles con COVID-19. Toda esta situación nos genera sentimientos de miedo, inseguridad e incertidumbre, además de cansancio físico, que se transforman en dificultad para conciliar el sueño, palpitaciones, pérdida de apetito, ansiedad y una profunda preocupación. Muchos de nosotros nos hemos sentido impotentes e incluso hemos llorado. Por miedo, por rabia, por sentirnos superados por estas circunstancias", explica uno de Urgencias.

Trabajadores del HUCA agradecen las muestras de apoyo. | FERNANDO RODRÍGUEZ

"Afortunadamente, estamos demostrando ser profesionales comprometidos, nuestro mayor apoyo laboral están siendo nuestros propios compañeros. En estos momentos tan duros, el respaldo incondicional que nos prestamos unos a otros, las experiencias compartidas y los esfuerzos en común están siendo nuestro balón de oxígeno", añade otro de los compañeros del mismo servicio.

"El personal de blanco está en guerra y sin armas", es uno de los lemas de apoyo que estos días circulan por las redes, inundadas de mensajes de agradecimiento y ánimo a quienes libran esta batalla en la primera línea de la primera línea. "Una gran verdad", valoran profesionales del SAMU, que afirman sentirse "totalmente engullidos por la emergencia sanitaria".

"Los profesionales de la salud nos enfrentamos a una crisis sanitaria sin precedentes con sensación de abandono por parte de las autoridades, con aumento de las horas de trabajo, necesidad de nuevos protocolos y escasez de recursos humanos y materiales. Es complicado llegar a casa y desconectar. Tenemos miedo a contagiar a aquellos que conviven con nosotros y debemos estar atentos a la publicación de nuevos protocolos para estar actualizados. Vivimos en un estado de conexión permanente con la enfermedad, su incidencia, su mortandad. Leemos y compartimos los últimos estudios que se publican sin descanso y, entre todos, trabajamos en procedimientos de actuación y reorganización de nuestros servicios, intentando mejorar la toma de decisiones y la seguridad de los equipos y los pacientes en una actualización constante que dura casi las veinticuatro horas del día. Intentando minimizar un impacto incalculable sobre nuestro sistema", explican.

Una trabajadora del Hospital San Agustín de Avilés, asomada a una de las ventanas del centro. | RICARDO SOLÍS

Comparten por Whatsapp, entre ellos, lo que va pasando. "Cuatro compañeros de la UVI móvil de Gijón, en cuarentena. Ya empezamos a caer", dice un mensaje que llega el pasado viernes, casi a las once de la noche. ¿Por haber tenido un contacto?, preguntan. "Un positivo que no era clínica típica, fue una convulsión y tenía fiebre. Por eso la importancia de hacer buenos protocolos de seguridad", responden. ¿Y los compañeros no llevaban ninguna protección?, repreguntan. "Solo mascarilla. Es imposible saber qué te vas a encontrar, salvo que salgamos vestidos con todo de mano. Con un buen protocolo se mejoraría y practicando con simulaciones, cosa que no se plantean. Si caemos un veinte o un treinta por ciento del personal, igual hacen algo. Estamos en primera línea y no nos cuidan", concluye este hilo de diálogo.

Llega otro mensaje. Vuelve a insistir en la necesidad de "formación, previsión y protocolización para defendernos y seguir trabajando para los enfermos". "Protección y protocolos están surgiendo de los médicos, día a día, viendo los errores que cometemos y comentándolo por móvil y correo corporativo", añaden.

Hay personal de enfermería que casi preferiría trabajar en las plantas de infectados. "De esa manera, entras preparada, con el equipo de protección necesario y lo controlas mejor. De otro modo, como estamos nosotras, estás más expuesta. No sabes dónde lo puedes llevar, si en el uniforme porque rozaste, si porque tocaste el botón del ascensor. Estamos con mascarillas quirúrgicas, que no protegen. Casi nos las ponemos por el tema psicológico? Encontrar algo que de verdad proteja, las indicadas para estos casos, es imposible, ese material ahora mismo es oro", cuenta una enfermera del HUCA.

Otra compañera se ha "autoaislado" en su casa. Cuando llega de trabajar se encierra en su cuarto, no comparte espacios comunes ni tiene contacto con su familia ni para comer. "Tiene una casa grande y puede hacerlo. En mi caso, mi hijo está con sus abuelos, en el pueblo. El otro día fui a llevarles a mis padres medicación que necesitan y algo de compra. Lo dejo fuera, no entro. Y esa sensación de no poder darles un beso, de estar distanciada de mi hijo?", cuenta. Para, porque se emociona. "Es una mierda, una mierda todo. Sales de trabajar con el corazón encogido, de los cuadros que ves todos los días, de la tensión, tengo un dolor inmenso. Quién se podía imaginar que algo así pasaría?", concluye esta enfermera, también del HUCA.

Un audio enviado en un grupo de Whatsapp de personal de Emergencias llega a última hora de la noche del viernes. Un mensaje de apoyo de un sanitario de las Cuencas. "Salgo ahora de doce horas de guardia, reutilizando mi propia mascarilla. Estos días ya tuve suficiente rabia, impotencia. Así que ya que llevo más de una semana sin ver a mi madre, me acerqué a dejarle en el buzón un libro con una nota de ánimo, así de sorpresa, que no sabe nada. Hay que intentar hacer el máximo bien posible a los demás, protegernos todo lo posible y superar esta etapa como podamos. Hay que tomarlo con un poco de filosofía. Y, sobre todo, sobrevivir. Mucho ánimo a todos".