24 de marzo de 2020
24.03.2020
La Nueva España

"La población madrileña con ansiedad va en aumento", relata una médica gijonesa

Susana Menéndez, facultativa de familia en Móstoles, se prepara para una semana fatal:"el pico nos dicen que llega entre el 26 y el 30"

24.03.2020 | 22:15
Aspecto del hospital de urgencia ubicado en el Ifema de Madrid.

Hubo un momento de la semana que a la médica gijonesa Susana Menéndez le entró la impotencia. Sus consultas en un centro de salud de Móstoles (Madrid) donde trabaja desde hace años, se habían convertido en una sucesión interminable de atenciones telefónicas con muchos desahogos de madrileños asustados, con todo tipo de síntomas y sólo algunos con sospecha de coronavirus. O le tocaba atender la tramitación de bajas laborales o la validación de la receta electrónica a alguno de sus crónicos sin verles ni siquiera la cara. "Me pudo la rabia de verme convertida en telefonista cuando yo lo que quería era estar con pacientes", explica.

Sólo tardó unos segundos en reflexionar que esa atención que ella y muchos médicos de familia prestan al teléfono -hasta 400 llamadas han podido llegar a entrar en un turno en su centro- es el bálsamo que algunos necesitan para no acabar colapsando aún más los servicios hospitalarios. A ella le ha tocado, podría decirse así, el triaje telefónico de población que según pasaban los días de la semana empezaba a tener tantos síntomas de angustia como de coronavirus.

"Las llamadas por ansiedad han aumentado mucho. Y no me extraña. Recuerdo la conversación con una mujer que tenía a su marido en casa, aislado por ser positivo, a su madre en el hospital ingresada, y ella creía tener todos los síntomas, sobre todo porque no podía respirar. No se sentía ni con fuerzas para cuidar de su niña de 5 añitos. Le pregunté si podía venir hasta el centro de salud para que la valoráramos y dijo que sí; entró directa a la planta que se ha habilitado completa para pacientes respiratorios y se vio que su saturación de oxígeno era buena. Lo que tenía era una crisis de ansiedad brutal, sólo preguntaba si se iban a morir. Así que después del enfado personal pensé que ser médica-telefonista es realmente básico; si puedo aportar algo de tranquilidad a gente que está pasándolo fatal, si puedo dar instrucciones que sean de utilidad y si puedo evitar el riesgo de que muchos pacientes vengan en persona a los centros, todo serán beneficios", relata la gijonesa.

La atención domiciliaria de los pacientes con síntomas que no son tan graves como para estar hospitalizados es otra de las tareas que recae en los médicos de los centros de salud como Menéndez. "El viernes hablé con una chica joven que estuvo ingresada y a la que, claro, han tenido que sacar del hospital para acoger a otros más graves. Le dieron el alta con toda su medicación de antiretrovirales y nosotros la llamamos, como a todos los que dan positivo, para seguir la evolución", explica.

Susana Menéndez tiene en mente a muchos pacientes obligados "a estar aislados y muy solos" para llevar el control de la pandemia hasta sus extremos, y a algunos compañeros de su propio centro que ya están en cuarentena o pasando la enfermedad. Esta gijonesa sabe que ella ha entrado en esa bolsa de "población de riesgo" que ya tiene a más de 3.500 sanitarios españoles afectados. De que no caigan muchos más puede llegar a depender la atención médica en los próximos días. Así que ella intenta dosificarse y a su familia -está casada con un asturiano y tiene dos hijos- ya les tiene aleccionados de que "mamá es de riesgo, así que cuidado".

Pero el ambiente condiciona y pese a reconocerse como una persona que jamás ha sido aprensiva, la tensión y el estado de estrés en el que vive le ha hecho sentir síntomas que no eran nada. Sabe que "queda mucha lucha" y que los sanitarios españoles se van a ver metidos de lleno en la práctica de "una medicina de guerra, aunque sea de otro tipo. El problema es que no quieres ni estás del todo preparado para tener que elegir a qué pacientes intantas salvar la vida y a quién no, y eso puede sucederte".

Madrid se prepara para atender el pico de enfermedad "entre el 26 y el 30 de marzo, según nos vienen diciendo desde hace tiempo", cuenta Susana Menéndez, y el centro de salud de Móstoles ya está movilizado para que parte de su personal se vaya al hospital de campaña ubicado en el Ifema. Susana espera instrucciones: "Vivo el día a día; porque lo que tiene una pandemia como esta es que todo se decide de minuto en minuto".

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