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Otín vislumbra una "nueva era" tras el virus, "una lección brutal de humildad"

"No nos falta el último acelerador de partículas, sino mascarillas, batas y respiradores, es impresionante", se lamenta el prestigioso científico

Carlos López Otín, en su despacho del edificio de Bioquímica, en el campus del Cristo, en una imagen tomada recientemente.

Carlos López Otín, en su despacho del edificio de Bioquímica, en el campus del Cristo, en una imagen tomada recientemente. LUISMA MURIAS

Carlos López Otín (Sabiñánigo, Huesca, 1958), catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Oviedo y uno de los científicos más influyentes del país, es rotundo en su análisis sobre el coronavirus: "Es una lección brutal de humildad para la humanidad". Su opinión, dada desde el confinamiento que

El coronavirus, de una "simple gripe" a una pandemia global. "Soy científico, pero mi especialidad no es la epidemiología, aunque me formé en el estudio de los virus con maestros como Margarita Salas y Eladio Viñuela. Puedo entender lo que está pasando, aunque mi opinión no puede tomarse como la de un experto, sino como la de un científico que lo ve desde fuera (...). El coronavirus parecía de agresividad limitada y ha conmocionado al mundo entero en solo tres meses. Las primeras noticias hablaban de un nuevo coronavirus respiratorio en China. No le dimos mucha importancia, porque había habido casos semejantes y ninguno de ellos había representado un problema global. Y menos para España, donde no tuvimos ningún caso".

El cambio en las sensaciones con el avance del virus. "De pronto, algo pasó. Comenzamos a sufrir un cambio en las sensaciones relacionadas con el virus. Yo, por ejemplo, empecé a inquietarme, sobre todo socialmente. Estamos interconectados, viajamos continuamente, no tomamos ninguna precaución y nos sentimos invulnerables. Nos hablan de una cosa en China y pensamos que eso es algo muy lejano, de un sitio que comen murciélagos. Pero, poco a poco, el coronavirus fue llegando. De la indiferencia pasamos al pánico. También hicimos cosas intolerables, como agredir a personas por ser chinos o por tener catarro".

El origen. "Hay muchos comentarios sobre el origen. Analizando el genoma, todo parece indicar que es una evolución natural de otro. La enfermedad es más contagiosa de lo esperado, se disemina muy rápidamente y los portadores asintomáticos se notan más. Hay jóvenes que no muestran ningún efecto y se convierten en contagiadores masivos. Ellos tuvieron que concienciarse y ahora parece que lo hacen, sobre todo cuando les hablas de sus abuelos" .

E l colapso sanitario en los hospitales. "Respecto a la gripe, solo el 1% se hospitalizan. La mayoría de la gente la pasa en su casa. Una semana en la cama y varios días con antivirales. En el caso del coronavirus, hay casos en los que se debe ir al hospital para que te pongan un respirador. Por eso se saturan las urgencias. Las UCI, el personal de los hospitales, no da más de sí. Lo veo en mi hija, que está en primera línea. No se pueden suplir las carencias del sistema sanitario, pero si hablas con los profesionales nos damos cuenta de que el sistema es una joya de hojalata. Está sustentado con alfileres, se basa en el buenismo y la contribución de los profesionales. Muchos están cansados, quemados, y todos los sabemos".

Carencias sanitaria. "Nos falta baja tecnología: mascarillas, batas, guantes, respiradores... Es impresionante, porque no nos falta el último acelerador de partículas, sino lo de hace 50 años. En China, el virus se contuvo. Por eso digo lo de la lección de humildad maravillosa. ¿Y por qué la necesitamos? Porque el modelo social es insatisfactorio. Nos sentimos bien, ricos. La vida no era mejor antes y ahora tenemos más cosas, ¿por qué no las usamos mejor? El modelo social no está basado en la creación de riqueza intelectual ni tecnológica. El problema es la banalidad: es sencillo hacerse rico diciendo tonterías, no creando nada. Incluso, grandes y famosos multimillonarios no han creado ningún bien a la humanidad".

La balanza entre salud y economía y las decisiones difíciles. "Hay que hacer un balance entre la salud y la economía, en todos los aspectos. Nos guste o no. Cuando analizamos cómo es nuestro país, lo vemos de verdad: no somos potentes ni ricos. A todos nos gusta vivir aquí, viví años fuera y siempre quise volver. Pero no tenemos tantísimos recursos. En Alemania tienen cinco veces más camas de UCI que nosotros. El balance, al principio, se inclinó hacia la economía: vivimos del turismo. Y en este balance, economía o salud, no me gustaría decidir. Pero son decisiones humanas difíciles de tomar y creo que nos inclinamos hacia la economía. Como los expertos, decían que de los siete coronavirus seis no han causado alarma mundial, ¿por qué este sí? Somos vulnerables, esta es la realidad. Y en ese momento, ya no se puede sostener la economía (...). El virus nació, como otros, para extinguirse de manera natural, pero ha sabido encontrar nuestras vulnerabilidades, sobre todo las de una sociedad no preparada para enfrentarse a algo así".

De las crisis surgen oportunidades. "Nosotros, como seres vivos, surgimos de una crisis medioambiental y convertimos al agente tóxico en nuestra fuente de energía. Los optimistas pensamos que pasarán luego cosas nuevas, pero espero que no sea solo durante una semana. No podemos seguir abusando de esta sociedad tan hiperconectada, pero también tan virtual. Ahora nos hablamos por nuestras ventanas, nos miramos a nosotros mismos. Espero que ahora nos demos cuenta de que esto de hablar de la inmortalidad es un divertimento de ricos, desocupados y egoístas. Hay enfermedades de las que no se cura nadie, mucho peor que este virus. Este virus es una lección brutal de humildad para la humanidad".

El optimismo, en la gente normal. "Quizás, en la nueva era que surja, aprenderemos que nuestra principal vulnerabilidad no es un virus, es la ignorancia. No se trata de saber todo, es desconocer lo que nos hace mejores. Eso es lo que más me duele: no nos damos cuenta de eso. Hay que ser optimistas y lo noto en la gente, cuando voy a comprar el pan y hablo con la gente normal. ¿Por qué no podemos ser normales y centrarnos en lo esencial? Y no estar, como llevo yo dos o tres años, que no levanto cabeza sin comerlo ni beberlo".

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