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Crisis del coronavirus

"Hay que tener esperanza", dice la nieta del primer residente de Grado en recibir el alta

"Mi abuelo salió, los mayores también se curan", cuenta la familiar del hombre de 95 años que ayer, restablecido, abandonó el HUCA tras dos semanas de ingreso

Arcadio Rodríguez con su nieta Natalia, durante otra estancia hospitalaria.

"Los mayores también pueden salir de esto y si yo cuento nuestra experiencia es solo para que la gente tenga esperanza. Recé mucho, porque tengo mucha fe, para no perderlo, para poder volverlo a ver, porque pensé muchas veces en que estaría solo, en si podría volver a abrazarlo. Y salió, mi abuelo salió, gracias a Dios, salió". La que habla es Natalia Rodríguez, nieta de Arcadio Rodríguez, de 95 años, uno de los enfermos de coronavirus de la residencia de ancianos de Grado, que ayer recibió el alta en el HUCA. La alegría de la familia es indescriptible. También en el geriátrico moscón, donde fue trasladado desde el centro hospitalario y recibido con mucho cariño por el personal del centro.

Su nieta aún no ha podido hablar con él. Le trasladaron directamente en ambulancia. Llegó cansado, algo adormilado, y aún no ha sido el contacto telefónico. Recibió una llamada de la residencia para comunicarle que ya estaba acomodado y que se encontraba bien. "La amabilidad y el afecto de la gente de la residencia son muy grandes, como los del doctor que cada día me informaba desde el hospital. Eso no lo olvido", señala Natalia Rodríguez.

Arcadio Rodríguez fue trasladado al hospital el 18 de marzo. Se lo comunicaron a la joven desde el geriátrico de Grado y, posteriormente, iba siendo informada telefónicamente desde el hospital. "El primer día fue el peor, muchos pensaban que se iba, que no iba a salir de esta. También yo pensé alguna vez en que lo iba a perder, pero yo siempre tuve mucha fe. Y el abuelo es fuerte. Siempre fue un hombre fuerte. El doctor del hospital me llamaba, al principio que tenía también neumonía, que el oxígeno regular. Pero fue mejorando. Empezaron a decirme que estaba estable. Un día tras otro. Y yo pensaba, un día más. Un día más, abuelo. Íbamos adelante. Hasta que el médico comenzó a trasladarme que era optimista. Y fue mejorando. Mejorando también un día tras otro, hasta que ha recibido el alta", cuenta Natalia Rodríguez.

Su abuelo tiene familia en Grado, aunque vivió la mayor parte de su vida en Avilés. En ambos lugares tiene casa y desde la avilesina habló ayer su nieta, que llegó a España hace un par de años. Ella y sus hermanos, otros dos, son de Santo Domingo, adonde su padre emigró de muy joven. Actualmente es esta nieta la que está en Asturias, ya que la mayoría de su familia reside en el país caribeño, aunque vienen al Principado con cierta regularidad.

"En Santo Domingo también se rezó mucho, haciendo los rosarios. Y yo he hecho veinte mil promesas de que si salía lo iba a llevar a El Fresno", dice, emocionada, Natalia Rodríguez, refiriéndose a uno de los templos religiosos del pueblo de Grado del mismo nombre, al que cada mes de septiembre, a finales, peregrinan muchos fieles de los alrededores para cumplir aquello a que se comprometieron si la Virgen de El Fresno les concedía el favor por el que hubieran rogado.

Durante todos estos días tan angustiantes, esperando la evolución de su abuelo, se le agolpaban las imágenes de televisión, le inquietaban y causaban dolor todas las cifras de fallecidos y enfermos que las autoridades iban ofreciendo. "Veía lo de Madrid, lo que está pasando, y lo de aquí y lo de tantos sitios. Fue horrible, comprendía en primera persona los sentimientos de tanta gente que está pasando por esto. Había gente que me desesperanzaba, porque se habla de que los mayores lo tienen más complicado que nadie, pero mi abuelo salió. Y va a cumplir 96 años, que los hace enseguida. E insisto, salió y se puede tener esperanza", añade.

Relata la dureza de tener que esperar cada día a recibir la llamada desde el hospital, el único modo de saber cómo estaba. "A veces llamaba para ver si podían decirme algo más porque tantas veces pensé en que estaba solo, sin la familia, y en que podría irse así, sin que lo volviéramos a ver. Esa era mi preocupación".

No obstante, hay en ella un agradecimiento inmenso a todo el personal de la residencia de Grado y a todo el del HUCA, que "son una bendición". Porque, cuenta, "pese a la situación tan tremenda que tiene que haber en el hospital, hay un doctor que me llamó a diario, cada día, con una paciencia y un cariño infinitos, pese a todo lo que tienen encima".

Ella le llama "doctor Jerez", aunque no sabe a ciencia cierta si entendió bien su apellido, tan preocupada como estaba siempre al descolgar el teléfono para recibir información. Ojalá algún día, dice, haya oportunidad de darle un abrazo que exprese toda la gratitud de su familia.

Ahora aún tendrá que esperar para poder visitar a Arcadio Rodríguez en Grado. Llegó ayer y necesitaba descansar, aunque espera que sea posible tener contacto telefónico uno de estos días. Sabe, no obstante, que para volver a abrazar a su abuelo aún le queda tiempo. "Seguro que al menos un mes o más", señala, por las restricciones sanitarias existentes en el propio centro y para la ciudadanía en general. Lo entiende perfectamente. Ahora, concluye, solo quiere pensar en una cosa: "Que abuelo salió".

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