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Solo En Casa

El artista sotrondino Julio Rondo hace vida normal en Berlín

Alemania es el quinto país con más contagiados, pero tiene una baja mortalidad que combina con unas medidas restrictivas muy leves

Alma Rondo recibe clase individual por internet.

Alma Rondo recibe clase individual por internet.

Alemania es el quinto país del mundo con más personas contagiadas por coronavirus, más de 100.000, pero lleva poco más de 2.000 muertos y más de 36.000 recuperados. Nadie se lo explica del todo. Ha practicado un millón de test de COVID-19, lo que supone el 1,2% de su población. El 90% de estas pruebas ha resultado negativo.

El artista Julio Rondo (Sotrondio, San Martín del Rey Aurelio, 1952), cuya obra plástica tiene proyección internacional, llegó a los 9 años a Stuttgart (Alemania), donde desarrolló también una carrera docente. Ahora vive en Berlín con la artista Tina Berning y cuenta lo que ve y le pasa.

-Sufrí una consecuencia: el 20 de marzo inauguraba exposición en Stuttgart y fue cancelada unos días antes, con los cuadros colgados, los catálogos impresos y las invitaciones enviadas.

El confinamiento es liviano.

-Solo podemos salir a la calle cuando es necesario para ir al trabajo, al médico, hacer compras, sacar al perro, pasear o hacer deporte. Nuestra hija Alma, de 9 años, lleva tres semanas en casa -las escuelas están cerradas- pero muy bien atendida por el colegio. Le mandan las tareas del día siguiente por email y a las 9:00 de la mañana está ante su ordenador y hace una conferencia de clase con la profesora por Zoom junto a sus compañeros. Otros descargan las tareas en Youtube y envían el código a los estudiantes también por email. Hacen las clases individuales (piano, etcétera) por Facetime. Para Tina y para mí, como artistas, la vida no cambia mucho. Tenemos nuestros estudios a dos patios de la vivienda y en ellos hacemos nuestro día.

La construcción sigue y las universidades aún estaban de vacaciones de invierno, pero se unirán a la teleenseñanza. Están abiertos supermercados, panaderías, droguerías, farmacias, floristerías, librerías, tiendas de materiales de construcción? Hay atascos de tráfico. La condición es mantener la distancia personal de metro y medio y que no haya grupos de más de dos personas.

-Donde es posible, ponen un mostrador en la puerta y la gente hace cola fuera. Así abre la heladería de al lado y los "Spätkauf" o "Späty", un folclorismo berlinés, tiendas diminutas de horario informal que tienen fruta, pilas, hierbas, tabaco, licores, vinos, tiritas, leche? de todo

Han cerrado los hoteles, gimnasios, museos, cines, clubes, cafeterías y restaurantes, aunque algunos sirven a casa o venden a la puerta. Nada de socializar? No hay miedo ni crispación en Alemania.

-La televisión y la radio estatales son relativamente neutrales y poco alarmistas. Las emisoras privadas siguen a lo suyo: cuanto más espectáculo, más se vende. Según las últimas encuestas, la señora Merkel sale bastante favorecida para la opinión pública, que contempla las medidas con benevolencia. La población está relativamente tranquila sabiendo que tiene una científica en la cabeza del Estado y viendo a los partidos políticos trabajando juntos para llegar a una buena solución.

No todo es rosa.

-Hay críticas por las faltas en material médico y en personal. Los médicos están subestimados también salarialmente desde hace muchos años. Una solución será una paga extra, entre 500 y 1.500 euros, y negociaciones salariales pronto. Pero se corrigieron rápido los errores y la gestión comunicativa ágil tiene tranquila a la mayoría de la población, aliviada por la comparación de situaciones como las de Italia, España y EE UU.

Rondo sugiere explicaciones a la excepción alemana de alta actividad, alto contagio, baja mortalidad.

-Lo más importante, el sistema de la asistencia médica, con 40.000 camas de cuidados intensivos y fondos como para hacer unos 350.000 test por semana, gratuitos. El seguimiento se hizo desde los primeros brotes. El otro aspecto es social: las generaciones alemanas no viven tan juntas como las españolas. Muy pocos treintañeros están con sus padres. La tercera edad vive bastante desacoplada de la segunda y la vida social se hace en las viviendas, no en restaurantes, bares, merenderos, plazas o paseos.

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