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LA NUEVA ESPAÑA, en el núcleo más decisivo de la pandemia de COVID-19

La trinchera intensiva del HUCA en la guerra frente al coronavirus

La UCI del hospital ovetense ha atendido a más de 80 infectados críticos, y todos están vivos salvo ocho l "Lo peor ha pasado, estamos más tranquilos, pero ni nosotros ni la sociedad podemos bajar la guardia", subrayan los sanitarios

La trinchera intensiva del HUCA en la guerra frente al coronavirus

El parking del HUCA está semivacío. Cosa muy rara. El atrio, zona de paso de cientos de personas cada día, también. Y por los pasillos del área de cuidados intensivos (UCI), siempre ordenados y asépticos, están apiladas muchas cajas con botellas de agua mineral, barritas energéticas, chocolatinas, tartas, yogures... Son el acompañamiento material de los aplausos de las ocho de cada tarde.

-Nos mandan de todo- explican, emocionados, los profesionales que trabajan en la zona de enfermos críticos del centro sanitario ovetense.

También hay por los pasillos del Hospital Universitario Central de Asturias cajas de mascarillas, guantes, gorros, batas de protección... Son donaciones, suministros para la guerra que han enviado empresas, supermercados, restaurantes... Es la logística para el personal sanitario, para que se mantenga en pie. Son los víveres para que no decaiga lo que viene a ser la trinchera principal -junto a las plantas en las que se concentran los enfermos menos graves o no susceptibles de un respirador artificial- en la batalla contra el COVID-19, contra la primera gran pandemia que sufre el planeta desde 1918.

-Hace 40 días que no sabemos lo que es un descanso, ni un festivo, ni un puente. Todos los médicos trabajamos un día, descansamos dos y cada mes hacemos cinco o seis guardias de 24 horas- subraya Dolores Escudero, jefa de la UCI polivalente del HUCA.

LA NUEVA ESPAÑA pudo acceder ayer a uno de los principales núcleos del frente bélico: el área de cuidados críticos del hospital ovetense, donde han sido atendidos más de 80 de los 105 enfermos de COVID-19 que en Asturias han requerido de vigilancia intensiva. Y lo primero que se encontró fue un HUCA desconocido, con vestigios evidentes de ser un campo de batalla, pese a tener las tasas de ocupación más bajas de su historia. Es la insólita faz que el centro sanitario de La Cadellada ha ido adquiriendo en las seis últimas semanas.

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Así trabajan en la UCI del HUCA con enfermos de coronavirus

Cuando las cosas se ponen tensas, emergen en ocasiones figuras que toda la vida han sido considerados un tanto secundarias y que, de golpe, adquieren una importancia primordial. Es el caso de Esperanza Montes, limpiadora del Hospital Central desde 1997, actualmente destinada en la UCI:

-Con la pandemia, el trabajo nuestro cambió mucho. Ahora vas estresada, más nerviosa. A veces me siento paralizada, pero el trabajo es el mismo. Eso sí, más exhaustivo, porque hay que matar al bicho. Siempre me he sentido arropada en la UCI. Nos facilitan los equipos de protección y nos dicen que tengamos todo el cuidado posible.

Por el pasillo aparece también la enfermera Ana Cueva, que lleva a sus compañeros platos de macarrones provenientes de una donación.

-Nos mandan macarrones para el mediodía y pizzas para la cena.

Llegamos a una de las salas, compuestas de diez boxes. A quienes estos días ven por la calle a numerosos viandantes con guantes y mascarilla, puede sorprenderles que el personal de la UCI se mueva por los pasillos sin elemento alguno de protección mientras haya distancia con el paciente. En el interior de las salas de enfermos utilizan mascarillas si sobrepasan la cinta amarilla pegada en el suelo; y se ponen equipos integrales si se introducen en los boxes.

-Esta situación es más estresante para nosotras porque el paciente tipo suele estar más delicado que un enfermo respiratorio normal. Además, está solo, no tiene a la familia para acompañarlo, y eso es una carga para los profesionales. Los primeros días había incertidumbre, pero te vas haciendo. Pensé que iba a ser peor, pero llegas a acostumbrarte, aunque cada día es una sorpresa- relata la enfermera Arantxa Alonso.

Cuando este periódico accede a una de las salas de la UCI, tres enfermeras y auxiliares se ponen las pantallas faciales para protegerse los ojos, porque la conjuntiva es un buen vehículo para conducir el virus hacia el interior del organismo.

-Entramos lo mínimo en los boxes y, cuando lo hacemos, intentamos resolverlo todo antes de salir: lavado de boca, aseo... Con el paso de los días te vas acostumbrando a hacerlo todo de manera mas rápida. Para el caos que hubo al principio, se esta llevando bastante bien- indica la auxiliar de cuidados Carmen García.

En la UCI polivalente trabajan 32 médicos -22 adjuntos y 10 residentes-, 70 enfermeras, 35 auxiliares... hasta 150 profesionales.

-En seis semanas no hemos tenido ningún médico infectado; enfermeras sí, porque están más expuestas- destaca la doctora Escudero.

Todo ha requerido su estrategia:

-Ante el riesgo de contagio, decidimos compartimentar la plantilla y hacer tres equipos. Para no caer contagiados todos a la vez.

En algunos de los boxes, el arsenal tecnológico que rodea al paciente resulta apabullante. Sumemos: monitor de constantes vitales, bombas de perfusión de sueros y medicación, respirador artificial, hemofiltro para sustituir la función renal.

Así trabajan en la UCI del HUCA: Seis semanas de locura frente al coronavirus

Así trabajan en la UCI del HUCA: Seis semanas de locura frente al coronavirus

-Ahora sabemos que el virus afecta no solo al pulmón, sino también al corazón, al riñón y al hígado. Esa acumulación de daño hace que las estancias sean largas: dos, tres, cuatro semanas. Pero hemos sacado pacientes con seis y diez días- precisa la doctora Escudero.

Siempre conviene hacer un poco de historia: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La guerra estalló hace seis semanas y un día. El pasado sábado 29 de febrero (fecha bien fácil de recordar, por inusual) ingresaba en la UCI del HUCA un conocido escritor chileno afincado desde hace años en Gijón. Días antes había participado en un encuentro literario en Portugal. Los análisis determinaron que estaba infectado por el patógeno surgido en China a finales del año pasado y que desde principios de este año causaba estragos en el gigante asiático, desde donde se propagaba en todas las direcciones. Ese primer diagnosticado en Asturias, de 70 años, continúa ingresado en la UCI, donde se debate entre la vida y la muerte.

Afortunadamente, el óbito no es el desenlace más habitual, ni mucho menos. Desde el último día de febrero, en las dos áreas de cuidados intensivos del HUCA -la polivalente y la de enfermos cardiacos, ahora dedicada al COVID- han sido atendidos más de 80 infectados. A día de hoy, todos pueden contarlo, salvo ocho: una cifra muy baja en medio de una guerra sin cuartel frente a un enemigo desconocido que ha sembrado el pánico en todo el mundo.

La experiencia en China y en Italia indicaba que en la lucha frente al COVID-19 sería decisivo contar con suficientes instalaciones para enfermos críticos.

-Teníamos una de las UCI más grandes de España, con 62 puestos. Pero abrimos otro box que usábamos para técnicas, con lo que teníamos 63: 43 en la UCI polivalente y 20 en la UCI cardiaca- detalla Dolores Escudero.

Hubo unos días de enorme tensión, con la capacidad máxima a punto de colmarse. Por eso se decidió habilitar una nueva UCI de 25 camas en una zona de vestuarios del área de docencia. Sucedió hace poco más de dos semanas.

-Veíamos que el incremento diario de la ocupación podía llegar a desbordar la capacidad que teníamos. Había un flujo de entradas intenso y no había salidas, porque los pacientes tardaban en mejorar- rememora la doctora Escudero.

Hasta ese momento, solo había salido viva de la UCI una señora que ni siquiera había necesitado respiración asistida. Ocurrió el lunes 23 de marzo. Los días siguientes se vivieron con angustia. Hasta el domingo 29 no salió el segundo paciente. El lunes 30 hubo tres altas, y todo el mundo empezó a respirar. El martes 31, dos altas. Y el 5 de abril, el domingo pasado, cinco altas. Y el lunes varias más. Ayer, en la UCI polivalente había 12 camas libres, y algunas más en la UCI cardiaca. Si todo va según lo previsto, la zona de críticos improvisada en un vestuario no llegará a estrenarse.

Los nubarrones más negros del COVID-19 parecen haber pasado. Sin embargo, estos profesionales que trabajan sin descanso para hacer frente al mayor desafío de sus carreras profesionales sitúan las cosas en el territorio de la cautela:

-Estamos más tranquilos, lo peor ha pasado, pero ni nosotros ni la sociedad podemos bajar la guardia.

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