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Una Princesa de "casi 15 años" que habla con su generación y apela a su "sentido de la responsabilidad"

En un discurso más institucional que el de su estreno, la heredera recuerda a las víctimas y afirma que "cuando intentamos ser responsables y solidarios nos aseguramos un futuro mejor"

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Ha pasado un año que parecen unos cuantos y "todo ha cambiado mucho". Los segundos premios con Princesa de Asturias reformaron a la fuerza y por completo los primeros, dando otra escenografía a la ceremonia, y al discurso de Leonor de Borbón y Ortiz otro tono y más pausa, un

La primogénita de los Reyes, que en la emocionada alocución de su estreno en el teatro Campoamor remarcaba hace un año su condición de "heredera de la Corona", se presentó sin embargo ayer en el salón Covadonga del hotel de la Reconquista con un "tengo casi quince años", envoltorio para un mensaje de conexión generacional con el que trató de aproximarse a los jóvenes para apelar a su "sentido de la responsabilidad" en el cuidado mutuo que exige la pandemia. La Princesa casi quinceañera quiere hacer ver que ha madurado el discurso y buscar puntos de encuentro en tiempos de distancia. Sigue "muy de cerca, como muchos niños y jóvenes de mi edad, lo que sucede en nuestro país" y "si hay algo que mi hermana Sofía y yo hemos aprendido es el sentido de la responsabilidad. Nuestros padres nos lo han enseñado siempre. Y creo que los jóvenes de mi generación también son conscientes de ello", resaltó.

Una adolescente de "casi quince años" que seguramente ha madurado mucho en un año incierto, leyó con más solemnidad que el año pasado un mensaje diferente, que evolucionó desde el canto a la ligazón histórica entre la Corona y Asturias que empapó su debut en 2019 hasta esta seria llamada a la "responsabilidad" y la "solidaridad" de sus coetáneos reprendidos por la pandemia. Dejando para los sobreentendidos las reprobaciones que en estos últimos meses han ido a caer sobre el comportamiento de alguna juventud en la prevención de los contagios, Leonor les aconsejó sobre la conveniencia de "un sentido de la responsabilidad que pasa por no olvidarnos nunca de las personas que nos rodean, que nos quieren y a quienes queremos", y aquí envió una estudiada mirada cómplice hacia al palco desde donde miraba su abuela paterna, la reina emérita Sofía.

DISCURSO PRINCESA

Lee el discurso íntegro

Leonor de Borbón

Princesa de Asturias

El guiño a la empatía con los adolescentes de su edad -aquí la media sonrisa fue para su hermana- le hizo decir que "después de haber estado meses sin ir al colegio, la vuelta a clase nos demostró que tenemos que adaptarnos a estas nuevas circunstancias, siempre con la esperanza de que todo mejore". La madurez acelerada que llevaba en el discurso y en el atuendo -traje color vainilla con cuerpo bordado en pedrería y falda recta, otra vez con zapatos de tacón- le condujo a anunciar que "también hemos comprobado la importancia de la solidaridad gracias a personas que, como las premiadas, son un ejemplo de cómo enfrentarse a las dificultades. Con vuestro extraordinario trabajo y talento nos marcáis el camino".

En el año más difícil de los cuarenta de premios, entre "tanta pérdida, incertidumbre y pesar" como resaltó en su discurso su padre, a la Princesa le tocó intervenir en el punto en el que la ceremonia había sacado las lágrimas a los sanitarios premiados con el galardón de la Concordia, justo después del sentido discurso de agradecimiento del jefe de la UCI del hospital Gregorio Marañón de Madrid, José Eugenio Guerrero. Pronunció con fluidez y algún leve titubeo casi las mismas palabras que el año pasado, 416 entonces, 388 ayer en tres minutos casi exactos, pero sonaron muy distintas. Más serenas, más seguras, más serias, protegiendo cada vez mejor un fondo perceptible de timidez.

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"La pandemia que vivimos en España y en el resto del mundo ha alterado nuestra vida en muchos sentidos", dijo para prologar su "recuerdo más respetuoso para las personas que han fallecido a causa del covid-19, para sus familias y para quienes padecen ahora la enfermedad". "Cuando en momentos como éstos intentamos ser responsables y solidarios", remató en su apelación final a la confianza, "nos aseguramos un futuro mejor. Por eso nuestros premios nos transmiten esperanza, porque son un reconocimiento para quienes, con su dedicación, trabajan sin descanso para lograr entre todos el progreso y el bienestar de toda la sociedad".

No había público que la interrumpiera esta vez con aplausos, y la pandemia desactiva la liturgia de besos y abrazos que al acabar de hablar le prodigaron el año pasado su padre, su madre y su hermana. También da serenidad la experiencia de haber pronunciado desde la ceremonia de 2019 otros dos discursos en actos institucionales -en la entrega del premio al Pueblo Ejemplar en Asiegu (Cabrales) y poco después en la gala de los premios "Princesa de Girona"-. El caso es que la normalización institucional de su presencia en sus galardones se ilustra con los gestos muy leves, una simple pequeña confidencia al oído y un apretón de mano, con los que Rey la recibió cuando al acabar de hablar dejó el atril y volvió a su silla a la derecha del padre. La prueba de fuego de la primera exposición pública había pasado hace un año, y ya ni hacían falta ni procedían los alardes del saludo en inglés a los premiados ni las presentaciones con reconocimiento a la continuidad histórica de la monarquía.

Leonor tuvo, eso sí, un sentido recuerdo inicial para "ese 16 de octubre de 2019" que "no voy a olvidar, por su significado y por todo el cariño que recibí", y un momento para renovar su compromiso con la Fundación, con los premios y los premiados, y con Asturias. "También hoy es emocionante para mí estar aquí de nuevo", proclamó. "Es el cuarenta aniversario de la Fundación y mi compromiso con ella, con los premiados y con Asturias crece firme y sólido".

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Hasta en las peores circunstancias que han cocinado esta ceremonia disminuida por la pandemia hay sin embargo un camino por donde dar continuidad a los símbolos de la ligazón entre los premios, Asturias y la cadena dinástica de la monarquía española. El escenario ayer no pudo ser el Teatro Campoamor, donde padre e hija pronunciaron su primer discurso público con 38 años de diferencia, pero las piedras del salón Covadonga del hotel de la Reconquista también tienen memoria: Felipe VI pudo contarle a Leonor que en esta misma antigua capilla, hizo cuarenta años el pasado 24 de septiembre, él aceptó a los doce años la presidencia de honor de la Fundación que hoy ostenta ella con sus "casi quince".

Los oscuros designios de una pandemia mundial trasladaron hasta allí una insólita ceremonia sin público y con pocos premiados, con la escenografía modificada y la liturgia recompuesta y recortada. El "volveremos" -al teatro Campoamor- que después pronunciaría su padre como un deseo de normalidad había venido precedido, en el turno de palabra de la heredera, de un lamento esperanzado porque "nuestra entrega de premios no puede celebrarse como siempre, como lo viví yo misma y como tantas veces me la han contado mis padres". Dejó un reconocimiento al "esfuerzo de todos los que han hecho posible que hoy estemos aquí" en circunstancias tan adversas y, "por supuesto, mi admiración y respeto para los premiados, a quienes hoy honramos. Tenemos mucho que aprender de vosotros".

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