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Paco Arango | Cineasta y presidente de la Fundación Aladina, que cumple 15 años

“Abrir el primer auto-covid pediátrico de España en Asturias me hizo mucha ilusión”

“Este país debe ser generoso y no olvidar a sus mayores, y Dios quiera que esto nos haga mejores personas, no robots fríos y calculadores”

Paco Arango.

Paco Arango.

De Oviedo a Colombia. Sin tregua. De inaugurar un auto-covid pediátrico en el HUCA a rodar un documental en la frontera con Venezuela. Paco Arango llega a final de año con el frenesí creativo y benéfico de siempre. Un año que arrancó muy mal con la muerte en febrero de

–¿El auto-covid le emocionó?

–Fue muy bonito. Estamos haciendo algo muy importante, incluso redecorando toda la zona pedriática, aunque lamentablemente por el covid no hemos podido terminarlo del todo, pero está ya en un ochenta por ciento. Y lo del auto-covid ha sido sensacional, primero porque es el primero de España y me hace mucha ilusión. Es algo que hay que reproducir en muchos hospitales, y segundo porque es una forma de que el niño sin salir del coche reciba un tratamiento al lado de sus familiares, que siempre es más agradable que estar en un hospital. Son 140 pruebas diarias. Estoy muy contento.

–¿Cómo ve el panorama sanitario?

–Aún nos quedan seis meses duros pero me gusta pensar que cada vez queda menos.

“Aún nos quedan seis meses duros, pero me gusta pensar que cada vez queda menos”

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–¿Alguna película entre planos?

–Tengo un largometraje muy importante con el guionista Ron Bass, que tiene un “Oscar” por “Rain Man”. Una película ambiciosa, en inglés. Yo no tenía la credibilidad suficiente de afrontar un asalto así, y la necesitas no solo para conseguir el dinero sino para contar con los actores que quieres. Tuve la gran suerte de que mi segunda película, “Lo que de verdad importa”, fue el verano pasado número 1 en Netflix en Estados Unidos. Eso me dio “licencia para matar”, que diría James Bond. Y estoy intentando armar la producción. No es fácil. Mi película triunfó, te vas a reír, porque allí se tituló “El curandero”. Tú estás en mitad del covid, te llega una película amable con ese título y dices: creo que la voy a ver. Y ayudó mucho tener a Jonathan Pryce, nominado al “Oscar”. Fue magia. Tuvo mucho éxito en las salas de 16 países pero en EE.UU no hizo nada. Qué lástima, pensé, porque la película estaba inspirada en Paul Newman, y está dedicada a él. Me llamaron de Netflix para comprarla y tres años después… Un milagro.

–Le gustan los milagros.

–Los he visto. Me preguntan si lo mío es fe y siempre digo que lo mío no es fe, es vivencias. He visto cosas tremendas, muy duras, he perdido a mucho ángel, y he visto cosas que permiten darse cuenta de que esta vida no termina aquí, que esos niños siguen vivos después, y aunque no voy a convencer a mucha gente yo lo sé y me ayuda a seguir.

–¿La película será benéfica?

–Eso no cambia. Es una fábula, una señora que tiene una casita en Nueva York con diez personajes de inquilinos pagando diez euros al mes, gente que no ha tenido suerte en la vida. Su casa está entre los rascacielos y todos quieren que la venda para derruirla. Y ella no solo no vende sino que trata a esa gente como su familia. Pasa algo con un banco y esas diez personas adquieren el control de un once por ciento de esa entidad. Es una fábula que habla de lo que está pasando, de la integración en Estados Unidos. Comedia y drama. Lo que allí se conoce como “dramedy”. Totalmente Frank Capra. Tan es así que en el “teaser” que muestro para vender el proyecto pongo una escena de Capra.

–¿Cómo ve las elecciones allí?

–Mucha confusión. Parece que Biden va a ganar pero a saber. El mayor peligro es que uno de los dos candidatos diga que no vale ese voto si pierde, y se puede liar una parda. Nos espera un “House of cards” de verdad. Yo votaría por Biden, es lo que más conviene por muchos motivos. Es un país tan raro… Es increíble que con una población tan grande las elecciones se decidan por pocos votos. Es un país partido a la mitad. Tras el último debate hablaban con los votantes indecisos, y uno de ellos decía: mira, ahora que ha salido la republicana en la Corte Suprema, ya no me tengo que preocupar de los abortos porque ella va a defender mis ideas, así que votaré a Biden.

–Aladina cumple 15 años.

–Empecé en el año 2001 a trabajar con niños con cáncer. Un voluntariado de una vez a la semana. Y a los cuatro meses ya era una actividad diaria. A los cuatro años me di cuenta de que lo que yo estaba haciendo me tenía que sobrevivir, que era más importante que yo y que debía plasmarse en una fundación. Hablé con un amigo húngaro que tiene uno de los campamentos que fundó Paul Newman, con una mente muy matemática, me aconsejó que la fundación debe hacer el bien, pero es una especie de caballo que debe estar galopando, bien alimentado.

“En verano mi película ‘Lo que de verdad importa’ fue número 1 en Netflix de EE.UU”

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–¿Cuándo le llegó la idea?

–Había una fundación en la que estaba de voluntario, hacían cosas que estaban bien y otras que no me gustaban. Me mandaron a una psicóloga y me preguntó: ¿tú estás enganchado? Vaya pregunta, ¿no? Enganchado a ayudar a niños. Y se me removió la sangre, acabé esa conversación como mejor pude y saliendo por la puerta decidí que crearía una fundación porque sino me iba a volver loco. Le estoy muy agradecido a esa señora que me acusó de estar enganchado a niños con cáncer, ¡tenía toda la razón! Ella lo decía como que se me había ido la chota un poco, y la verdad es que se me ha ido mucho la chota porque para hacer eso se te tiene que ir mucho, y más.

–La chota llena de proyectos.

–Lo bonito es que hay tanto que hacer, es como si te digo: te mando a un restaurante con un menú enorme y puedes pedir lo que quieras. Uno de los proyectos que tengo como sueño es la casa Aladina, es una primicia que te doy, quiero que sean unas oficinas con terreno para tener perros, hacer terapias con niños, la sección de paliativos…

Con el covid llega el debate: economía o salud.

–España tiene que seguir. Debe ser una mezcla de ambas cosas. Hay demasiada gente brillante como para no encontrar no solo una vacuna sino los test rápidos de saliva, que hay ya, pero hay que perfeccionarlo. Tú vas a una cena y te haces un test de saliva. Ya sabes que puedes cenar con gente. Ahora nos están atacando y no tenemos rifles, es una gran tragedia. Estoy a favor de que este país siga p´alante, que sea generoso, que no olvidemos a nuestros mayores y que les demos prioridad, y Dios quiera que esto nos haga mejores personas y no robots frios y calculadores.

–¿Qué postura hubiera apoyado su padre?

–Lo único bueno de que mi padre se fuera en febrero es que no vio esto. Tengo la suerte de que su hermano Manolo sigue con nosotros con buena salud, hablo con el y parece que hable con mi padre: responsabilidad social, generosidad, e intentar ayudar a la gente. Me están brindando una oportunidad para hace mucho bien.

–Los partidos, a lo suyo...

–Una lastima, pero eso es la democracia, el menos malo de todos los sistemas. En el fondo miran las elecciones, hay muchos intereses.

–Ahora está en Colombia...

–Rodando un documental en la frontera con Venezuela. Miles de personas huyen sin rumbo, y yo filmo gente extraordinaria en mitad de esa tragedias. Siempre hay héroes. Y también estoy dando de comer a 30.000 personas al mes a través de varias fundaciones, se ha convertido en un documental con doble propósito.

–¿Las salas de cine peligran?

–El miedo es que pase como con los cd de la música, hay un trastoque brutal, todo el mundo haciendo cine para plataformas, grandes compañías quebrando... Una penita. Yo era antiplataforma y ahora me estoy acercando, no me queda otra.

–¿Sigue buscando casa en Asturias?

–Estoy cerca, la próxima semana iré a ver una. No busco una mansión, sino algo bonito que me enamore. Pero pondré bandera en Asturias sí o sí.

–¿Para clavarla junto a otra de esperanza?

–Mira, hay una niña cuyo su lema es “siempre fuerte, María”, lleva tres años y medio ganando batalla tras batalla. Lamentablemente se nos va a ir, pero gente como ella nos enseña que lo importante es luchar y el amor. Estos niños son profesores del amor.

–Y los adultos, malos alumnos…

–Venimos con un software muy malo y los niños vienen con uno impecable y nos enseñan muchas veces a sacar una sonrisa en mitad de un problema serio. Tenemos mucho, mucho que aprender de ellos.

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