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Otín: "Solo soy una persona que trata de sobrevivir y de expresar lo que sabe, por si sirve a alguien"

En breve publicará un artículo en una revista científica del máximo impacto

Carlos López Otín, en su despacho del campus del Cristo de la Universidad de Oviedo. | Luisma Murias

Carlos López Otín, en su despacho del campus del Cristo de la Universidad de Oviedo. | Luisma Murias

–¿Cuáles son las preocupaciones actuales de Carlos López Otín?

–Atender a mis estudiantes; dar mis clases cada día, tres o cuatro; y pensar experimentos para rescatar las tesis doctorales de mis discípulos. Puedo decir que ninguno ha visto perjudicado su rendimiento personal.

El científico más destacado de Asturias, autor de investigaciones de vanguardia acerca sobre el genoma humano, el cáncer y el envejecimiento, ha recobrado la calma vital que tanto ansiaba después de dos años largos de turbulencias originadas por lo que siempre ha considerado una campaña de acoso y descrédito profesional y personal. Esta dura tribulación llegó a originarle un severo trastorno psiquiátrico del que continúa recuperándose. “Lo más duro es asumir la total impunidad en la que se han instalado los responsables”, proclama. Y añade: “El daño científico es irreparable”.

Catedrático de Biología Molecular, Otín (Sabiñánigo, Huesca, 1958) acude todos los días a su laboratorio situado en el campus del Cristo de la Universidad de Oviedo. “Incluso ahora que las clases son telemáticas”, puntualiza.

Una de las razones de su fractura mental está prácticamente superada. En 2018, una sorprendente infección vírica obligó a Otín y sus colaboradores a sacrificar 5.000 ratones modificados genéticamente durante más de 20 años que constituían el sustrato imprescindible de sus investigaciones:

–Nos hemos gastado nuestros últimos recursos en rescatar todas las cepas que estaban congeladas. A día de hoy, la inmensa mayoría de las cepas de ratones se han recuperado. Nosotros intentábamos ir cinco años por delante, y hemos tenido que empezar de nuevo. Esto es muy difícil en nuestro ámbito. Se dice que en biología molecular todo lo que tiene más de dos semanas es historia antigua.

Otín está volcado en su faceta docente: “Doy todas mis clases. He podido seguir con mi máxima de 34 años y no he faltado ni a una sola clase, ni en tiempos de pandemia”, asevera. El catedrático oscense ha escrito un artículo científico que ya está aceptado por una revista del máximo impacto y que verá la luz en las próximas semanas: “Lo único que me pidieron los revisores fue que redujera su extensión a la mitad, y les respondí que no era posible”.

En paralelo, Otín se confiesa “alejado del mundo completamente”. También de asuntos mundanos que le pillan más cerca: por ejemplo, las elecciones al Rectorado de la Universidad, programadas para el mes que viene.

Pero la pasividad no es lo suyo. “Sigo durmiendo cuatro horas”, enfatiza. Y añade que continúa instalado “en la disciplina y la austeridad máximas”. Sin embargo, el trallazo psíquico ha modificado sus prioridades: “Antes, las dos primeras horas de cada día, de cinco a siete de la mañana, las dedicaba a la lectura de artículos científicos. Ahora, con dos horas a la semana me basta para leer aquello que me interesa. Hay cosas que ya no me parecen nada interesantes porque no me causan ninguna emoción intelectual”. De la enorme mesa de su despacho, antaño atestada de copias de artículos, “todos los días tiro uno o dos palmos de carpetas”.

Otín acaba de publicar el segundo libro de una trilogía. Titulado “El sueño del tiempo” (Paidós), consiste en una serie de reflexiones sobre el envejecimiento y la longevidad, asuntos capitales sobre los que ha realizado contribuciones científicas de repercusión mundial. En la primavera del año pasado publicó “La vida en cuatro letras”, con el que obtuvo un éxito resonante. La tercera entrega ya está escrita hace tiempo.

“Me ha llevado muy poco tiempo redactarlos porque son libros que escribí en la imaginación. Representan mi legado intelectual respecto a mi impresión de qué son la sociedad y la especie humana”, explica. Y agrega: “Es una trilogía sobre la vulnerabilidad después de verme sometido a la mayor vulnerabilidad que conozco, que es la emocional. Nunca pude imaginar que sentiría tan de cerca la perversión humana. Una vez que la he conocido y he sido consciente de que todo esto navega en la barca de la impunidad, los he escrito”.

Tampoco en la faceta de escritor es convencional. El primer libro lo tecleó “en 28 días y 28 noches de junio de 2018”.

El que acaba de ver la luz versa “sobre la vulnerabilidad que más suele preocupar a la especie humana, pero que a mí es la que menos me preocupa porque conozco sus fundamentos: es el paso del tiempo, el envejecimiento”. ¿Cómo se gestó? “Lo escribí durante mi estancia en París, en los ratos que me dejaba el laboratorio. Fueron unos tres meses, durante las tardes y las noches, a finales de 2018”.

Su “exilio” en busca de ganas de vivir le llevó al laboratorio de la Universidad de La Sorbona que dirige su colega y amigo Guido Kroemer, quien figura como coautor del libro. En realidad, las casi 320 páginas de “El sueño del tiempo” han sido escritas por las manos de Otín, pero recogiendo “pensamientos e ideas que Guido y yo hemos compartido”. ¿Filosofía de fondo? “No proporcionamos recetas de la inmortalidad ni de la eterna juventud, sino que cuestionamos a quienes las proponen, porque lo hacen sin base científica”.

Y el tercer libro, aún inédito, aborda la enfermedad humana. “Lo escribí en Mallorca en dos meses, en el otoño de 2019. Durante mi primera baja médica, que coincidió con un periodo sin clases”.

Carlos López Otín ha rechazado varias invitaciones a congresos de escritores. “Escritor no lo soy y no lo seré. Escritor es una palabra maravillosa y grandiosa. El que escribe un libro no por ello es un escritor. Juan Rulfo apenas escribió ‘Pedro Páramo’ y se convirtió en escritor. Otros han escrito mil libros y nunca han sido escritores. Solo soy una persona que trata de sobrevivir y de expresar lo que sabe, por si sirve a alguien”.

El autor de “El sueño del tiempo” estima que habrá concedido unas 40 entrevistas sobre su flamante obra.

–¿Suele prestar atención a lo que después se publica?

–Cero total.

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