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El virus también afecta a los caballos

Los dueños de clubes ecuestres no entienden que el Principado prohíba practicar la hípica, un deporte individual y al aire libre, y alertan de riesgos para la salud de los equinos

De izquierda a derecha, Omar Fanjul, Inmaculada Suárez, Carlos Muñiz y Pablo Gil.

De izquierda a derecha, Omar Fanjul, Inmaculada Suárez, Carlos Muñiz y Pablo Gil.

Dos caballos blancos trotan en círculos por una pista embarrada. Y, en un alto del centro ecuestre de La Belga, cuatro personas los observan de brazos cruzados. Hablan de lo que habla todo el mundo: del virus que, tras recorrer el mundo, galopa por Asturias. También de la legislación que trae con él, que le va a la zaga como el pequeño pony que da vueltas en un recinto contiguo. Inmaculada Suárez, vocal de la Federación Hípica, explica la situación: “Los propietarios de caballos pueden atenderlos por la ley de Bienestar Animal, pero los clubes no pueden dar clases”. El cierre de actividades no esenciales, al considerarlos como deporte y no como centro formativo, les ha atado de pies y manos. Pero con un problema añadido. El parón de las clases de hípica provoca que muchos caballos dejen de moverse y, para ellos, eso puede significar la muerte.

Omar Fanjul, junto a dos jóvenes con sus caballos, en el centro ecuestre de La Belga (Siero).

“El caballo está hecho para moverse, y el no hacerlo puede provocarle un cólico”, lamenta Carlos Muñiz, que regenta el Club Equitación Meres. El joven, que cuenta con unos 20 animales en su centro, explica que esta afección, muy común en los equinos cuando no hacen suficiente ejercicio, tiene que ver con su sistema digestivo y puede resultar letal. El caballo tiene que comer poco, muchas veces, y moverse de manera continua. Algo que, con el cierre, es difícil de mantener para los dueños de los clubes.

Igual que el resto de afectados por el cese de su actividad, los centros de equitación sufren los efectos económicos de la pandemia. Sin apenas ingresos, solo registran unos gastos que se incrementan al dejar de trabajar, porque son ellos los que tienen que atender las necesidades de los animales. Durante el confinamiento lo tuvieron más fácil, era primavera y podían dejar a los caballos sueltos. Ahora, entrado noviembre, es “inviable”.

Omar Fanjul, dueño de La Belga, donde se han reunido los representantes de la hípica asturiana, lamenta que el BOPA les haya obligado a frenar su actividad. Le da vueltas, pero no llega a comprender cuál es el criterio sanitario que guía la prohibición de practicar un deporte claramente individual y que se practica al aire libre. “Por ejemplo, las disciplinas artísticas sí que pueden impartir clases”, relata Fanjul. Denuncia a la que se suma Pablo Gil, del Club Ecuestre Arabian. Los cuatro hablan de olvido, de injusticia, falta de previsión y de una situación que mejoraría si “escucharan” sus demandas. Pero no pierden la esperanza en que el criterio cambie, en que la futura legislación pueda saltar los máximos obstáculos posibles de una pista claramente embarrada.

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