Lo que es Venezuela o no, parece que cuesta saberlo al otro lado del charco. Puntos de vista contradictorios en función del color ideológico acaban por sumir en una neblina la opción de certezas. En “La Fortaleza”, Jorge Thielen Armand parece ir por ahí. Coge esa agua que separa la vivencia de la suposición y la convierte en el hilo conductor de las experiencias de Roque (Jorge Thielen Hedderich) escapando del alcoholismo a través de la selva amazónica.

Lo hace en cuatro partes diferenciadas. Una especie de “Hacia Rutas Salvajes” inicial, en la que el protagonista, ya cincuentón, huye de Caracas después de que sus padres le echen de casa por su afición al empinamiento de codo.

Una segunda especialmente onírica en la que se entremezcla la soledad, la amistad y el lado salvaje del ser humano, que continua con la huida hacia adelante por las consecuencias de los actos, antes de llegar a la cuarta, el clímax del reencuentro.

No es “La Fortaleza” una película para todos los gustos. Una apuesta ambiciosa de Thielen hijo, que guioniza, dirige y hasta se atreve a hacer de él mismo, aunque por un breve espacio de tiempo. El peso humano lo lleva su padre, que también se interpreta, huyendo del ron, aunque con poco éxito y añorando los recuerdos de su pequeño.

No queda claro si este factor solo se revela al final o la pronunciación de los amazónicos ◘–que necesitaría de subtítulos– acaba por jugar en favor del clímax. En todo caso, es una historia paternofilial en la que la protagonista es realmente la naturaleza, el país, Venezuela.

Desde la Caracas indiferente ante un hombre que camina ensangrentado, a la recogida de oro en las minas de la selva. La opresión de los guerrilleros colombianos y lo barato de tomarse una vida.

Lo borda ahí la película, un encadenado de imágenes bellas, imponentes que se comen a la persona. Curiosamente, Thielen hijo aparece como un emigrante en Canadá, mientras su padre malvive a base de trabajos penosos y se consume en el recuerdo. Quizás no, pero da la sensación que el film quiere traer a Gijón una visión de la verdadera Venezuela, sin juzgarla.