“Cuando voy a dejar o a recoger a alguien y tardo un poco por necesidades del cliente siempre me pitan más al ver que soy mujer. A mis compañeros hombres no les pasa tanto. Eso es así”. Yolanda Herrero, de 53 años, es taxista en Oviedo desde hace nueve. Asegura estar “acostumbrada” a oír dedicatorias como “Mujer tenías que ser” o ver por el retrovisor gestos de desaprobación e insulto. Con el paso del tiempo se ha puesto una coraza para que no le afecte hasta el punto de normalizarlo, pero sabiendo que tras esas acciones se esconde el machismo. Por eso, la celebración del 25N, Día Internacional Contra la Violencia de Género, cobra para ella un sentido especial. Es consciente de la lucha angustiosa que libran diariamente otras mujeres víctimas de malos tratos. 

Casos en los que el insulto es directo, personalizado y cruel. Y en los que, a veces, la palabra desemboca en agresión física o asesinato. Herrero se siente afortunada por trabajar, y más en tiempos de pandemia, pero, tras casi una década como chófer, todavía hay quien se asombra al entrar en su taxi: “¡Anda, una mujer!”. En la flota ovetense, compuesta por 312 coches, solo hay medio centenar de conductoras. Herrero es una de las mujeres que han prestado su imagen y voz a LA NUEVA ESPAÑA para apoyar el 25N en forma de poesía. Juntas recitan una de las obras de Gloria Fuertes: “Si te sientes como una bayeta”. Un poema que refleja fielmente el compromiso de la autora con la lucha feminista. El poema se reproduce íntegramente en este reportaje. 

El poema de Gloria Fuertes

Si te sientes como una bayeta

Si te sientes como una bayeta
como una colilla 
como una cáscara,
no riegues tu tristeza,
no existe tu fracaso
(¡El fracaso es el suyo!)
el del que te usó para limpiarse
y te tiró como bayeta vieja,
el que aspiró tu energía,
te disfrutó y pisó como a colilla usada, 
el que mordió tu fruto
y tiró lo que quedó de ti:
la monda y lironda cáscara de terciopelo.
Si eres bayeta,
colilla
o cáscara
¡siémbrate en ti!
y vuelve a florecer en un cuadro,
en un poema, 
o si cáscara,
en el manjar de un niño hambriento.
(Así hice yo)

El Principado dedica el programa de actos del 25N de este año a la lucha contra la desigualdad económica y la brecha salarial entre hombres y mujeres. Precisamente, Asturias tiene la brecha más alta del país (el 20,96%) y la tasa de actividad de las mujeres ocupa el último puesto de las cifras nacionales, con un 46,91% de asturianas ocupadas. La gijonesa Ángela Heredia, de 36 años, es propietaria de un bar. Como autónoma, siente la libertad de ser su propia jefa desde hace doce años. Resolutiva y firme, no se calla ante las injusticias o las faltas de respeto provengan de un hombre o de una mujer. “Tengo demasiado carácter y no me callo si noto que el machismo aflora en el local”, explica la hostelera, que abre a este periódico las puertas de su negocio –cerrado obligatoriamente por las restricciones por la pandemia– para leer el poema de Gloria Fuertes. A su modo de ver, la diferencia económica entre hombres y mujeres es más notoria en puestos de alta dirección y viene de muy atrás: “De cuando nuestras madres o abuelas se quedaban en casa y sus maridos eran los que trabajaban y traían el dinero al hogar”.

Yolanda Herrero, taxista Irma Collín

La mayor causa de inactividad entre la población asturiana es el trabajo en el hogar. Cada año, unas 2.500 mujeres abandonan sus puestos laborales para cuidar a hijos, padres o personas dependientes. Es raro que esa misma decisión la tome un hombre. Así opina Mercedes Luces, trabajadora de 54 años de una empresa que ofrece servicios de limpieza. “Debería facilitarse más la conciliación de la vida familiar y laboral de la mujer, además de mejorar su salario en base a sus bajas por maternidad o cuidados. El que una mujer cobre menos que un hombre no es normal ni justo en pleno siglo XXI”.

Luces, madre de un chaval ya mayor de edad, añade que, afortunadamente, “las tornas están cambiando poco a poco”, incluso en cuanto a la presencia de hombres en trabajos “feminizados” como el suyo de limpiadora: “Cada vez hay más hombres en el servicio de limpieza”.

Cristina, Policía Local Irma Collín

Más allá de datos económicos, brechas salariales y cifras de empleo, el día a día de muchas mujeres está marcado por la violencia de género. Lo sabe Cristina, una de los diez agentes de la Unidad de Violencia de Género de la Policía Local de Oviedo, una unidad adscrita a la Policía judicial. “Cada víctima es una persona concreta con unas circunstancias concretas. Cuanto más conoces a una víctima y más sabes de ella, es más fácil protegerla. Lo que te interesa es que se aleje completamente de la persona que le ha causado daño, no debe hablar ni cara a cara, ni por teléfono, ni por medio de terceras personas”, explica la policía antes de leer el poema de Gloria Fuertes y añadir: “Es imposible no coger afecto a tus víctimas. Mis compañeros y yo estamos aquí para ayudarlas”.

Carmen Calero, directora de instituto Irma Collín

Tanto desde el Gobierno estatal y regional como desde instituciones, asociaciones y la propia Policía especializada, se hace hincapié en la necesidad de fomentar una educación basada en el respeto y la igualdad. Carmen Calero es la directora del Instituto de Secundaria Aramo, en Oviedo, donde también da clase de música y teatro. Allí cada 25N la comunidad docente se esfuerza en transmitir esos valores con la puesta en marcha de un programa de actividades. Esta vez, la poesía elegida por LA NUEVA ESPAÑA les ha servido de lectura dramatizada en las clases de teatro y de reflexión dentro y fuera de las aulas. “El hecho se ser mujer me hace vivir el 25N de una forma especial e intento que se refleje en el centro. Creo que los chavales cada vez están más concienciados, pero el mundo, aunque evoluciona, sigue teniendo viejos problemas derivados del machismo. A veces ser mujer nos resta valor económico. Quizás hay demasiado hombre en puestos de dirección, aunque ese no es mi caso”, reflexiona Calero, que lleva 18 años en el IES Aramo, ocho de ellos como directora.

Mercedes Luces, limpiadora Pedro Delgado

Un grupo de alumnas recita con sentimiento y buena dicción los versos de Gloria Fuertes en el salón de actos del instituto. Les gusta ensayar y representar obras, pero suelen encontrarse con un problema a la hora de repartir los papeles: hay pocos chicos en clase de teatro. Cada año se apunta algún chaval más, pero cuesta. Todas creen que “no tiene sentido” que un hombre cobre más que una mujer por ejercer el mismo trabajo, y creen que empresas e instituciones deberían confiar en mujeres para copar los cargos más relevantes. Ellas: Paloma Fonteina, Nuria Labra, Sofía Alonso, Lucía Barrero, Sofía Moscoso, Miriam Avello, Andrea Ibarra y Claudia Escribano, gritan con fuerza el eslogan escogido por este periódico para conmemorar el 25N: “No estás sola”.

En primer término, agachada, Paloma Fonteina. Detrás, de izquierda a derecha, Lucía Barrero, Nuria Labra, Miriam Avello, Claudia Escribano y Sofía Moscoso. En la última fila, Sofía Alonso y Andrea Ibarra. | Irma Collín

Las asturianas también creen que es necesario tender la mano a las mujeres de los países con políticas más restrictivas en materia de igualdad, algunos del continente africano o de Oriente Medio. A la avilesina Vanessa Suárez, médica otorrino del Hospital Universitario de Asturias (HUCA) y corredora profesional de la Federación Española de Atletismo, le impactó un viaje que hizo hace cuatro años a Marruecos para participar en una carrera. “Que las europeas corriésemos en pantalón corto para entrenar en un lugar en el que las mujeres van tapadas hasta arriba me produjo un enorme impacto cultural. En un país progresista como España, las diferencias entre sexos se están igualando o, al menos, están en vías de solución, pero hay lugares del mundo en que el tiempo parece haberse parado y no podemos darles la espalda”.

Vanessa Suárez, médica Pedro Delgado

Suárez, de 43 años, nació en un barrio obrero junto a una hermana y un hermano. “Mis padres siempre nos trataron como iguales. De hecho, se puede decir que yo fui una niña atípica porque era mucho más deportista que mi hermano. Creo que así es como hay que ver a las personas: más allá del género están nuestras propias cualidades y aptitudes. Más tarde fui la única mujer adjunta en mi servicio y jamás me he sentido infravalorada”.

Ángela Heredia, hostelera Pedro Delgado

“La educación es la clave. Hoy en día hay chavalines machistas. No se puede negar. Otros están muy concienciados, pero hay que lograr una sociedad comprometida y que respete a las mujeres”. Silvia Quesada (Brañameana, Salas, 1986) es una de las grandes voces del folk y el pop en Asturias, maestra y activista social. Por eso, ha querido colaborar con LA NUEVA ESPAÑA interpretando el tema “La mesma revolución” (con letra y música de su pareja, Alfredo González). Para Quesada, los jóvenes tienen las herramientas para crecer en igualdad dejando atrás machismos y micromachismos diarios que pueden convertirse en algo más grave con el paso del tiempo.

“Todas las mujeres hemos sentido en alguna ocasión una sensación de incomodidad o vergüenza frente a los hombres. Mismamente al pasar por la calle y tener que escuchar una frase soez sobre tu físico o tu ropa”, explica. Del tema “La mesma revolución” destaca no solo la importancia del mensaje a favor de la mujer y su empoderamiento en la sociedad, sino también el hecho de que lo haya compuesto un hombre, un síntoma de que el papel masculino en la lucha feminista también debe ser más activo.

25N #NoEstásSola: Silvia Quesada interpreta "La mesma Revolución" Amor Domínguez

El canto por la igualdad de la cantante Silvia Quesada

La artista y su marido componen un himno que difunde lne.es

“La educación es la clave. Hoy en día hay chavalines machistas. No se puede negar. Otros están muy concienciados, pero hay que lograr una sociedad comprometida y que respete a las mujeres”. Silvia Quesada (Brañameana, Salas, 1986) es una de las grandes voces del folk y el pop en Asturias, maestra y activista social. Por eso, ha querido colaborar con LA NUEVA ESPAÑA interpretando el tema “La mesma revolución” (con letra y música de su pareja, Alfredo González). Para Quesada, los jóvenes tienen las herramientas para crecer en igualdad dejando atrás machismos y micromachismos diarios que pueden convertirse en algo más grave con el paso del tiempo. 

“Todas las mujeres hemos sentido en alguna ocasión una sensación de incomodidad o vergüenza frente a los hombres. Mismamente al pasar por la calle y tener que escuchar una frase soez sobre tu físico o tu ropa”, explica. Del tema “La mesma revolución” destaca no solo la importancia del mensaje a favor de la mujer y su empoderamiento en la sociedad, sino también el hecho de que lo haya compuesto un hombre, un síntoma de que el papel masculino en la lucha feminista también debe ser más activo.