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Crítica / Cine

Crudo capolavoro

Virtuosa revisión del neorrealismo italiano que protagoniza la miseria siciliana

En la parte de atrás de una furgoneta cargada de chatarra, un niño siciliano con pelo mohicano mira al futuro y ve vacío. “Il mio corpo”, de Michelle Penneta, dice ser un documental, pero eso sería quitarle mérito. La historia de dos niños de modesta familia siciliana y de otro par de jóvenes africanos emigrantes en la isla antaño española es el pretexto para una virtuosa revisión del neorrealismo italiano. Resulta difícil entender lo que al espectador le sucede al verla y más describir las sensaciones.

Una virgen de mármol perdida en pleno vertedero, asciende atada a la cuerda de la camioneta que conduce un padre de gafas de sol doradas, mientras sus hijos, de sendas crestas, la miran alzarse, entre el sonido de las chicharras. La fe, cada vez queda más lejos.

En una Sicilia igual de basta, pero muy alejada socialmente de aquella por la que se pasearan Coppola y Al Pacino en los setenta, una familia humilde lucha por sobrevivir. Lo mismo que los emigrantes musulmanes, que tanto friegan iglesias católicas como recogen las aceitunas para hacer el oro verde con el que se amasan las grandes fortunas del lugar.

Todo contado en un encadenado de imágenes de gran belleza, silencios cuando toca y diálogos esenciales. Así se conforma el film de Penneta, una de las grandes sorpresas de la sección Retueyos. Faltarán cubrecabezas que quitarse cuando la estrenen en salas. Aviso a las sombrererías.

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