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Gardel tampoco tuvo futuro

Cuando la abuela de la casa, retorcida entre una manta en el sofá, canta “Volver” de Gardel, la vida cobra más sentido. Este es uno de los momentos cumbre de “Amor sin Ciudad”, un experimento en el que once alumnos de la Escuela de Cine de Madrid en situación de vulnerabilidad crean pequeñas historias, basadas en sus vivencias, que giran alrededor de una trama principal, la existencia de un inmigrante musulmán al que acogen en un caserón de pueblo donde realiza trabajos manuales a cambio de aprendizaje; y una secundaria, sobre un chaval huido de un centro de menores.

Inevitablemente, las partes que componen el todo quedan algo desiguales. Eso no quita para que el experimento sea un acierto total, capaz de emocionar y técnicamente muy bien ejecutado. Además, los pequeños cortos rezuman a desahogo necesario para los participantes en la experiencia fílmica.

Es imposible no emocionarse en muchos momentos, empatizar con los sentimientos de estos jóvenes que introducen como referencia a Gardel o Robert Mitchum. Ellos tampoco tuvieron futuro, hasta que un día sí. Hay talento y esperanza ahí.

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