Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El poder de una tiza

Resulta curiosa y llamativa la alergia que siempre provoca la libertad de expresión en toda clase de gobernantes déspotas, dictadorzuelos de segunda y autoritarios sin más verdad única que la suya propia. Ejemplos, hoy y ahora, hay para dar y tomar. Esa alergia se debe al miedo que dan las palabras, más peligrosas a la larga que cualquier arma.

Y el poder de las palabras, de las ideas, aparece en cualquier lado, en cualquier esquina. Incluso en una pared gracias a una simple tiza. Lo demuestra la película rumana “Uppercase Print”, de Radu Jude, que cuenta la historia de cómo un adolescente imberbe lleno de granos pone en jaque a todo el servicio secreto de la Rumanía de los años ochenta, en plena dictadura comunista de Nicolae Ceausescu.

Era tal el control del régimen que a veces se tornaba incluso en ridículo, obsesionado el gobierno incluso en vigilar que en la ciudad nadie tocase el claxon. Entre tanto marcaje se cuela Mugur Calinescu, que se dedica a llenar las paredes de los mensajes protesta que escuchaba en Radio Europa Libre. Le vale con una tiza. Tanto desconcierta el joven Calinescu, que la seguridad del país le persigue a conciencia y para ello interroga a una amalgama de frikis que conocen al adolescente.

La película, de dos horas, cuenta la historia con planos fijos, a modo entrevista, mientras mezcla imágenes de archivo de la televisión de la época, la que llevaba a las casas la realidad edulcorada del gobierno. La idea está bien y la historia merece la pena, aunque a la película le falta el ritmo y la chispa necesaria que la eleve de nivel.

Compartir el artículo

stats