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María Joao Pires: "La música clásica se ha vuelto muy comercial"

"Los jóvenes artistas se ven obligados a convertirse en un producto que vender en el mercado en vez de desarrollarse como artistas y tener su propia voz e independencia"

María Joao Pires | JJ Guilén

María Joao Pires | JJ Guilén

La pianista portuguesa Maria João Pires es una de las leyendas del piano del siglo XX. Sus grabaciones de sonatas y conciertos de Mozart han sido desde hace décadas una referencia para intérpretes y aficionados. Oviedo podrá comprobarlo este sábado (19.00 horas), dentro las Jornadas de Piano Luis G. Iberni que se celebran en el Auditorio Príncipe Felipe y que cuentan con el patricinio de LA NUEVA ESPAÑA.

 

-Su recital en Oviedo será en una situación compleja, en plena tercera ola de la pandemia del covid-19.

-Estoy muy contenta de que se pueda celebrar y de que España siga abierta a celebrar conciertos, sobre todo teniendo en cuenta que las salas de todo el mundo están cerradas a día de hoy. Voy a ir a Oviedo en coche y no tengo miedo por todo lo que está pasando, lo que no significa que no respete las normas de seguridad o que sea una negacionista, que crea que hay un complot, para nada. Me cuido hago todo los que me piden que haga; mascarilla, distancia… pero no quiero vivir con miedo. Simplemente no presto demasiada atención, me protejo y basta. Hay muchas medidas adoptadas por los gobernantes que no las entiendo, así que simplemente me distancio, vivo en el campo y procuro que toda esta situación no ocupe mucho espacio en mis pensamientos.

 

-¿Cuáles son las claves del programa que interpretará en el recital?

-La sonata de Schubert en La menor, es una obra muy breve que no he tocado en público desde hace muchos años y que me apetecía volver a retomar, así que me dije ¿por qué no? Ahora es el momento. Es una música muy fresca, que tiene esa elegancia tan característica de la música de Schubert y al mismo tiempo muy nostálgica, incluso con un punto de tristeza, como en el caso del segundo movimiento, pero que se compensa en los otros movimientos. La “Suite bergamasque”, de Debussy siempre la quise tocar y nunca encontraba tiempo, así que esta será la primera vez que lo haga. Es una de las primeras obras que Debussy escribió para este instrumento, y por supuesto el tercer movimiento es el famoso “Clair de lune” que todo el mundo conoce. A veces siento pena porque toda la obra se quede reducida a un único movimiento y haya gente que no toque la suite entera. La sonata de Beethoven es simplemente una de mis favoritas y por eso decidí incluirla. En su partitura se proyecta, en términos musicales, todo lo que fue el piano a lo largo de todo el siglo XIX.

 

-¿Cómo ha pasado los últimos meses con la actividad concertística bajo mínimos y con las restricciones de viajes?

 

-No me puedo quejar, no he rechazado tocar en conciertos o viajar por motivos laborales después de los seis primeros meses en los que todo estuvo cerrado, un poco por lo que comentaba del miedo antes. Me sentía muy mal por toda esa gente que está perdiendo sus trabajos en el sector artístico, pero al mismo tiempo estaba contenta de poder parar por una vez, de estar en casa y estar callada, simplemente parase y pensar. Distanciarme de todo el estrés diario y los viajes me vino bien. La mayoría de mis conciertos se cancelaron, pero toqué en algunos y sustituí a mis colegas en otras actuaciones que tenían programadas.

 

-¿Podría detallar un poco más este asunto de las sustituciones, cómo es posible?

- Si, actué en vez de Martha Argerich o Andras Shiff. Me encantan estas sustituciones, porque estás ayudándoles a cumplir con compromisos que no podrían salir adelante y es algo bueno que piensen en ti para ello. Además, me fascina el hecho de que estas sustituciones siempre vienen en el último momento, así como arriesgado. Eso me encanta, que suponga un desafío, no que esté todo programado dos años antes. De hecho, pensar en un concierto a largo plazo me pone muy nerviosa, es algo que no se me ha quitado en todo el tiempo que llevo tocando el piano. Sin embargo, cuando las actuaciones salen más espontáneas lo llevo mejor porque es un pico de estrés lo supero y ya está, pero si ese estrés se prolonga en el tiempo me afecta.

 

- Esa naturalidad con la que habla de desafíos y riesgo en lo que a la actividad concertística tiene mucho que ver con el vídeo de usted que se hizo viral en 2013 junto a Riccardo Chailly y la orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam.

 

-En aquel momento lo pasé mal. Llegar al primer ensayo con la orquesta y el maestro con tu concierto preparado, los matices que quieres darle, con todo pensado sobre cómo quieres que sea tu interpretación, y cuando la orquesta empieza a tocar te das cuenta de que no es la misma obra. No te vas a venir abajo, tienes que seguir, no tiene que ver con que seas un gran músico o no, creo que va en el carácter. Por suerte el concierto nº 20 de Mozart lo había tocado unos meses antes y mi cabeza y mis dedos lo recordaban. En este sentido los músicos tenemos una memoria bastante especial, pero tengo que reconocer que, de haberlo tocado unos años antes en vez de unos meses, no habría podido seguir el ensayo.

 

-En cuanto al repertorio. Sus versiones de compositores canónicos como Mozart, Beethoven, Schubert son reconocidas en todo el mundo, pero ¿alguna vez ha tenido curiosidad por explorar nuevos repertorios?, y ¿hasta qué punto son las casas discográficas las que condicionan qué se toca?

- Curiosidad por la música la tengo siempre, sin importar qué tipo. He probado repertorios más contemporáneos y centrados en el siglo XX, pero la amplitud de las manos que exige este repertorio no se ajusta a mi fisonomía, y por eso me he visto limitada. En cuanto a las casas discográficas, hace seis años que dejé de trabajar para Deutsche grammophon, con quienes he grabado durante toda mi carrera, casi treinta años, porque no me identificaba ya con sus políticas. No he tenido ningún problema, pero sentía que ya no quería seguir formando parte de esta discográfica. Los tiempos cambian y yo no me he podido adaptar, no lo critico, simplemente acepto los cambios y me voy.

 

-¿Cuáles son esos cambios?

-La música clásica se ha convertido en un producto más que vender a la gente. Se ha vuelto muy comercial, así que los artistas están obligados a servir a los intereses comerciales de las casas discográficas. Esto lo cambia todo, especialmente para los jóvenes artistas, que se ven obligados a convertirse en un producto que vender en el mercado, en vez de desarrollarse como artistas y tener su propia voz e independencia. Un artista debe ser creativo, trabajar sobre la partitura y ofrecer algo nuevo que te defina a ti y a tu trabajo. Necesitamos un espacio para crear que debe mantenerse puro, sagrado, donde no tiene cabida ningún interés de ningún agente externo, y menos aún verse corrompido por el objetivo de vender discos, que hoy en día se ha convertido en la prioridad. Las carreras de los jóvenes artistas están planificadas en base a ella, y terminan por convertirlos en simples objetos que vender; ya no hay un artista con criterio, hay un personaje que vender. Llegados a este punto, quienes acepten firmarán sus contratos y serán famosos, quienes no lo hagan, serán unos completos desconocidos. No tengo nada en contra de la música comercial, pero no me gusta que los artistas supediten su talento a ese afán de vender a cualquier precio, incluso hasta el punto de que destruya todo el trabajo que han hecho con anterioridad. Creo que la situación se ha vuelto muy peligrosa.

 

-¿Qué ha sucedido con Partitura project?

-Terminó el año pasado, era un proyecto muy interesante. El objetivo era crear un espacio de colaboración y creatividad artística, pero a día de hoy no podemos tocar juntos. El punto más fuerte era que participásemos en él gente muy distinta, con concepciones sobre la música completamente diferentes y conseguimos ayudar a mucha gente. Quizá este tipo de iniciativas no deberían prolongarse demasiado en el tiempo. Este proyecto podrá volver o no, pero no es necesario que lo haga. Muchas veces nos lamentamos sobre las cosas que eran buenas en el pasado y ya no están, en vez de eso, deberíamos ser positivos y ver qué cosas nuevas nos va a deparar el futuro.

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