Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

La nevera, una trampa peligrosa en pandemia

La ansiedad, el tedio, la tristeza o la soledad, unidas a una mayor permanencia en casa, pueden conducir a un “comer emocional”

La nevera, una trampa peligrosa en pandemia

La nevera, una trampa peligrosa en pandemia

La situación de incertidumbre y los cambios en las rutinas generados provocados por la pandemia está disparando los síntomas de ansiedad y depresión, incrementando su intensidad en quienes ya los padecían y reforzando las conductas negativas, como algunas relacionadas con la alimentación. El confinamiento, primero domiciliario y ahora perimetral, la reducción de las actividades de ocio y el teletrabajo están haciendo que la población permanezca en casa la mayor parte del tiempo, y la nevera y la alacena pueden convertirse en una verdadera trampa para los comedores emocionales, aquellos que encuentran en la comida su válvula de escape de la ansiedad.

Buscar una recompensa en comer ciertos alimentos, casi siempre hipercalóricos, no solo no mejora los síntomas de la ansiedad, sino que contribuye a agravarlos, ya que el alivio que se obtiene a través de la comida es momentáneo y cuando este pasa, queda una sensación de arrepentimiento. “Se produce entonces un efecto compensatorio de inicio de dieta estricta tras el atracón, que al no cumplirse conlleva una nueva situación de ansiedad que provoca un nuevo episodio de comer emocional para relajar el estado de ansiedad. Ambos procesos se retroalimentan, generando una patología de trastorno alimentario y cuya solución se halla en la consulta del psicólogo y los especialistas en dietética y nutrición”, afirma Delfina Vicente, psicóloga clínica, deportiva, psicogerontóloga y máster en nutrición.

El comer emocional se relaciona con el exceso de peso y obesidad, considerada como la epidemia del siglo XXI, una enfermedad que tiene asociadas numerosas comorbilidades, entre estas, patologías cardiovasculares, diabetes mellitus, colesterolemia, apnea del sueño, varios tipos de cáncer y enfermedades psiquiátricas como ansiedad y depresión. También está asociada a padecer cuadros más graves del COVID-19.

“El comer emocional se encuadra principalmente con estas cinco emociones: ansiedad, tristeza, ira, soledad y aburrimiento. Si tienes esta sintomatología durante estos estados emocionales puedes padecer posiblemente un ‘comer emocional’. Este lo que hace es que cambia la pauta de alimentación porque comes porque estás triste, solo, enfadado, aburrido o ansioso, es decir, utilizas la comida como forma de descargar ese estado emocional”, afirma.

“Comer por cuestiones emocionales es muy habitual porque la comida da placer”, dicen los nutricionistas

decoration

La crisis sanitaria está provocando problemas emocionales a muchas personas. “La población susceptible de presentar ‘comer emocional’ podría ser muy elevada. Al comer se activan los circuitos neuronales relacionados con el bienestar y funciona como recompensa al liberarse dopamina, la hormona del bienestar, entre otras, pero que al repetirse sistemáticamente sin una necesidad física–comer por hambre–, y ser una necesidad emocional –comer emocional-– inhibe el control del sistema y es ahí cuando nos impide controlar de manera racional la conducta de comer”, advierte Vicente.

En idénticos términos se expresa Amil López Viéitez, farmacéutica y nutricionista: “Comer por cuestiones emocionales es muy común porque comer genera placer y la comida provoca bienestar al activar neurotransmisores como la serotonina. Al final, la comida es una droga y en épocas de altibajos emocionales es importante tenerlo en cuenta y controlar los alimentos”.

Esta especialista recuerda que ganar peso también está relacionado con la edad, ya que a medida que se envejece el metabolismo se va haciendo más lento. “Al movernos menos no quemamos calorías, estamos comiendo más de la cuenta, además, por la situación que vivimos y que nos provoca preocupación e incertidumbre, lo que hace que al final hace que tengamos apetito emocional. Y se junta la tormenta perfecta; comemos más y nos movernos menos”, explica la nutricionista.

Desde que comenzó la pandemia, la población ha ganado peso. Este se ve en las consultas de los nutricionistas. Según el estudio de Ipsos sobre el impacto de la pandemia en la alimentación y la salud, los españoles han engordado una media de 5,7 kilos desde el inicio de la pandemia.

La salida está en la planificación

Para burlar el “comer emocional” hay que modificar la conducta ante la comida. “Si no hay un cambio psicológico en la relación con la comida, el estado emocional te va a conducir a comer porque es la alternativa que encontrabas antes para disminuir la ansiedad. La pandemia solo nos ha demostrado cuáles eran nuestros hábitos”, advierte Delfina Vicente. Según Vicente, para dejar de asaltar la nevera como respuesta emocional, primero hay que conocer cuál es tu relación con la comida, y detectar y reconocer que el problema existe. “Identificar el verdadero problema te conducirá a instaurar la conducta que lo soluciona. De lo contrario, lo intentarás, pero volverás a los hábitos de siempre. Primero hay que convencerse de que la alimentación adecuada es un compromiso contigo mismo y con tu salud”, afirma la experta en psicología y alimentación, y que habla en vez de envejecimiento de “desenjuvenecimiento como proceso controlado”. “Si tienes hábitos poco saludables, tu envejecimiento se acelerará de manera prematura e inadecuada, mientras que hábitos saludables tendrán una repercusión en un desenjuvenecimiento óptimo en tu salud, bienestar y calidad de vida”, explica. La planificación de las comidas es fundamental para no dejarse vencer por la tentación. “Contra el ‘comer emocional’ luchas con organización. Es importante tener planificados los menús y hacer las cinco comidas al día y mantener el ayuno nocturno”, afirma Amil López Viéitez.

Compartir el artículo

stats