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Triplete de Bernardo Sanjurjo

El Bellas Artes acoge desde el jueves la primera de las tres muestras del pintor este mes, cuando también expondrá en la Universidad y la Escuela de Arte

Bernardo Sanjurjo, ayer, en su taller ovetense. | Irma Collín

Bernardo Sanjurjo, ayer, en su taller ovetense. | Irma Collín

Parece que las instituciones se han puesto de acuerdo en rendir tributo a uno de los artistas más importantes de las últimas décadas, Bernardo Sanjurjo (Barres, Castropol, 1940). El Museo de Bellas Artes de Asturias, la Universidad y la Escuela de Arte de Oviedo acogerán este mes exposiciones del artista.

La primera será la del Bellas Artes, que bajo el título “Piel trabajada” se inaugura este jueves. Una semana después, el día 11, se abrirá la del Edificio Histórico de la Universidad, en la calle San Francisco de Oviedo. Será una muestra de obra gráfica en la que se podrán ver algunas carpetas que el pintor ha realizado junto a poetas asturianos como Antonio Gamoneda, Olvido García Valdés o Ricardo Menéndez Salmón. La última de las tres exposiciones, también de obra gráfica, será la que se inaugurará el día 18 de este mes en la Escuela de Arte de Oviedo, de la que Sanjurjo fue profesor y director entre 1975 y 1990.

Con todo esto el artista no ha tenido tiempo a aburrirse en los últimos meses. “Sigo rompiéndome la cabeza”, confiesa en su estudio ovetense, un maravilloso espacio con olor a barniz y a trementina, música de jazz, enormes plantas, libros y cientos de cuadros.

Sanjurjo está considerado el padre del arte contemporáneo en Asturias, un cargo que no quiere “porque yo no soy padre de nada, en la Escuela de Arte fui profesor y director, hice mi labor, pero hasta ahí”. Por cierto, ya está trabajando en los bocetos de las obras que este verano estampará en la Escuela de Arte. Todos los años, cuando acaban las clases, el artista se instala en el taller de grabado del centro para estampar una serie de obras.

Sanjurjo es hombre de los que de vez en cuando necesita “parar, reflexionar y volver a empezar”. Su concepción del arte va mucho más allá del cuadro. Desde la premisa inicial de que “el arte nunca se mueve, nunca es igual, es como la vida misma” desarrolla la teoría de que ahí, en el arte, “uno tiene que encontrarse, identificarse y comunicar algo”. Para ello “es necesario ser consciente de lo que haces por qué y para qué lo haces”. En definitiva, “hay que buscarse y saber qué pintas en el mundo”.

Dos de las obras que se verán en el Bellas Artes.

Dos de las obras que se verán en el Bellas Artes.

Mantiene que “el arte no es hacer cuadros, sino un estado de las cosas”. Para el artista “el cuadro es el resultado de una actitud en la que tiene que haber un compromiso, una relación con el espectador al que le debes generar una emoción”. Esto debe ocurrir, según Sanjurjo, también en la abstracción, “aunque lo de la abstracción es un decir porque si tiene algo de todo lo anterior ya no es tan abstracto”.

Antes de todo eso está la decisión de ponerse a pintar. Sanjurjo sostiene que “pintar es imposible, es muy complicado ponerse delante de la tela en blanco y luego decirle a la gente de qué va aquello”.

Todo esto es lo que se podrá ver en las exposiciones que el artista inaugurará este mes: “Mi rollo está ahí, para bien o para mal”.

La primera de las muestras, la del Museo de Bellas Artes, “Bernardo Sanjurjo. Piel trabajada”, revisa el trabajo más reciente del artista, pero picotea también en etapas anteriores. Se trata de una retrospectiva atípica en la que Óscar Alonso Molina, comisario de la muestra, ha evitado el modelo tradicional que ordena lineal y cronológicamente el trabajo del artista en favor de priorizar la producción última del pintor que será cruzada con una selección de ejemplos escogidos del pasado. Sanjurjo llevó al Bellas artes medio centenar de cuadros, todos ellos de gran formato, “salvo uno pequeño de hace mucho tiempo”, acota, y finalmente la muestra será una selección de una treintena larga de esas piezas. El artista está muy satisfecho de cómo ha quedado la colección en las paredes de la pinacoteca asturiana. No es la primera vez que el Bellas Artes acoge una exposición del artista de Barres, de hecho la primera se remonta a 1986. 

Sanjurjo se demora en su estudio. La pandemia no le ha afectado demasiado. La vivienda y el lugar de trabajo son espacios anexos. Por la mañana cruza la puerta que separa lo civil de lo profesional y se dedica a pintar, a estudiar, a experimentar. Está al día de todas las tendencias, de lo que se crea en el mundo, del arte español, pero también del americano o el alemán. Así se le van las horas “hasta las tres o cuatro de la tarde”, cuando hace una parada en el trabajo para comer y descansar un rato. Luego, un paseo cerca de casa. “No he notado mucho el aislamiento porque es mi forma de vida, lo habitual es que pasen los días sin relacionarme con nadie”, explica.

Se siente afortunado porque ha podido dedicarse a eso, a crear, a reflexionar y a emocionar al espectador. Lo ha logrado que dice no haber tenido una vida fácil. Nació en Barres y a los 10 años comenzó a trabajar con su padre. A los 17 se trasladó a Oviedo y siguió trabajando, lo hizo “en una empresa de carrocerías, en mil cosas distintas”. Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, se licenció en la de Bellas Artes de San Fernando. En 1970 comenzó a trabajar como profesor en la Escuela de Artes Aplicadas de Madrid y, tres años después, obtenía la plaza de profesor de Dibujo Artístico en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo. Dos años más tarde era nombrado director.

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