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Actriz, protagoniza el viernes en el Centro Niemeyer “Eva contra Eva”

Ana Belén: “La vida sería más fácil si hubiera más curiosidad entre mayores y jóvenes”

“‘Eva contra Eva’ va de qué pasa cuando te haces vieja; las mujeres que alcanzamos cierta edad nos hacemos, y me incluyo, invisibles”

Ana Belén.

Ana Belén. Efe

La actriz y cantante Ana Belén (Madrid, 1951) es la protagonista de “Eva contra Eva”, el drama que dirige Silvia Munt y escribió Pau Miró basándose libremente en las películas “Eva al desnudo”, de Joseph L. Mankiewicz, y “Noche de estreno”, de John Casavettes. La obra se representa este viernes a las 19 horas en el Centro Niemeyer de Avilés.

–¿Qué le sedujo de “Eva contra Eva”?

–A ver, siempre que te ofrecen un proyecto, lo primero es el guion. Me llamó Silvia Munt. Me habló del proyecto: un drama inspirado en “Eva al desnudo”, pero la situación que plantea es totalmente diferente. Me gustó mucho y me gustó más que estuviera tan pegado a la realidad, porque hay cosas en la película que hoy mismo, en el siglo XXI, no se sostienen. Pau Miró ha escrito muy pegado a la realidad. Todos los personajes son muy potentes. Es un drama, pero hay muchísimas dosis de ironía.

–El homenaje que hacen a Bette Davis es el vestido.

–Sí, ese vestido negro con el que entro en la función. Debo de durar con él, no sé, un minuto... luego me lo quito y me pongo la bata. La bata es mi aliada durante toda la función.

–La obra va de...

–Va de eso que dicen que es la lucha generacional. Es una lucha muy inteligente. Va de qué pasa cuando te haces mayor y de cuando, encima, te haces mayor y eres mujer. Y todo esto, además, en el mundo del espectáculo.

–¿Y cómo ve usted el asunto?

–La joven le dice a la mayor en un momento dado: “No nos los ponéis fácil”. Y es cierto. Sin embargo, a medida de que una se va haciendo mayor va entendiendo mejor lo que significa esto de la lucha. La vida sería más fácil si hubiera más curiosidad por ambas partes: de mayores a jóvenes, y a la inversa. Siempre procuré tenerla por quienes me habían precedido. Pero de todo esto nos damos cuenta cuando nos hacemos mayores.

–Parece el poema aquel de Gil de Biedma.

–(Declama) “Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde”.

–No se quedan ni con la mayor, ni con la joven.

–No, no. En la película al final te quedas con que la actriz joven es solo una mujer ambiciosa y que Bette Davis desea, al final de su carrera, haberse quedado en casa. Aquí no vamos con ninguna de las dos: la nueva quiere ocupar su sitio y la mayor, seguir trabajando, no sentirse relegada solo por haberse hecho vieja. Y es que las mujeres que alcanzamos cierta edad nos hacemos, y me incluyo, invisibles.

–¿Cómo ha sido el montaje? Imagino que complicado.

–Dificultoso como consecuencia de las restricciones, que teníamos entonces y que seguimos teniendo ahora: PCR constantes para hacer burbuja, mascarillas... Por el medio, nos pillaron las Navidades y hubo días sin ensayo. Y pasó lo de la nevada: parecía que solo había nevado en Madrid. Lo cierto es que era imposible ir al local de ensayo, que estaba en Carbanchel. Estrenamos en Valencia. Fuimos unos días antes. Fueron unos ensayos maravillosos, pero Valencia estaba perimetrada: tenías que ir a un mostrador. “¿Qué tenéis para comer?” Eligías, te dabas una vuelta y media hora después volvías a por la cajita y te la llevabas al hotel. Pero creo que estas dificultades son insignificantes comparadas a las que viven y han vivido los sanitarios todo este año. No sirven de nada los lamentos: tenemos que protegernos, cuidarnos y resistir e ir haciendo lo que buenamente podamos.

–Lo petaron con ese “Agapimú” durante el confinamiento.

–Pues lo habíamos grabado antes del encierro, unos días antes. Se estaba escuchando que íbamos al confinamiento. Lo hicimos en un estudio. Los “Ojete Calor” me dijeron que querían hacer un videoclip en la carretera, fíjese usted... Cuando estuvimos ya en casa, me dijeron que íbamos a hacerlo de todas las maneras: en casa. Les dije que yo soy muy torpe digitalmente hablando. Me calmaron: que me explicaban paso a paso todo lo que tenía que hacer. Y lo del éxito, pues no sé: no me muevo por esos mundos. Ellos sí. Antonio Resines había ido a uno de sus conciertos. Me dijo que querían contar conmigo. “Claro, que me llamen”, le dije. Y así fue.

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