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Bernardo Sanjurjo expone "Piel trabajada"

El Museo de Bellas Artes acoge la exposición “Piel trabajada”, recorrido por las etapas más recientes de un pintor en pleno vigor creativo

Bernardo Sanjurjo.

Bernardo Sanjurjo.

Su obra habla por él. Bernardo Sanjurjo es artista de pocas palabras y elocuentes silencios. Lo demostró ayer en la presentación de la exposición “Piel trabajada” en el Museo de Bellas Artes de Asturias. “Pinto, pero hablar, hablo poco”, advirtió al ponerse ante el micrófono, trajeado y con una corbata con la que pocos le habrán visto. Agradeció “profundamente” al Museo la oportunidad y tuvo un recuerdo para su amistad con el poeta Antonio Gamoneda. “Gracias a la vida”, concluyó antes de dar un paso atrás y dejar que sus pinturas lo dieran hacia delante.

Alfonso Palacio, director del Museo, calificó el día de “muy feliz” por exponer obra de Sanjurjo tras dos experiencias previas en 1986 y 2002, más las trece pinturas y otras obras que hay en depósito y en propiedad. Con la muestra abierta ayer, avanzó, comienza una nueva programación de exposiciones dedicadas a artistas contemporáneos consolidados. Un arranque a lo grande “con el artista asturiano vivo de mayor relevancia, el decano. Agradezco a Bernardo el cariño por el Museo, su entrega durante meses modulando y profundizando con el comisario Óscar Alonso la muestra”. El escritor Ricardo Menéndez Salmón, que participa en el catálogo ensalzando el “arte mayúsculo” de Sanjurjo; Manuel Fernández, diseñador del mismo, y Ricardo Villoria, autor del vídeo de la exposición, estuvieron junto al maestro junto a tres devotos de la obra de Sanjurjo como son Antón García, director de Política Lingüística, y José Luis Costillas, concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Oviedo, que reiteró la apuesta por la milla cultural de los museos.

El comisario de la muestra, Óscar Alonso Medina, ejerció de guía tras definir como “trabajo emocionante” su participación. Calificó a Sanjurjo como un artista “notable en la plástica asturiana y nacional. Nunca se habían cruzado nuestras líneas de vida tan intensamente como ahora”. Y de esa intensidad nace un acercamiento a una obra abstracta “en tiempos muy complicados. Un gran tiempo de silencio del que quizá la obra ha salido beneficiada”. El modelo se acerca así al estilo del artista: “Silencio, recogimiento, quedarse a solas con la obra”.

No es habitual encontrar a un pintor como Sanjurjo (Barres, 1940) que, a sus 82 años, “viva un momento creativo tan vivo, sin duda uno de sus mejores momentos”. La exposición, por ello, concede protagonismo espacial a la obra reciente, “no por presiones o caprichos sino porque reúne los intereses a los que Bernardo se ha acercado en medio siglo de trabajo”. El perímetro se abre, pues, a la evocación de obras más antiguas con las más actuales, sin orden cronológico, con cruces y saltos en el tiempo que aportan una libertad acorde con la personalidad de Sanjurjo. Un zigzag deslumbrante. Alonso, desbordado por “el nivel humano” del artista, condujo a los presentes por un universo artístico de manchas que hablan por sí mismas, memorias de misterios finalmente resueltos en los troncos de la ría de Castropol que veía de niño, áreas de color sobrio “casi funerario” y otras más vivaces y brillantes. Miradas cruzadas, contrastes, variaciones, secuencias de todo tipo y fascinación. Son 39 obras que, asegura el comisario, permiten jugar en busca de la sensación de luz pretendida y que se perciba la presencia del cuerpo. Invitó a acercarse y alejarse de los cuadros: dejando que Bernardo Sanjurjo hable con ellas.

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