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El dueño de una cervecería estalla contra la SGAE: “Me reclaman su ‘impuesto’ pese a tener el bar cerrado”

Miguel Á. Cebada muestra la factura del primer trimestre de 2021 que le envió la SGAE pese a que su cervecería está cerrada. | // R. GROBAS

Tras tres décadas de funcionamiento ininterrumpido, la Cervecería Miguel se vio obligada a echar el cierre temporal debido a la crisis del coronavirus. Desde ese marzo de 2020 que nos quedará marcado para siempre este establecimiento de Canido (Vigo) abrió solo unos meses los fines de semana ofreciendo bocadillos para llevar. Pero nada más. “Mi bar es un negocio que funciona a última hora de la tarde y sobre todo de noche para cervezas y cubatas; no es de mañanas, así que el horario de apertura que se permite ahora para la hostelería, incluso con la ampliación hasta las 21.00 horas, a mí no me vale, no me compensa”, explica su propietario, Miguel Ángel Cebada Otero. Así que tomó la difícil decisión de mantener bajada la verja a la espera de que la situación sanitaria mejore.

Con tan complicado panorama no resulta extraña la sorpresa de este vigués cuando, hace apenas unos días, recibió una factura de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) reclamándole 40 euros por los derechos de autor del primer trimestre de este 2021, un período en el que el hostelero no abrió ni un solo día su cervecería ubicada en Camiño Liñares. El canon es por la televisión instalada en el local: la entidad suele esgrimir en las reclamaciones que realiza por estos receptores que, junto a los canales dedicados a temas musicales, son numerosos los programas televisivos que reproducen melodías protegidas por la normativa de propiedad intelectual.

La tele estuvo “apagada”

La cuestión, remarca Miguel Ángel, es que la sociedad de autores le requiere por un período –desde el 1 de enero y hasta este próximo 31 de marzo– en el que su bar no tuvo actividad. “ Y la tele por supuesto estuvo apagada”, ironiza. Así que se muestra indignado: “Este ‘impuesto’ de la SGAE debería eliminarse de raíz; pero lo que ya no se concibe es que reclamen por meses en los que no abrí, que me obliguen a pagar por algo que no usé; tendrían que informarse de si un negocio está funcionando o no, y más con una situación como la actual”. En 2020, tras estallar la pandemia, la entidad sí que dejó de emitirle las facturas trimestrales.

Para él lo que hace la SGAE no tiene “lógica” : “Siempre fue una tarifa injusta y lo es más en época de pandemia”. Por eso tiene claro que no va a abonar esos 40,22 euros (33,24 de canon y 6,98 de IVA) que le pasan al cobro. “En el recibo no viene ningún número de teléfono pero sí una dirección en Madrid; así que lo que haré es mandarle el documento de vuelta allí por carta poniéndole bien grande en rotulador que el bar está cerrado, a ver si así se dan cuenta”, precisa.

Este hostelero cuenta que llevaba años resignado a pagarle a la entidad: “A principio me negué, pero vinieron aquí, me insistían en que les debía dinero, así que para evitar problemas les dije que sí, que abonaría la cuota de la televisión, pero ningún concepto más”. En el receptor, cuando el bar abría, ponía canales de música como la MTV o 40TV. Empezaron cobrándole 18 euros por trimestre, pero después la cuota “subió” a 40. “En un momento dado, cuando llevaba tiempo pagando, decidí de nuevo dejar de hacerlo y me demandaron en el juzgado; fui allí para abonar lo adeudado y prevenir que la cosa fuese a más; si no pagas te denuncian, quieren cobrar sea como sea”, critica.

Un “abuso” en esta época

Aunque la tarifa no es alta, Miguel Ángel concluye que es un abuso en una época tan difícil para la hostelería, con muchos empresarios sin ni siquiera poder poner en funcionamiento sus locales. Él, que desde las ocho de la tarde y sobre todo de noche tenía su bar lleno de clientes que iban allí a tomar algo o a jugar al futbolín o al billar, deberá esperar a que se reactive el horario nocturno para abrir de nuevo.

Por ahora no le queda más remedio que mantener el cierre. “El mío no es un bar de mañanas; para ir a tomar desayunos aquí ya hay otros establecimientos”, se resigna. El panorama es complicado. Pero destaca el hecho positivo de que el local es de su propiedad y no debe pagar alquiler mensual: “Esa es la suerte que tengo, porque de lo contrario ya hubiese tenido que cerrar definitivamente”. Las subvenciones de la Xunta le han permitido ir abonando gastos fijos que sigue teniendo la cervecería, como los recibos de agua, luz, internet o de la gestoría. Ahora espera que la SGAE sea solidaria y no insista en cobrar su “injusto impuesto”.

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