Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Jorge Rodríguez Norton regresa a Oviedo

El tenor avilesino estrena hoy en el Campoamor la zarzuela “Agua, azucarillos y aguardiente” con las entradas agotadas

Jorge Rodríguez Norton, en “Agua, azucarillos y aguardiente”. | LNE

El tenor avilesino Jorge Rodríguez Norton es Serafín, uno de los protagonistas de “Agua, azucarillos y aguardiente”, que junto a “La revoltosa 69” son los dos títulos líricos que se estrenan este jueves tarde en el teatro Campoamor (19.00 horas, entradas agotadas). Una producción propia ovetense, con una amplia representación asturiana en la que Norton es ese Serafín enamorado de Asia y dispuesto a cualquier cosa para conquistarla.

Norton reconoce que ha sido complicado levantar el espectáculo, aplazado desde hace un año. “Hemos tenido pocos ensayos, por lo que había que llegar con una idea del personaje muy preparada” antes de comenzar en trabajo en el teatro, explica. El texto, dice, “apenas tiene cortes, de hecho la representación dura bastante pecisamente por eso y además hemos tenido que hacer mucho trabajo actoral”. Uno de los puntos fuertes esta producción del teatro Campoamor es, en opinión del avilesino, “la realidad con la que los personajes aparecen representados”. Ahí, Norton elogia a sus compañeros de reparto: “Todos dan el perfil perfecto de los personajes que interpretan”.

La propuesta escénica de este título de Ramos Carrión y Chueca apuesta por el minimalismo y el juego de luces. “Eduardo Bravo, el iluminador de esta producción ha hecho un trabajo maravilloso, y es capaz de dibujar con la luz cuadros plásticos sobre la escena”, asegura Norton.

Aunque la partitura de Chueca no es demasiado exigente para los cantantes, explica, “es una música que te entra en el cuerpo con facilidad, escrita en un registro central, y con la intención de que en la época (finales del siglo XIX) se entendiese muy bien el texto”. Apunta Norton cómo este es un modelo de zarzuela “más terrenal, que cuenta también con algunos números de cabaret y más soñador”.

Se refiere al vals que baila su personaje, Serafín, junto a su amada Asia, interpretada por Sagrario Salamanca, “donde cambia la iluminación, los bailarines, aparecen las plumas, casi como un número de revista dentro de la propia zarzuela. Es una especie de historia dentro de la historia, que nos recuerda incluso al género del musical”, explica.

Su personaje, después de terminar “Agua, azucarillos y aguardiente” vuelve al término de “La revoltosa 69” a escena en “un refrito que quisieron hacer para unir las dos obras y los dos siglos que las acogen”, aclara Norton.

Esta “Revoltosa” sí está recontextualizada en el año 1969. “Entramos nosotros para que los personajes se reencuentren al término de la zarzuela, y nos sorprendemos de que haya un 600 allí aparcado”. Un recurso que para Norton “busca unir las dos zarzuelas para que no fueran dos bloques totalmente separados”.

Además del encuentro de los personajes, este número de música final, tomado de “El puñao de rosas”, también con música de Chapí, igual que “La revoltosa”,, tiene la peculiaridad de que la letra ha sido expresamente escrita para este espectáculo ovetense.

“Tiene un tono festivo y relacionado con la problemática que tenemos ahora desde la primera frase, que dice ‘estáis muy juntitos y os van a multar’”, comenta Norton en tono cómico, para incidir sobre cómo estas zarzuelas breves comentaban la actualidad de su tiempo.

Compartir el artículo

stats