Dana Raz felicita a los lectores de LA NUEVA ESPAÑA por el Día de la Danza y asegura que la tecnología "on line" en su profesión ha llegado para quedarse
La bailarina israelí asentada en Oviedo cree que la lucha por la Cultura en España durante el covid ha dado sus frutos: “Tengo compañeros de mi país que llevan un año en ERTE”

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Elena Vélez
Dana Raz (Bat Yam, Israel, 1985) celebra el Día Internacional de la Danza en Madrid. Esta bailarina afincada en Oviedo imparte allí unos talleres de creación, unas clases que imparte de manera presencial, pero también a través de internet especialmente desde que el covid-19 apareció en escena.
Directora y coreógrafa de la compañía “Dana Raz Dance Projects”, colabora en la creación coreográfica de varias obras, actúa en más de veinte países y ha ganado el premio “Yair Shapira” por su contribución a la danza en Israel. Además, en su tarea formativa en danza contemporánea trabaja con escuelas y Universidades de su país de origen y de Estados Unidos, Rusia, Malta, España, Italia, Francia o Alemania.

Dana Raz ensaya en su casa durante el confinamiento / LNE
Pasó el confinamiento en Oviedo y sacó lo mejor de lo peor aprovechando todos los rincones posibles de su casa, desde el salón a la terraza. “Por el carácter de mi profesión, que obliga a entrenar todos los días, hacer un parón era malo. Tuve la suerte de dar las clases ‘on line’ gratis para apoyar a los bailarines que se quedaron sin programas de formación. Lo hacía dos horas todos los sábados y se apuntaron personas de más de 20 países. También impartí talleres sobre procesos de creación a la Compañía Internacional de Danza de la India. Eso sí, La tecnología ‘on line’ en la danza ha llegado para quedarse más allá de la pandemia”.
Antes de la pandemia, Raz pasaba como mucho uno o dos meses al año en su domicilio ovetense y el resto del tiempo lo distribuía por Israel o Rusia, por ejemplo. Ahora, las cosas han cambiado ligeramente y el “streaming” sustituye bastantes viajes. De hecho, acaba de participar como jurado “on line” en un festival de danza en Siberia.
Pese a recuperar lentamente su ritmo profesional tras las primeras olas de la pandemia, hay escollos de los que no puede librarse. Entre ellos, ensayar con mascarilla: “Dentro de la compañía hacemos test para asegurar que no tenemos la enfermedad, pero ensayamos con la mascarilla puesta. No es fácil. Hay momentos que te ahogas. Al principio acababa la semana sin voz y con dolor de garganta”.
La bailarina israelí el positiva con el futuro de la danza y la Cultura en general, pero matiza que no todos los países están reaccionando igual: “La lucha por la Cultura en España es grande al no dejar que los teatros estuvieran tanto tiempo cerrados. En Israel, por ejemplo, mis compañeros estuvieron más de un año en ERTE”.
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