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Antropología

Una científica gallega identifica los restos de la tumba humana más antigua de África

La gallega María Martiñón identifica los restos de la tumba más antigua de África

La científica gallega María Martiñón, que identificará los restos, en el CNIEH de Burgos.

La científica gallega María Martiñón, que identificará los restos, en el CNIEH de Burgos.

Aseguran los expertos en la Grecia clásica que no había mayor ignominia en dicha época que no poder enterrar a sus muertos. Pero miles de años atrás, el ser humano ya entendía que precisaba soterrar a sus seres queridos de forma especial. 

La paleoantropóloga gallega María Martinón, clave en identificar a un niño de tres años enterrado cuidadosamente 78.000 años atrás en un yacimiento arqueológico en Kenia

Una investigación que acaba de ser portada de la revista “Nature” ha facilitado una nueva pista. En ella, fue clave la participación de la paleoantropóloga gallega María Martinón, directora del Centro Nacional sobre Evolución Humana (CENIEH) en Burgos. Gracias a su aportación, se han identificado los restos humanos enterrados más antiguos de África: los pertenecientes a un niño de unos tres años de edad cuya tumba data de hace 78.000 años.

Simulación de cómo fue enterrado el pequeño FdV

El descubrimiento es revelador y marca un hito porque demuestra científicamente que también en África los primeros Homo sapiens ya presentaban comportamientos sociales complejos, como la necesidad de preparar a familiares para después de la muerte en una cuidada tumba.

El lugar donde apareció el niño objeto de estudio es el yacimiento de Panga ya Saidi. Este se encuentra en Kenia “y es muy importante”, resalta María Martinón a este diario.

“Se lleva excavando allí desde el año 2010 por los museos nacionales de Kenia y el Instituto Max Planck para el Estudio de la Ciencia Humana”

María Martinón - Directora del Centro Nacional sobre Evolución Humana (CENIEH) en Burgos

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María Martinón - Directora del Centro Nacional sobre Evolución Humana (CENIEH) en Burgos CENIEH

Panga ya Saidi se localiza relativamente cerca del mar, en una meseta costera, a poco más de unos 20 kilómetros de la línea marítima. “Se ve que estas poblaciones sabían explotar los recursos marinos. Es una zona tropical y el yacimiento se localiza en una cueva impresionante con unos techos altísimos a varios metros de altura”, describe la científica gallega.

Cueva en la que se encontraron los restos del pequeño CENIEH

La también doctora detalla que se trata de un yacimiento que “nos muestra cómo evolucionó el comportamiento simbólico en nuestra especie. La gran sorpresa es que entre estas capas, en el nivel más antiguo, el más bajo, es en el que se ha encontrado este enterramiento, lo que ha sido una sorpresa”.

Desde que los arqueólogos habían comenzado a excavar, estos habían encontrado herramientas y ornamentación como conchas perforadas pero no restos humanos.

El niño fue localizado enterrado en la entrada de la cueva pero en la zona resguardada por el techo. “Estaba enterrado en una zona residencial muy cerca de donde vivían. Es como un signo adicional de querer mantener cerca de ti y de tu día a día a un niño que ha fallecido”, comenta.

María Martinón, trabajando con Emmanuel Ndiema, de los museos nacionales kenianos. A la izquierda, portada de ‘Nature’ con la investigación del CENIEH. CENIEH

La entrada del CENIEH (Centro Nacional sobre Evolución Humana) se produjo cuando “los investigadores en el año 2013 –nosotros aún no estábamos implicados en la excavación, aclara Martinón– vieron en el terreno, en el corte vertical de la pared una alteración de la capa de sedimento. Fue en el año 2017 cuando llegaron al nivel de excavación y cuando vieron algo en el terreno con alteración y forma circular y donde el sedimento presentaba la tierra de un color y textura diferentes. Vieron también que había huesos muy frágiles como a punto de deshacerse. Trataron de excavarlos pero literalmente se deshacían”, explica la directora del CENIEH.

En esas circunstancias, optaron por “escayolar todo el bloque de sedimentos y llevarlo a los museos nacionales de Kenia” para precisar qué había dentro, señala Martinón.

Restos óseos encontrados en la tumba. CNIEH

En los primeros trabajos, el equipo localizó dos dientes sueltos. Ante la duda, remitieron las imágenes a María Martinón para preguntarle qué opinaba.

“Yo les dije que eran humanos y que pertenecían a un niño porque eran dientes de leche. No sabía lo que había en el resto del bloque pero les recomendé una atención especializada por personal de conservación y restauración. Les dimos unos consejos y en el año 2018 me invitaron a dar una conferencia”.

Allí, estaba Emmanuel Ndiema, responsable de los museos nacionales de Kenia y de estas excavaciones quien se había llevado el bloque con los restos. Martinón volvió a indicarles que eran restos humanos y que creía que había una columna. “Ellos nos hicieron el encargo al CENIEH y me traje el bloque a Burgos sin saber que me estaba llevando a un niño en el colo. Llegamos aquí y como era tan frágil durante un año combinamos excavación física manual con mucho cuidado de que no se desintegrara el hueso con técnicas de excavación virtual, la microtomografía, basada en rayos X, que permite ver por la densidad de los materiales qué había en el bloque”, detalla la ourensana María Martinón.

La forma en que fue depositado el cadáver denota dolor por la pérdida

Con mucho cuidado y lentitud, el equipo en Burgos vislumbró el esqueleto parcial de un niño de unos tres años de edad con todas las articulaciones y huesos en su sitio.

Tras muchos estudios, Martinón y su equipo concluyeron que el niño fue enterrado en un espacio creado ex profeso para la tumba, que vertieron tierra por encima –lo que ayudó a conservar mejor los restos– y que el pequeño había sido objeto de un soterramiento muy cuidado lo que denota que fue una gran pérdida y que hubo un duelo.

Atendiendo a la disposición del cuerpo y los huesos, creen que probablemente la cabeza fue colocada sobre un soporte perecedero a modo de almohada y que se usó un sudario o mortaja en el cuerpo del niño.

Las claves del enterramiento

 En primer lugar, María Martinón y su equipo creen que, atendiendo a la disposición del cuerpo y los huesos, la cabeza fue colocada sobre un soporte perecedero a modo de almohada. Como segundo punto, por la colocación de determinados huesos, consideran que probablemente se usó un sudario o mortaja en el cuerpo del niño.

"Prepararon al niño con todo el cuidado como en un lecho"

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“Todas estas cosas nos están diciendo que aquí ha habido una implicación de la comunidad con este niño. No lo colocaron en una grieta o un pozo, o en un lugar que ya había sino que excavaron una cavidad en el suelo de la cueva para depositar el cuerpo de una forma particular. Prepararon al niño con todo el cuidado como en un lecho. Es un tratamiento tan especial que podemos suponer que a ese grupo le supuso un dolor, un duelo”, apunta Martinón quien reconoce que a día de hoy no se puede establecer la causa de la muerte porque los huesos están muy degradados.

Representación por ordenador de la forma en la que se encontró el cuerpo. CNIEH

“Una de las características más singulares de los seres humanos son las relaciones que establecemos con los muertos. Somos la única especie que trata con la misma dedicación y respeto a un muerto que a un vivo. Poder encontrar una evidencia sólida de cuándo empezó esta característica tan definitoria de los humanos, es necesario.

Con esta investigación, tenemos evidencia que hace 78.000 años el ser humano ya tenía una mente compleja que le permitía establecer vínculos complejos con los demás seres humanos en el mundo físico real sino con los que han fallecido”, opina. “Es una lucha contra la muerte para conseguir que aquellos que se fueron no se vayan del todo. Eso es muy característico de los humanos”, reflexiona.

El enigma africano

El hallazgo de este cuerpo ayuda a entender mejor la historia de la humanidad pero sigue sin responder a una pregunta: ¿por qué abundan restos de humanos Homo sapiens o neandertales enterrados fuera de África (incluso de más antigüedad, hace 100 o 120.000 años) si dicho continente fue la cuna del ser humano?

Excavación de la tumba en la cueva. CNIEH

“Sigue siendo un misterio por qué las evidencias más abundantes y antiguas están fuera de África. No sabemos si hace falta excavar más en África, si las prácticas funerarias allí eran diferentes a las de Asia dejando un resto arqueológico más difícil de ver o puede ser que este comportamiento de los enterramientos se haya originado en el Oriente Próximo y se haya transmitido a África más tarde”, concluye Martinón.

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