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“La del manojo de rosas”, el retorno de una obra “redonda”

La soprano Carmen Romeu, que protagoniza la zarzuela que esta tarde se repone en el Campoamor, subraya el “realismo” y el ritmo de esta producción dirigida por Emilio Sagi

Carmen Romeu, en brazos de Ángel Ruiz, durante el ensayo general de “La del manojo de rosas”.

Carmen Romeu, en brazos de Ángel Ruiz, durante el ensayo general de “La del manojo de rosas”. Miki López

“La del manojo de rosas”, la zarzuela de Pablo Sorozábal tan querida por el público ovetense, se estrena esta tarde en versión de Emilio Sagi en el Teatro Campoamor de Oviedo a las 20.00 horas. Es el tercer título del XXVIII Festival de teatro lírico español de Oviedo, que se podrá volver a ver el próximo sábado y que ha agotado ya sus localidades. Es la obra que más se ha representado sobre las tablas del Campoamor en los casi treinta años que viene celebrándose el festival ovetense.

Se trata de una producción propia del Teatro Campoamor, con un largo recorrido de representaciones a sus espaldas. El reparto está liderado por algunos de los nombres más destacados de la lírica nacional, como la soprano Carmen Romeu, que interpreta al personaje de Ascensión, a la que acompañan también Alfredo Daza, Juan Noval-Moro, David Pérez Bayona, Beatriz Díaz, Ángel Ruiz, Milagros Martín y Enrique Baquerizo, entre otros. La recientemente desaparecida Pepa Ojanguren firma el vestuario de época, ambientado en los años 30.

“Esta producción es muy especial, ya no se encuentran producciones de zarzuela con el realismo que aquí hay”, explica la soprano Carmen Romeu, artista muy habitual de la temporada lírica ovetense. Que añade: “Precisamente en esto reside su éxito tan dilatado, que permite que, aún hoy se pueda poner en escena. Es muy actual, un trabajo por el que parecen no pasar los años. Estamos ante una obra redonda, enfatiza Romeu.

A juicio de esta soprano “todo en ‘La del manojo de rosas’ parece estar calculado al milímetro. Con un texto que es muy divertido y muy actual, que no envejece, y una música estupenda, llena de ritmo, pero también con mucha tensión y que define muy bien a los personajes. Y hay que añadir además las coreografías y el cuerpo de baile”. A todo ello hay que incorporar también la comicidad de algunos de sus personajes, como el del España o Clarita, “que es un poco friki con hambre de ser moderna y estar a la última en todas las tendencias”, dice Romeu.

La relación de Carmen Romeu con Ascención, la florista protagonista de “La del manojo de rosas”, viene de lejos, desde que interpretase por primera vez el papel en esta misma producción de Emilio Sagi en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en 2013. Ahora le llega el turno de defenderla en Oviedo. Romeu destaca “la determinación” de su personaje, “su capacidad de decisión y de imponerse en un mundo en el que los hombres decidían” sobre el porvenir de sus esposas e hijas. “En este título es muy claro cuando Ascensión le pide a su padre que la deje decidir a ella sobre quien quiere que sea su marido”, explica Romeu. Ascensión y su padre, Don Daniel, tienen distintos pareceres respecto a los dos hombres que pretenden a Ascensión. Si bien su padre prefiere que se quede con Ricardo –el aviador, por la seguridad económica y su posición social– ella decide imponerse y escoger a Joaquín, quien en un principio, no aparenta ser más que un mecánico del taller de al lado de la floristería. “Es un síntoma de una época pasada en la que las mujeres tuvieron que imponerse por sus derechos, pero que tampoco nos queda tan lejos a nosotros hoy en día”, añade al referirse a las “demandas de reconocimiento laboral y equiparación” de las mujeres.

La soprano valenciana detalla algunas de las particularidades de “La del manojo de rosas” que se verán esta tarde en el Campoamor. La escenografía cambia, con respecto a la que interpretó en Madrid. El bar y el taller están aquí cambiados en los decorados. “De ahí que algunos compañeros se encontrasen desubicados al comienzo de los ensayos”, bromea. También el vestuario es diferente, “aquí en Oviedo los vestidos de Ascensión son más entallados, más castizos”, lo que “condiciona todos los movimientos que hago en escena y quñe me interesa resaltar más en cada momento durante la actuación”, señala. Son pequeños detalles que aseguran que cada una de las reposiciones de esta producción tan transcendental de la historia del teatro lírico español sigan siendo únicas.

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