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María Fernández-Miranda Periodista, publica la novela “El verano que volvimos a Alegranza”

“Soy irónica y un poco cáustica, así que me divierten los personajes algo absurdos”

“El mensaje de la novela lo proclama la protagonista: lo importante no es lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa”

María Fernández-Miranda Bances.

María Fernández-Miranda Bances.

La periodista gijonesa María Fernández-Miranda Bances verá hoy cumplido un sueño. Sale a la luz su primera novela. “El verano que volvimos a Alegranza” (Plaza y Janes), es una historia “de emociones” con protagonistas que se mueven entre Asturias, Madrid y París. Se arranca como un thriller para luego hablar de perfumes, de relaciones de familia, de propósitos de vida y de renaceres. Un libro que bebe mucho del manantial periodístico en el que desde hace décadas se mueve profesionalmente María Fernández-Miranda, que en la actualidad es subdirectora de la revista Cosmopolitan –sus inicios los vivió en la redacción de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón–. “El verano que volvimos a Alegranza” no es su primer libro. “No madres. Mujeres sin hijos contra los tópicos” fue su estreno en el mundo editorial, un ensayo que le dio una popularidad con la que no contaba y que la hizo necesitar “olvidarme de mí y meterme en la piel de otros”.

–¿El periodismo le llevó a la novela o soñaba con ser escritora y le pareció más fácil empezar siendo periodista?

–De pequeña yo quería ser escritora. Leí “Mujercitas” y quería ser Jo March. Era el personaje más increíble y fascinante del mundo. Pero esos eran sueños en grande de una niña. Cuando creces da mucho más respeto eso de decir “voy a ser escritora”; pero como nunca me vi haciendo nada que no fuera de leer y escribir, llegué al periodismo.

"Escribí 'No madres' como una especie de terapia, para cerrar una etapa de mi vida. Pero aún hoy me siguen escribiendo mujeres contándome sus historias de no maternidad. Llegué al punto en que necesitaba refugiarme en la ficción y dejar de hablar de mí"

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–¿Cuándo y cómo surge “El verano...”?

–Fue después de publicar “No madres”. Escribí ese libro como una especie de terapia, para reflexionar y cerrar una etapa de mi vida. Pero lejos de cerrar nada se abrió más porque el libro tuvo una repercusión que no esperaba y aún hoy me siguen escribiendo muchas mujeres contándome sus historias de no maternidad. Llegué al punto en que necesitaba refugiarme en la ficción y dejar de hablar de mí.

–Y decidió hablar de una cena de Nochebuena que acaba con un asesinato familiar: la dulce tía Constanza acuchilla en el office a la tía Valentina.

–Ocurrió que un día escribí esa primera página del libro y se la leí a mi marido. Le pregunté qué le parecía como inicio de una novela y me dijo que le encantaba. ¿Y por qué la mata?, me preguntó. “No tengo ni idea”, le dije. Así que durante mucho tiempo fui acumulando detalles para esa historia: nombres, citas… piezas inconexas. El problema es que por la cantidad de trabajo que tengo, nunca veía el momento de ponerme a ello.

"Con la pandemia sentí que era mi momento de escribir. Me dije: “a ver María, el mundo se ha parado, si ahora no escribes la historia no lo harás nunca”

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–¿Cuándo supo que esas piezas no quedarían en un cajón como ideas sueltas?

–Fue con la pandemia. Interpreté que ese era mi momento, o no lo sería nunca. Me dije: “a ver María, el mundo se ha parado, si ahora no escribes la historia no lo harás nunca”. El reto era conmigo misma porque nunca había escrito nada que fuera una historia completa. Y quería demostrarme que era capaz. Que se publicara, eso ni lo imaginaba.

–Hay mucho de la vida periodística de María Fernández-Miranda en el libro. ¿Cuánto?

–Si yo no hubiera tenido el trabajo que tengo está claro que quizá nunca se me hubiera ocurrido un personaje que fuera un perfumista; ni un abuelo que fuera editor de un periódico regional; ni los escenarios serían Madrid y París; ni el ambiente laboral de la protagonista sería una redacción de una revista femenina. Pero luego está todo exagerado, visto desde el prisma de una mujer que pasa una crisis existencial y que tiene la sensación de que nada encaja en su vida.

María Fernández-Miranda. Antonio Terrón

–Un guiño: “No hay historias intrascendentes sino periodistas aburridos”, dice en su libro.

–Eso lo escuché en la redacción de LA NUEVA ESPAÑA, en concreto a Fernando Canellada, y aunque no sea suya en origen la cita me parece genial y muy literaria. Tuve oportunidad de llevarla a la novela y no lo dudé. Y se puede trasladar a muchas cosas: ahora que estamos en esta crisis de medios, donde todo va a golpe de clik y de like, creo que al final siguen importando las historias.

–Ha hecho información local, de belleza, de ciencia... pero nunca ha sido redactora de sucesos. ¿Por qué empezar con un asesinato?

–A mí también me sorprendió. No soy lectora de novela negra, no me gusta especialmente y cuando escribí esa historia pensé: “¡Mierda! ¿Por qué me sale esto?”. Pero en realidad es solo ese momento, porque no es un trhiller ni es de misterio, es una novela de emociones. Pero está conectada con esa frase de Vanessa Bell en una carta a su hermana Virginia Woolf en la que dice que “las familias son instituciones perversas”. Eso sí me inspiró, el tema familiar y todas esas crueldades que a veces se esconden detrás de esa institución.

"No soy lectora de novela negra, no me gusta especialmente y cuando escribí esta historia que empieza con un asesinato pensé: “¡Mierda! ¿Por qué me sale esto?”. Pero en realidad es solo ese momento porque la mía es una novela de emociones"

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–Destila ironía y se recrea en situaciones un poco absurdas.

–Me gusta lo absurdo, me divierte, creo que soy irónica, descreída y algo cáustica. Y es cierto que eso se refleja. Y por eso mismo me divertí construyendo personajes con ese punto absurdo.

–Con su libro apetece viajar, tener tías y una casa de indianos. ¿Es lo que le gusta?

–Me encanta viajar, me encanta el papel de tía y ojalá tuviera una casa de indianos. En concreto el papel de tía, que yo ejerzo con mucho cariño, me gustaba reflejarlo en la novela. De hecho el libro está dedicado a mi sobrina, Anina. Tenía que ser para ella porque es un libro que también habla de cómo se construyen grandes relaciones entre tías y sobrinas.

"Asturias tiene un problema: no ha sabido venderse hacia afuera. Tenemos un problema de marketing grande y ahora, con más edad y en las oportunidades que tengo de volver a casa, lo aprecio más si cabe"

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–Asturias, Madrid y París son los escenarios de la novela, y creo que son los suyos vitales también.

–Asturias es mi pasado, Madrid es mi presente y París es de alguna manera el futuro que siempre quise. Porque a mí siempre me gustó ser parisina. Hasta extremos de tener bromas caseras con esa manía mía, y con el hecho de que me gusta vestir con francesitas y un look francés. En plan de broma, porque es algo que a mi madre le hace mucha gracia, cuando visto así a mi madre le digo "qué, ¿parezco parisina? Me gusta su estilo, me encanta la estética de París, la comida, lo que representa su cultura, hasta lo bordes que son me gusta, porque creo que ellos pueden permitírselo.

–Pronostica en el libro que Asturias será el sitio que se descubra internacionalmente en pocos años.

–Me gustaría que así fuera, porque creo que Asturias tiene un problema: no ha sabido venderse hacia afuera. Tenemos un problema de marketing grande y ahora, con más edad y en las oportunidades que tengo de volver a casa, lo aprecio más si cabe. Con lo que está cambiando el mundo creo que Asturias puede tener una buena oportunidad en ese futuro. Pero yo no lo pronostico, es solo algo que dice la protagonista.

María Fernández-Miranda con su libro, "El verano que volvimos a Alegranza".

–También dice su protagonista que las historias y los perfumes son los lujos más accesibles que existen. ¿Lo cree?

–Yo pasé de hacer un periodismo local a un periodismo que se movía en lo superficial, volcado en los temas de belleza y moda. Y con el tiempo aprendí que rodearnos de belleza y lujos es algo necesario. A algunos lujos es difícil llegar y otros están al alcance de todos. Y en ese último rango está la lectura y los perfumes.

–También dice Leandra (la protagonista): “Lo que determina nuestras vidas no es tanto lo que nos pasa, sino qué hacemos con lo que nos pasa”.

–Ese es el mensaje clave. Sin hacer espóiler, la novela presenta a varias hermanas que han vivido la misma situación pero cada una la incorporó a su vida de maneras distintas. Eso es algo que a mí me gustaría aprender de la protagonista, de Leandra, que es capaz de reconducir su vida y no pararse tanto en el “qué mala suerte he tenido” y esas cosas. En eso Leandra es más lista que yo.

"El libro está dedicado a mi sobrina, Anina. Tenía que ser para ella porque es un libro que también habla de cómo se construyen grandes relaciones entre tías y sobrinas"

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–Acaba el libro explicando frases y personajes reales que se citan en la novela. Parece como si al final quisiera dejar claro que lo suyo es el periodismo.

–No había caído en ello. Yo me considero una periodista que ha escrito dos libros y por eso no me define para nada la palabra novelista. Si acaso usaría la palabra autora. Respecto a las personas que cito, es cierto que el personaje del perfumista dice frases textuales de entrevistas que he hecho a algunos grandes del sector y puede que me haya pesado la ética periodística de decir dónde estaban las fuentes. Para escribir esta novela no solo he recurrido a eso: me he leído libros sobre la locura, sobre piscología... de todo. Aunque al final acababa tirando de la ficción, porque te hace mucho más libre. No tienes que tener la cosas tan atadas.

–¿Diría que le resultó fácil al final sacar adelante la novela?

–¿Fácil? No mentiré a nadie: ha sido difícil. Fluir, lo que se dice fluir, me fluyó un párrafo: el primero. Por cada uno que salía fácil había otros cinco que me generaban angustia. Pero estoy contenta y muy ilusionada.

–La Feria del Libro de Gijón le espera para presentar la novela. ¿Con ganas?

–Muchas. Será el 18 de junio, a las 20.30 horas, en el Antiguo Instituto y hará la presentación Sandra Ibarra. El 25 de junio a las 19 horas será en Oviedo, con presentación de Ignacio del Valle.

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