Ricardo Saavedra Fernández-Combarro (Oviedo, 1977), doctor en Filología, profesor de Lengua y Literatura en el Instituto Carmen y Severo Ochoa de Luarca desde hace diez años, fue bajista de “Babylon Chat” y lo es de “Bacotexo”, grupo que canta en fala, una lengua en la que está terminando una novela.
“Tocando en ‘Babylon Chat’ me tiraron botellas, pero mi miedo era a ser profesor en Secundaria”
“El Real Oviedo me interesa, pero ya no veo fútbol porque me disgusta su mercantilismo; hay muchos oviedistas como yo”
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Ricardo Saavedra Fernández-Combarro (Oviedo, 1977), doctor en Filología, profesor de Lengua y Literatura en el Instituto Carmen y Severo Ochoa de Luarca desde hace diez años, fue bajista de “Babylon Chat” y lo es de “Bacotexo”, grupo que canta en fala, una lengua en la que está terminando una novela.
–¿Qué tal está usted?
– Bien de salud y de ánimo. Soy un pesimista constructivo y gana lo constructivo a lo pesimista. El confinamiento fue muy duro para profesores, estudiantes, padres y equipos directivos. Nos puso a prueba y fue muy frustrante. La educación a distancia no era fácil de mantener en algunos casos por la diferencia entre los recursos de las familias, algunas sin conexión a internet.
–El Ministerio de Educación ha puesto como ejemplo de “inicio del cambio” educativo español su trabajo y el de Coral Baz. A la vez cuenta estos problemas. ¿Cómo se lleva con su profesión?
–Es maravillosa, no he perdido motivación y la experiencia enseña. Se puede ayudar a nivelar desigualdades con clases de pocos alumnos y con profesores de apoyo y con metodologías apropiadas.
–¿Cuáles usa usted?
–El aprendizaje en proyectos, más práctica que teoría, con tareas activas que acaban en un relato, un vídeo, un guion... y el cooperativo, que enseña a trabajar en equipo con una meta común, a ayudarse y a lograr algo que individualmente no alcanzarían.
–¿Ni el más listo?
–El más listo, sí, pero asimila mejor lo que sabe porque lo tiene que explicar a los demás.
“Con el tiempo, mis padres supieron ser tolerantes con mi etapa en el grupo”
–¿Qué tal está en su edad?
–Bien, en buena medida he conseguido cosas y cumplido expectativas y salen proyectos nuevos, lo que es un motor vital.
–La vida de “Bacotexo” no es como la de “Babylon Chat”.
–“Bacotexo” no quiere ser profesional, es amor por la música. El batería, Daniel García, de Barres, es informático en CSC Avilés; el guitarra, Marcos Nogueiro, de Tapia, trabaja en Arcelor. “Babylon Chat” pretendía ser profesional, hizo más de 500 conciertos por el país con un sinfín de aventuras llamativas propias de una banda de rock joven que sale a comerse el mundo, conoce personas y experiencias de todo tipo, en ocasiones coquetea con excesos, y lleva una vida poco guionizada y muy caótica.
–¿Lo echa de menos?
–No me arrepiento de nada, pero ahora no me llevaría el cuerpo coger una furgoneta e ir a Córdoba y mañana a Castellón. Mi relación con la música antes era física –viajar, tocar, escenario– y ahora es más espiritual: prefiero componer. De “Babylon Chat” me defraudó que quedó a punto de llegar a primera división. Lo compaginaba con la carrera y la beca de la tesis.
–Se cubría las espaldas.
–Hubiera preferido vivir de la música, pero quería un plan B. Ahora me alegro de no haber llegado a primera división y de haberme bajado de aquel terrible ritmo vital.
–De la vida sin guion a preparar oposiciones.
–No las preparé. Mi mujer, Ruth González, profesora en Navia, mi novia desde los 18, quería ser enseñante. Se me acababa la beca y me propuso “¿por qué no te presentas conmigo a Secundaria?”. Le hice caso y sacamos los dos la oposición. Temía no valer para la profesión y tenía miedo a la Secundaria.
–¡Venía del rock transgresor!
–Tocando me tiraron botellas, tuvimos que escapar, pero en ese contexto podía y sabía responder. En la educación hay reglas muy claras de convivencia que no sabía si podría adoptar. Luego supe que sí. En clase soy muy serio y trabajador y me gusta la solemnidad de entrada. Luego vas dando confianza. En un escenario y en un aula eres un personaje.
“Tapia de Casariego es el lugar al que realmente siento que pertenezco”
–¿Cuál era su personaje en “Babylon Chat”?
–El que quiere menos escena. Cantante y guitarrista acaparaban protagonismo y ligaban con las chicas al acabar los conciertos y yo, a veces, iba a estudiar a la pensión o a la furgoneta. Era el equilibrado y el más dócil.
–¿Cómo llevaban en su casa que se maquillara para tocar?
–Muy mal. Mi madre, Teresa, en paz descanse, era simpatizante del Opus Dei, y mi padre, Hortensio, profesor de Religión. Me pongo en su perspectiva y tuvo que ser durísimo para personas nacidas en los años 40 y muy religiosos tener un hijo maquillado en fotos de las marquesinas de los autobuses. Con el tiempo supieron ser muy tolerantes. Tengo un hermano mayor, José Manuel, geólogo, policía portuario en Avilés y una hermana menor, bióloga. Yo era el raro.
–¿Desde la adolescencia?
–Sí. Mi hermano me animó a comprar el bajo y me metí por él obsesivamente.
–El bajo es una actitud.
–Loquillo decía que el bajista es el que coge lo último que no quiere nadie.
–Como el puesto de portero, que usted también fue en el Masaveu. ¿Es espíritu de equipo?
–Y de sacrificio. El portero salva de un gol y el bajista mantiene el ritmo.
–Elija un momento disparatado de “Babylon Chat”.
–El primero que me viene a la cabeza es una actuación para un programa de fin de año en un canal local de Torremolinos que se grabó un 1 de diciembre, con el público vestido de gala televisiva y nosotros con maquillaje excesivo y nuestra ropa glam, mallas ajustadas, estampados de leopardo y boas de plumas. Teníamos que hacer play-back, con el manager en la batería sin saber tocar, fingir que cambiaba el año y, como había barra libre, todo junto fue un delirio con brindis, campanadas y uvas.
–Está metido por la fala.
–Mi familia materna era de Boal. Mis abuelos hablaban en fala que mis padres y tíos perdieron en Oviedo, pero siempre veraneé en Tapia donde era su medio natural y como filólogo me interesó. Mi mujer es de La Caridad y hablante. El próximo curso empiezo de profesor en Tapia, el lugar al que realmente siento que pertenezco por muy carbayón que sea.
–Y del Real Oviedo.
–El Oviedo me interesa, pero el fútbol ahora me disgusta por su mercantilismo y no lo veo. Hay muchos oviedistas como yo. Me gusta más el ciclismo.
–Adaptaron “Como un huracán”, de Neil Young, al Real Oviedo con el equipo en Tercera.
–El fenómeno me pareció interesante porque era tribal, identitario y político y emocionante porque podía desaparecer el equipo de mi vida y era como la muerte de un ser querido. Grabábamos el cuarto elepé de “Babylon Chat” y a nuestro manager, Enrique Patricio, con el que iba a los partidos junto al escritor Pablo Texón, se le ocurrió hacer una versión de apoyo al club y darle el dinero que se sacara. Héctor Tuya y yo hicimos la adaptación.
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