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Jesús Torres busca saber “qué es ser un hombre” en el drama “Puños de harina”

El Festival LGTBI del Niemeyer inicia su actividad en vivo con un monólogo sobre el boxeo y la raza

Jesús Torres, en una imagen promocional de “Puños de harina”.

Jesús Torres, en una imagen promocional de “Puños de harina”.

El actor Jesús Torres es, sobre la escena, “Rukeli” y es también Saúl. El primero fue “el más grande boxeador de la Alemania nazi”. El otro no, el otro es un personaje de ficción, un gitano homosexual “sometido a los golpes de su padre: le lleva a peleas porque quiere que sea un hombre”. Esto es lo que explica Torres al otro lado del teléfono. Es el autor de “Puños de harina”, un montaje teatral que por primera vez se programa dentro del Festival LGTBI de Avilés (sábado, a las 20.00 horas) que, en puridad, echa a andar al día siguiente con el estreno en España de la película documental “Sexo y revolución” (20.00 horas, en el auditorio del complejo cultural).

Torres se ha encargado de escribir el monólogo, lo ha dirigido y también lo protagoniza. A través de los dos personajes, el dramaturgo reflexiona sobre lo que significa ser hombre. Señala que le gustaría que las preguntas que le han movido a la hora de componer su drama no tuvieran que formularse en un contexto tal como que “hace unos días, cuando a un chico le rompieron los dientes porque era homosexual: lo que le pasa a Saúl, el personaje del gitano de los ochenta, sigue sucediendo”, se lamenta el actor y director de escena. “Ante el pin parental, obras como esta”, reclama.

“No conocía la historia de ‘Rukeli’”, confiesa. Resulta que ganó el título nacional de Alemania en pleno nazismo. “Y cuando le reconocieron ganador, lloró. Nada menos que todo un boxeador”, cuenta Torres. “A Hitler no le gustó. Ordenó que se lo quitaran”. Se lo devolvieron en 2003 a título póstumo. “Un boxeador como él, que lloraba, y que se movía tan rápidamente que parecía que bailaba, no era el hombre que los alemanes de su época andaban buscando”, señala el teatrero.

Se había guardado la historia en una carpeta de su ordenador, la de pensar más adelante. Y llegó el momento de escribir: un boxeador gitano, que llora, que se enfrenta a Hitler... “Pero me pareció que andaba escribiendo arqueología: ‘¡Mira qué malos eran los nazis!” Ahí es donde surge el otro personaje –Saúl–, el gitano homosexual y maltratado por su familia. “Y empecé a preguntarme más profundamente ¿qué es ser un hombre?” Y de eso va “Puños de harina”, el monólogo sobre el gran boxeador y el boxeador obligado.

Torres sigue sin saber de qué va eso de ser un hombre. “Y eso es lo bueno”, señala. “Puños de harina” se estrenó en Londres, en el John Lyon Theatre. “Tuvimos la suerte de que nos programaran en el Festival de teatro español de Londres. Fue en 2019. Después tuvimos muchas funciones, paramos con la pandemia y ahora volvemos”, cuenta con cierta satisfaccción.

Dado que el espectáculo de Torres sirve como pórtico para el festival de cine militante del Niemeyer cabe pensar que su obra también es militante, pero esta circunstancia la niega. “No tengo la suerte de que mi espectáculo sea militante. En él sólo están mis dudas, las que me han ido surgiendo de tantas horas de furgoneta con mis compañeras de compañía”, cuenta. Y admite: “Somos el cuento que contamos de nosotros mismos. Y yo me he puesto a buscar qué significa ser hombre. ¿Qué hombre me obligaron a ser? Y también ¿qué hombre quiero ser?”, pregunta.

Jesús Torres llega a las tablas del Centro Niemeyer con un espectáculo de boxeo y también de reflexión. “Tengo la suerte de vivir muchas vidas. Si quería hacer de ‘Rukeli’ era necesario meterme dentro del boxeo. Entré y me quedé. Pensaba que era un deporte violento y sin sentido, pero me he encontrado con que nada de eso: hay más violencia en las gradas de un partido de fútbol infantil que en un ring”, confiesa.

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