Gustavo Dudamel, considerado uno de los mejores directores del mundo, cerró ayer por todo alto el ciclo de los Conciertos del Auditorio de Oviedo, con el patrocinio de LA NUEVA ESPAÑA. En una velada musical con todas las entradas agotadas desde hace semanas el maestro venezolano nacionalizado español desató una ovación cerrada tras la interpretación de dos obras, una de Schönberg y otra de Chaikovski, al frente de una orquesta compuesta por jóvenes valores de la música de España e Hispanoamérica, entre los que estaban tres intérpretes asturianos del Conservatorio Superior de Oviedo.

El público que ayer llenó el Auditorio de Oviedo. | Miki López

El público que ayer llenó el Auditorio de Oviedo. | Miki López

El proyecto musical “Encuentros”, que ayer presentó el recientemente nombrado nuevo director de la Ópera de París, bebe de los trabajos de José Antonio Abreu y el Sistema, al reunir a un cuantioso número de jóvenes instrumentistas de distinta procedencia para convivir durante una semana y tocar música juntos. La orquesta de jóvenes músicos procedentes de distintas partes del mundo inauguró ayer en Oviedo su gira por España. Dudamel, firmemente comprometido con la formación musical desde hace décadas, constituyó en este encuentro una orquesta formada solo por instrumentistas de cuerda, lo que condicionó la elección de las obras. En el programa, “La noche transfigurada” de Schönberg, adaptación para esta agrupación del sexteto de cuerda original, que al igual que estos jóvenes músicos, también marcó los comienzos de la carrera internacional del compositor.

Dudamel, inolvidable despedida

La segunda parte del programa estuvo dedicada a una de las obras más canónicas para este tipo de agrupaciones que prescinden de instrumentos de viento, la “Serenata para cuerda” de Chaikovski. La agrupación para este encuentro va en la misma línea de trabajo y organización instrumental que acostumbra Dudamel, con una plantilla mucho más extensa de músicos de la que en un principio sería necesaria para la “Noche transfigurada” o la “Serenata para cuerdas”.

Antes de arrancar con esta última obra, quiso Dudamel recordar que su última vez en el Auditorio ovetense fue cuando el Sistema de Orquestas y Coros de Venezuela recibió el premio “Príncipe de Asturias”. “Fue un galardón que recibimos como familia”, apuntó. También pidió al público una fuerte ovación para los jóvenes de más de 12 nacionalidades distintas de España e Hispanoamérica que aguardaban sobre el escenario del Auditorio, que consiguieron hacer un “encuentro especial”, sobreponiéndose a las dificultades de la pandemia y, al igual que la música de Schönberg, “pasar del desasosiego a la luz”.

La lectura del poema de la “Noche transfigurada” que Dudamel y sus jóvenes intérpretes ofrecieron destacó por el cuidado de la sonoridad del conjunto. Pese a la complejidad armónica de la partitura, de tintes posrománticos, consiguieron que los planos sonoros estuvieran delimitados en todo momento. Es importante asimismo reconocer, sobre todo teniendo en cuenta que esta ocasión es la primera vez que estos jóvenes comparten escenario y el limitado tiempo de ensayo, el empaste y la cohesión que alcanzaron como conjunto. Esta fue una de sus grandes bazas en su actuación ayer en Oviedo. Las intervenciones de los solistas dieron paso a algunos de los momentos más líricos de la velada. También hubo momentos de explosión sonora, con la orquesta a pleno rendimiento, siempre trabajados con minuciosidad.

Desde el podio, Dudamel quiso recrearse en el silencio y en su poder para generar la atmósfera de recogimiento que pretendía recrear. De ahí que retuviese el aplauso del público al término de la obra de Schönberg, pero también fue apreciable en Chaikovski. En esta última obra, quedó constancia de la tremenda energía que estos jóvenes músicos son capaces de generar en manos de Dudamel. Dirigió el programa completo de memoria y tuvo una gran complicidad con los músicos, lo que se tradujo en una interpretación muy flexible en lo referente al tempo, muy plegada al gesto del director. El estilo de dirección de Dudamel se ha definido siempre por ser muy personal, de ahí que no pase con indiferencia por las esferas de la música clásica. En el caso de ayer, el público del Auditorio de Oviedo se mostró entusiasmado. Pero también los propios músicos, satisfechos por su trabajo, quisieron ovacionar a este gran maestro.