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Los autos locos

Vin Diesel y Nathalie Emmanuel, en acción.

Vin Diesel y Nathalie Emmanuel, en acción.

Arrancamos en el pasado. Nueva entregas después, la saga de rápidos y furiosos estira la franquicia echando la vista atrás para que nos enteremos de dónde viene la rivalidad salvaje entre Dom Toretto (Vin Diesel, fiel a sus morritos apretados cuando hay que ponerse duro) y su desaparecido hermano Jakob (John Cena, rostro pétreo donde los haya salvo unos escasos segundos al final). Un enfrentamiento fraternal que irá evolucionando de peor a mejor tras un prólogo en el que calientan motores con una carrera accidentada (con “psicópatas natos” en la pista) en la que, cómo es posible, los efectos digitales la pifian. La venganza es un plato que se sirve lo más caliente que se pueda. Luego, la fórmula vuelve a cumplir a rajatabla las normas de la saga, mostrando primero a un Diesel relajado con sus seres queridos antes de que el ritmo se acelere y empiecen a retorcerse las cosas (hasta cierto punto, claro, que estamos en verano) con alguna secuencia de acción con la que satisfacer a los devotos seguidores de este tipo de chásis fabricados en cadena. La carrera en un campo de minas enlaza con una de esas fantasmadas que se han convertido en marca de fábrica: cuando más imposible sea la acrobacia y su resolución, mejor. Es un juego de disparates que emparenta a “Fast & Furious” con las fanfarronas aventuras de Bond, y también con las andanzas de Ethan Hunt, sobre todo cuando se abandonan los campos abiertos y se pasa al asfalto urbano. Incluso la música juega al guiño / despiste / imitación. A estas alturas, esta función no engaña a nadie (ni lo pretende) y sus ínfulas de conspiraciones mundiales y enfrentamientos familiares son incluso simpáticas. Ver a Helen Mirren soltando sarcasmos a toda velocidad, sonreír ante una Charlize Theron que se burla de su personaje sin recato y alzar las cejas ante las vuelta de tuerca finales, con viaje espacial incluido y la batalla final con un blindado interminable y fuerzas magnéticas todopoderosas, es lo que se puede salvar de esta apoteosis de la chatarra.

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