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Hacia el fin del tiempo

Elon Musk dio bastante en el clavo al resumir “Loki” en un tuit como “básicamente, una ‘Rick y Morty’ de imagen real con un largo arco argumental de romance”. De “Rick y Morty” proviene el creador de la serie, Michael Waldron. Y en ella volvemos a ver ese afán por presentar un nuevo mundo y casi un nuevo formato en cada episodio, o la fascinación por las variantes, en este caso no del viejo Morty, sino de Loki.

Lo que distingue a “Loki” de “Rick y Morty” quizá sea el componente romántico, aunque incluso este sea retorcido: el antihéroe titular (shakesperiano Tom Hiddleston) se ha enamorado durante esta primera temporada, básicamente, de sí mismo, o de una versión femenina que todavía no ha cogido la suficiente perspectiva para desdeñar la venganza y algunos de los peores atributos que hacen que Loki sea Loki. O que un Loki sea un Loki.

¿Cuál es la esencia de este personaje en eterna mutación, capaz de las peores mentiras y del sacrificio, de la maldad y la ternura?

Esa ha sido la espina dorsal de una serie en permanente trasvase entre mundos, en la que nada visto en un episodio preparaba para lo que llegaría en el siguiente.

Cuando creíamos que “Loki” iba a ser una serie “de colegas”, la amistad entre el personaje titular y el pobre Mobius (Owen Wilson) se disolvía en un trance inesperado. Cuando creíamos que nunca volveríamos a ver a Mobius lo encontrábamos de vuelta en un purgatorio donde también cohabitaban múltiples y míticas variantes de Loki.

Cuando creíamos que “Loki” era “Rick y Morty” con romance, el penúltimo episodio nos invitaba a pensar también en la mejor resurrección de “Perdidos”.

Cuando creíamos que la Señorita Minutos era amiga, resultó poder ser realmente turbadora.

En la última parada, la “Ciudadela al Final del Tiempo”, nuestros héroes han topado con el Mago de Oz de esta historia y (una variante de) un posible villano de la futura tercera parte de “‘Ant-Man”.

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