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Asturias exporta talentos

Ferrando llama a no perder “los trenes de la robótica y la alta computación”

“Tan importante como lo que enseñan los libros es la capacidad de reinventarse, aprender sobre la marcha y echarse al monte una y otra vez”

Adolfo Ferrando, en el laboratorio de investigación de la leucemia, en la Universidad de Columbia.

Adolfo Ferrando, en el laboratorio de investigación de la leucemia, en la Universidad de Columbia.

Adolfo Ferrando (Nueva York).  El praviano Adolfo Ferrando es doctor en Bioquímica y Biología Molecular, investigador especializado en hematología y oncología infantil en el Instituto de Genética del Cáncer de la Universidad de Columbia. Desde Nueva York, envía un consejo al joven emprendedor asturiano que quiera y pueda buscarse un futuro fuera de España: “Que mire hacia adelante sin ponerse límites a sí mismo”. 

Adolfo Ferrando

Adolfo Ferrando

El día más importante de la carrera del bioquímico y biólogo molecular Adolfo Ferrando fue hace 30 años: apareció sin avisar por el laboratorio de Carlos López Otín “con una revisión de Susumu Tonegawa, quien acababa de ganar el Nobel, que describía la recombinación del ADN en el gen de las inmunoglobulinas. Lo dejó todo a un lado, cogió el artículo y nos pasamos dos horas discutiendo. Su valía científica y personal es incuestionable”.

Ampliando horizontes: “El último año de residencia en Hematología hice una rotación de tres meses en la unidad de investigación y tratamiento de la leucemia del Hospital Hammersmith en Londres. Llegué allí sin saber dónde me metía y el primer día era uno más. Me pusieron a hacer estudios moleculares cuantitativos y citogenética molecular. El ritmo era frenético y a la vez cordial. Se trabajaba de ocho a seis, menos John Goldman, una leyenda del tratamiento de la leucemia que no se iba nunca antes de las diez de la noche y estaba ya en el fregado al llegar los más madrugadores. Al acabar cada jornada, todos al pub. Se hablaba más de ciencia que de fútbol y entre cerveza y cerveza a alguno le debí parecer listuco porque a la semana me invitaron a dar un seminario”.

En la pared “alguien escribió: ‘Think big, nobody ever heard of Alexander the Average’. Algo así como: ‘Piensa a lo grande, nadie oyó hablar nunca de Alejandro Mediano’, en referencia al emperador Alejandro Magno. Sin pensármelo dos veces allá fui. Al acabar, Goldman introdujo su primera pregunta con un: ‘Su presentación ha sido algo inesperado y singularmente excepcional’. El resto es historia”.

Lecciones norteamericanas: “El optimismo, que les hace creer y apostar como sociedad por la juventud y la innovación; el valor del mérito, la profesionalidad y la excelencia. El que vale, vale. Recuerdo la primera vez que un compañero me preguntó cuál era el secreto de los americanos. ¿Qué era lo que hacían allí que no teníamos aquí? Lo pensé un momento y mi respuesta fue: ‘Los jefes son los mejores’. Ha pasado mucho tiempo, la respuesta es la misma. Y la fuerza, el peso, la autoridad, la capacidad operativa y la eficacia de las instituciones públicas y privadas”.

“La prioridad más alta debe ser el cambio climático, ¿cómo va a afectar a Asturias?”

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Te vas con lo puesto “y sin saber dónde te metes. Estudias y trabajas y te formas pero a la larga te das cuenta de que tan importante como lo que te enseñaron los libros es la capacidad de aprender sobre la marcha, de reinventarse uno mismo, de quemar los muebles y echarse al monte, una vez y otra vez. Por el camino se aprende a creer en uno mismo, a aspirar a ser mejor, a aprender a construir, a reconocer el talento y la excelencia en los que te rodean y la capacidad transformativa de la ejemplaridad. Aprendes a ganar en las batallas que pierdes y a ganar mejor en las que ganas”.

La visibilidad exterior de Asturias “ha mejorado mucho. Quizá después de Barcelona, Madrid y San Sebastián es uno de los lugares más reconocibles en Estados Unidos, pero aún a bastante distancia. Los premios ‘Princesa’ y, sobre todo, el escaparate de la naturaleza asturiana marcan el perfil de Asturias fuera de España. Las recetas están escritas: apostar por la calidad y la sostenibilidad, la mejora de la infraestructura hotelera y hostelera e invertir en la marca Asturias. El obstáculo más importante es la distancia, el aislamiento. Asturias está muy lejos y en los últimos 20 años la distancia al menos desde Nueva York no se ha reducido. ¿Dónde están los vuelos? ¿Dónde está el tren?”.

Las soluciones a la realidad asturiana “no hay que buscarlas en Londres, en Nueva York, en Barcelona o en Roma. Hay que buscarlas en aquellas regiones que tienen un perfil similar. El camino que ha recorrido Asturias y el que le queda por recorrer lo han andado ya antes otros. ¿Cómo han afrontado ellos la posreconversión industrial? ¿Qué regiones con recursos similares han sabido desarrollar mejor nuevas industrias y crear riqueza a través del turismo y los servicios?”

Tengo 18 años. ¿Estudio primero inglés o chino? “Si tienes 18 años y te haces esa pregunta tienes un problema. A esa edad ya tienes que hablar inglés sí o sí y ya eres mayor para aprender con facilidad mandarín. Con 18 yo aprendería Phyton y JavaScript. También me apuntaría a un grupo de teatro y cogería una guitarra porque sí, por el arte, pero también para aprender a trabajar en equipo, dominar el hablar en público y cultivar la calidad y la precisión de lo que se aprende paso a paso”.

De la pandemia, Asturias puede sacar una lección de futuro, “y todos. El mundo ha cambiado de repente. Por un lado, muchos de los cambios asociados a la tercera revolución tecnológica, como la deslocalización del trabajo o la robotización de los sistemas productivos y de servicios, se han acelerado por la pandemia. También ha quedado expuesta la vulnerabilidad del mundo occidental asociada a la globalización y la externalización de los sistemas productivos. Esta transformación tecnológica y el imprescindible cambio del marco global de las cadenas de producción y distribución abren nuevos retos pero también nuevas oportunidades”.

Para los gobiernos la prioridad más alta “ha de ser la respuesta al cambio climático. ¿Cómo va a afectar a Asturias? Primero, el efecto de los cambios en temperatura y pluviometría en el medio ambiente: el incremento de incendios forestales en los montes, la elevación del nivel del mar en las costas, la pérdida de fiabilidad en el suministro de agua en la ganadería y el campo. Segundo, el impacto de los cambios en los sistemas de producción y suministro de energía en la industria y el transporte. Hay que afrontar los desafíos y aprovechar las ocasiones. Trenes a no perder en todos los campos: la robótica y la alta computación”.

¿Qué necesitaría la Universidad de Oviedo para pisar fuerte internacionalmente? “No hay recetas mágicas. Lo primero es decidir si la visibilidad internacional es un objetivo estratégico que sirva de vehículo para mejorar la financiación de los centros, la formación académica y la calidad de la investigación. Ojo, que no tiene por qué serlo. Si es así, entonces trabajas cada día para que ese objetivo se haga realidad. Cada iniciativa, cada decisión, cada contratación está condicionada a ese objetivo, en el gobierno de la Universidad, en el gobierno de cada facultad y en el gobierno de cada departamento. Estableces objetivos específicos y prioridades y para cada uno un plan de trabajo y un calendario. Luego, evalúas de manera crítica las medidas que funcionan y las que no, identificas obstáculos y oportunidades, premias y das recursos a quienes responden e incentivas mejor, o corriges, a quienes no. Si en lugar de la visibilidad internacional escoges otro objetivo estratégico, digamos fomentar la creación de nuevas empresas vinculadas a la Universidad, el camino es distinto e igual apuestas por incentivar la integración de los programas formativos, la generación de patentes...”.

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