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La excavación de Lucus Asturum revela indicios de trama urbana

El equipo que dirige Esperanza Martín amplía el ámbito de trabajo tras descubrir un edificio a apenas 15 centímetros de profundidad

“Lucus Asturum”, en busca del gran enigma arqueológico Amor Domínguez

El pasado romano de Asturias descansa a apenas quince centímetros de profundidad en unos terrenos próximos a Lugo de Llanera. Esa fue la profundidad a la que la arqueóloga Esperanza Martín y su equipo empezaron a hallar restos de muros de un edificio romano, presumiblemente de época altoimperial, en la nueva campaña de excavaciones encaminada a investigar el mítico enclave romano de Lucus Asturum. Un nuevo vestigio que se suma al encontrado en 2018, cuando Esperanza Martín y su equipo descubrieron los restos de un establecimiento termal.

Lo más importante de este nuevo hallazgo acaso no sea el edificio en sí, pese a que puede tener una relevancia crucial en el estudio del pasado romano de la región. Más crucial aún es lo que empieza a aflorar, en conjunto, sumando los hallazgos de esta excavación y los de aquella primera campaña, que se desarrolló en una finca anexa a la que alberga los actuales trabajos: lo que está aflorando en La Morgal es una trama urbana. A esa escasa profundidad, a apenas un palmo de la superficie, descansa un núcleo de población, de una naturaleza y una envergadura aún por concretar. Pero lo que está excavando Esperanza Martín no es una villa aislada, sino otra cosa.

“La orientación de estas nuevas construcciones recién descubiertas se corresponde con la percibida en las termas excavadas en 2018. Se sitúan en paralelo y perpendicular con aquel edificio, lo que no es anómalo: si hay un eje de circulación es normal que los edificios se sitúen en paralelo o perpendicular a la vía”, explica Esperanza Martín, que añade que “conjugando los trabajos de prospección geofísica con los resultados de las excavaciones, tanto de este año como de otras campañas, intuimos la presencia de una posible trama urbana”. Dicho de otro modo: aquel establecimiento termario y este segundo edificio probablemente estaban en la misma calle.

Por la izquierda: Ramón Rodríguez (director del RIDEA), Eva María Pérez (concejala de Cultura), Esperanza Martín (con su perro “Teebo”) y Gerardo Sanz, en el yacimiento.

Hasta el momento, los arqueólogos han exhumado tres estancias de este segundo edificio, además de un espacio de tránsito o de circulación con suelo hecho de latericio machacado, que respondería a un pasillo o un tramo de circulación interior del edificio. Los arqueólogos también han localizado lo que parece ser un pozo, y en los propios muros del edificio se pueden identificar distintas épocas constructivas. “Nos indica que hay varias fases de ocupación, y se ve cómo un muro se superpone a otro en algunas estancias: son ampliaciones. Hemos localizado un edificio principal y después lo que hay son estancias añadidas: lo que se ve es cómo se van superponiendo los muros, son estancias añadidas en fases de ocupación posteriores”, explica la arqueóloga.

El equipo de arqueólogos, estudiantes y voluntarios que dirige Esperanza Martín está encontrando además muchas más facilidades que en aquella campaña de 2018 en la excavación. “La preservación de los restos es francamente buena. Esto se debe a que hemos tenido la tremenda suerte de que esta parcela no ha sido muy afectada por las labores agrícolas, porque en esta finca se ha plantado de manera regular remolacha y ese tipo de plantaciones no requieren que el arado profundice mucho”, explica. De hecho, la excavación avanza a tan buen ritmo que el equipo ya ha ampliado el primer ámbito de trabajo, precisamente hacia la zona más próxima a la Ería de la Castañera, la finca en la que se realizó la primera excavación.

En cuanto a la datación de este nuevo hallazgo, la arqueóloga señala que los primeros indicios apuntan a una ocupación entre finales del siglo I y comienzos del II de nuestra era. A eso apunta la cultura material que los arqueólogos están recuperando en estos primeros días de excavación, aunque Esperanza Martín llama a la prudencia: “Hay que profundizar más, tenemos que hacer la datación en función de los suelos. Con un poco de suerte, incluso podríamos encontrar un vertedero que nos fije un poco más esa datación”, señala.

Como novedad, este año el equipo arqueológico reserva cada día un poco de tiempo, siempre a las 13.30 horas, para realizar visitas guiadas. En Lucus Asturum todos son bienvenidos salvo los furtivos, la lacra de las excavaciones arqueológicas.

Los trabajos en La Morgal se prolongarán hasta el 15 de agosto. Pero la búsqueda del mítico enclave romano no se cerrará con esta campaña, sino que el Ayuntamiento de Llanera, que financia las excavaciones, ha avanzado que seguirá invirtiendo en estas investigaciones, siempre en la medida de sus posibilidades pero de forma regular y continua, justo lo que necesitan los investigadores. “Los expertos nos dicen que aquí, debajo de esta tierra, hay algo muy grande”, señala. El regidor insiste que quiere mantener campañas todos los años, ya sean excavaciones o trabajos de laboratorio. “Tenemos cada año 18.000 o 19.000 euros en el presupuestos municipal para estas campañas, queremos descubrir la historia de nuestro municipio”, precisa Sanz.

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