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Adiós a la abuela de la Reina y gran voz de la radio asturiana | La despedida

Menchu Álvarez del Valle, para siempre en su “paraíso” de Sardéu

“Era muy entrañable, tenía don de gentes y mucha retranca”, resaltan los vecinos de la radiofonista, de 93 años y que llevaba tiempo aquejada de problemas respiratorios

Menchu Álvarez, con su nieta Letizia, actual Reina de España, en una de sus visitas a Sardéu en 2004, cuando aún era Princesa de Asturias. | E. P.

Menchu Álvarez, con su nieta Letizia, actual Reina de España, en una de sus visitas a Sardéu en 2004, cuando aún era Princesa de Asturias. | E. P.

La voz de Menchu Álvarez del Valle, abuela de la Reina Letizia, se apagó ayer para siempre. La popular radiofonista, de 93 años de edad, llevaba tiempo aquejada de graves problemas respiratorios que la obligaban a depender de una bombona de oxígeno casi todo el tiempo. En las últimas semanas su salud se había resentido aún más y apenas salía de su casa de Sardéu, donde aseguraba a menudo que había encontrado la felicidad, su “paraíso”. De hecho, había residido un tiempo en un piso en Ribadesella, mientras se realizaban arreglos en la vivienda de Sardéu, pero quiso regresar para pasar allí sus últimos momentos. Desde hace tiempo era su hija Henar quien la acompañaba.

Enamorada de Asturias, nunca quiso dar el salto a emisoras de mayor ámbito y renombre, pese a que tuvo numerosas ofertas

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Fuentes municipales aventuraron que se celebrará una ceremonia en la más estricta intimidad familiar, y que dentro de “unos días o unas semanas” habrá un funeral en su memoria, previsiblemente en la iglesia de El Carmen, donde ya se celebró el de su marido. Estas fuentes desconocen si será enterrada en el cementerio parroquial, donde descansan los restos de su hija Cristina, fallecida en 2001.

Menchu Álvarez del Valle, nacida en Santander, fue una de las voces más conocidas y populares de la radio asturiana. Enamorada de Asturias, nunca quiso dar el salto a emisoras de radio de mayor ámbito y renombre, pese a que tuvo numerosas ofertas. Trabajó durante más de cuatro decenios en cadenas como Radio Asturias, Radio Oviedo, La Voz del Principado, Radiocadena Española y Radio Nacional de España. Recibió el Premio Nacional de Radio, otorgado por la Academia de las Artes y las Ciencias Radiofónicas de España, y fue presidenta de la Asociación de Radiotelevisión de Asturias de 1974 a 1980. Se jubiló en 1990.

Menchu Álvarez del Valle, durante la emisión de un programa radiofónico.

Residió en Oviedo desde los 16 años hasta que se trasladó junto a su marido, José Luis Ortiz, fallecido en 2005 también por una afección respiratoria, a la pequeña aldea de Sardéu, a una casa construida en el lugar de La Arquera, en lo alto de una colina que domina todo el valle, con vistas al mar y al monte. Aseguraba que era “el paraíso”. Allí pasó muchos veranos en su infancia y juventud la Reina Letizia, que heredó de su abuela la pasión por el periodismo.

Aseguraba que Sardéu, adonde se fue a vivir junto a su marido, José Luis Ortiz, fallecido en 2005, era “el paraíso”

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El fallecimiento de la locutora causó honda tristeza entre los vecinos de la zona. “Era una mujer muy campechana, muy normal. Un día le dijeron unas vecinas a la salida de misa que llevaba un bastón muy guapo y contestó: ‘Sí, me lo regaló el Rey’”, relató un vecino de la parroquia de El Carmen, a la que pertenece Sardéu. Contaba estas cosas de forma “muy natural, como si el bastón se lo hubiera regalado un sobrino”, apuntó otra vecina de la zona, que destacaba el “excelente trato” que la abuela de la Reina tenía con todos los vecinos: “Era muy extrovertida, muy agradable, siempre con una sonrisa”.

José Miranda, quien fuera alcalde de Ribadesella, es uno de los vecinos más cercanos de Menchu Álvarez del Valle. Su propiedad de El Corveru está a apenas 500 metros de distancia de La Arquera. Antes de convertirse en abuela de la Reina, salía a pasear todos los días con su perro. Y el recorrido acababa, precisamente, en El Corveru. “Cuando Menchu era Menchu, y no la abuela de la Reina, teníamos mucho trato, con ella y con su marido. Tomábamos café, a veces en mi casa, a veces en la suya...”, narra. La boda de su nieta con el ahora rey Felipe VI modificó un poco sus rutinas, pero siguió siendo la misma de siempre: “Muy entrañable, afable y cariñosa. Amiga de relacionarse con la gente y superagradable. Tenía don de gentes, era una persona magnífica. No tengo más que buenos recuerdos”, resaltó Miranda.

Una patrulla de la Guardia Civil se acerca a la casa de Menchu Álvarez del Valle en Sardéu, ayer. | Ramón Díaz

Una patrulla de la Guardia Civil se acerca a la casa de Menchu Álvarez del Valle en Sardéu, ayer. | Ramón Díaz

El exalcalde aseguró que mantuvo hasta el final una mente “lúcida”, y que su único talón de Aquiles era su problema respiratorio, pese a lo cual nunca dejó de fumar. “Era una fumadora empedernida. Decía con gracia: ‘Si llegué hasta aquí fumando, seguiré hasta donde llegue fumando’”, rememoró Miranda.

El historiador y empresario Toni Silva tuvo mucho trato con Menchu Álvarez del Valle desde que, como presidente de una asociación turística local, le pidió algunos favores, a los que nunca se negó. “Era una persona muy directa, con mucha retranca”, cuenta. Silva recuerda un comentario que hizo cuando supo que iba a asistir a una boda real en Inglaterra: “¡Quién me verá codeándome con el ‘oreyes’!”, en referencia al Príncipe Carlos. “Así era ella y así se tomaba las cosas, con desenfado y mucha coña marinera”, señala Silva.

Cuando supo que acudiría a una boda real inglesa comentó con gracia: “¡Quién me verá codeándome con el ‘oreyes’!”

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En otra ocasión, Menchu Álvarez del Valle vio a Toni Silva muy delgado a causa de unos problemas médicos que lo obligaron a ponerse a régimen. Ella lo paró en la calle y le espetó con sorna: “Vaya, vuelves a estar en el mercado”. Siempre tenía una frase perfecta para provocar una sonrisa en el interlocutor.

Silva indicó que Menchu Álvarez del Valle era una “Agustina de Aragón de Oviedo”, porque “siempre tenía la escopeta cargada de ironía y siempre estaba dispuesta a colaborar en todo”. El historiador señaló que la abuela de la Reina hacía “muy buen equipo” con su marido, que fue representante de la marca italiana de máquinas de escribir Olivetti. Cuando ambos se encontraban en el supermercado, José Luis Ortiz tiraba de ironía: “Ya ves, antes en Olivetti y ahora en IBM, y veme a por esto y veme a por lo otro...”. Eran “una gran pareja”, añadió Silva.

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