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El caso excepcional de covid de un joven de 37 años: “Llegué a UCI vacunado y contagiado por segunda vez”

Alberto Lago recibió el alta hospitalaria el viernes tras pasar diez días en críticos

Alberto Lago Alvarado, ayer MARTA G. BREA

Alberto Lago Alvarado, ayer MARTA G. BREA

Alberto Lago Alvarado, un vigués afincado en Madrid, el resultado positivo en una prueba PCR antes de coger el vuelo para reunirse con sus familiares le obligó a pasar las navidades aislado en la capital con su compañero de piso. Asintomáticos. Al haber superado el covid, con la dosis de Pfizer que le pusieron el 5 de julio se considera que ya tiene la pauta completa y que, a los 7 días, está inmunizado. Así es que, cuando el jueves 15 de julio notó cierto dolor de garganta, lo atribuyó a su sensibilidad al aire acondicionado y cogió el avión que le iba a llevar a disfrutar de las vacaciones junto a su familia. Este joven, de 37 años, no se imaginaba ni por asomo que pudiera estar infectado otra vez y que la enfermedad se fuera a agravar hasta tal punto que acabara diez días en UCI.

“Si no, no hubiera volado”, aseguraba ayer en su primer paseo, tras salir el viernes del hospital y cumplir el plazo de aislamiento. Ha perdido 8 kilos, pero tiene aliento. En su recuperación puede que haya influido que, además, es deportista. Es tan raro su caso que en UCI piensan que el primero pudo ser un falso positivo.

“Por suerte”, al llegar a Vigo, el contacto con sus padres fue “mínimo”. “Venía muy cansado y me fui a dormir. Al día siguiente, me levanté con 39 grados de fiebre y ya no les dejé entrar en la habitación y me encerré”, recuerda. Costó que le hicieran la PCR porque se equivocaron con su teléfono al ser desplazado. Finalmente, se confirmó su positivo. El único, por que sus padres y su hermana –que lo fue a recoger al aeropuerto– fueron negativos. Lo saben porque se pagaron la prueba. Pese a advertir en el centro de salud que sus mayores son personas de riesgo, nunca les llegaron a llamar como contactos estrechos.

Es tan raro su caso que en UCI piensan que el primero pudo ser un falso positivo

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Alberto sabía que, pese a estar vacunado, se podía reinfectar. Con la fiebre pensó: “Bueno, no pasa nada, muchos lo superan solo con esto”. El problema es que no remitía y el domingo ya le costaba respirar. Fue a Urgencias, donde le atendieron “muy bien”. “Fue muy rápido”, narra. La placa mostró neumonía. “Vaya, soy de los que llegan a desarrollarla”, se sorprendió.

Pasó en planta un par de días, pero no evolucionaba bien. Lo llevaron a la unidad de cuidados intermedios COVID, con la que el Cunqueiro ha logrado evitar muchos ingresos en UCI. No fue su caso. Al día siguiente le comunicaron que iba a críticos. “¡Hostia, ya soy de los que están en UCI!” Y llegó el día en que le dijeron: “Creemos que te vamos a tener que entubar y dormirte cinco días, porque tus pulmones están inflamados”. Ahí fue cuando llegó a plantearse que igual no lo superaba. “Y si me entuban y ya no me despierto”, pasó por su cabeza. Estaba mal. Un simple bostezo le hacía “morir” de dolor.

Cree recordar que fue un fisioterapeuta el que propuso ponerlo primero en pronación –boca abajo– porque, en algunos casos, facilita una mejora que evita la entubación. Con él también funcionó. Fue mejorando.

“Estuve muy asustado, pero el trato del personal de UCI es exquisito. Me sentí muy cuidado y protegido”. Cuenta detalles como que no le apetecía comer algunas de las cosas que enviaban de cocina de Lugo y las enfermeras “conseguían lo que fuera para que comiera” y se lo daban ellas porque “los primeros días tragabas o respirabas”. “Se han desvivido”, resalta. También se aseguraban de que tuviera el móvil siempre accesible para que estuviera en contacto con su familia y tuviera algo con lo que entretenerse. “Pero estaba muy cansado y no me concentraba con nada”, recuerda. Las muestras de cariño de su entorno le llegaron hasta la UCI. Un amigo de Madrid incluso le hizo llegar un libro gracias a la colaboración de una librería de Gondomar y del servicio de Admisión del hospital.

Notó mucho el cambio en la atención al volver a planta. Fueron varios errores que le llevan a pensar que “no es casualidad”. Entre otras cosas, se percató de que no le habían puesto la heparina que siempre le administraban a las 21 horas para evitar los trombos. Sin consultarlo a un médico, le dijeron que era un cambio en el protocolo y que se la ponían por la mañana. Y, efectivamente, se la pusieron, pero luego por la noche vino un enfermero para volver a hacerlo. Se lo advirtió. “Menos mal que me avisas”, le respondió y esta vez sí consultó con el facultativo de guardia. Un error en Admisión llevó a que no constara que había salido de UCI y que, por tanto, la médico no le incluyera en su ronda. A las 12.30 a él le pareció raro y tuvo que ser su madre, enfermera, la que diera con el problema preguntando.

Alberto quiere dejar claro que agradece mucho la atención de todo el personal. “Me han salvado”. Pero considera que debe denunciar unos errores de los que él se ha percatado, “pero igual el mayor de la habitación de al lado no”. Los atribuye a la saturación de los profesionales y a la cobertura de las vacaciones con gente sin experiencia en esa planta.

El viernes salió del hospital, pero no pudo abrazar a sus padres hasta ayer, cuando le notificaron su negativo y terminó el aislamiento. “Fue lo primero que hice”.

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