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Mayte Uceda en la cresta de la ola literaria

La autora surca desde Cudillero el éxito de ventas con “El guardián de la marea”: “Vivir aquí es un privilegio”

Mayte  Uceda, en Cudillero.

Mayte Uceda, en Cudillero.

Mayte Uceda escribe desde Cudillero narraciones llamadas a coronar las listas de ventas. Su cuarta novela, “El guardián de la marea”, va camino de ello. Uceda, nacida en el concejo de Siero en 1967, se curtió primero en Amazon como autora de éxito. Y Planeta apostó por ella. Su nueva creación nació cuando descubrió el naufragio del transatlántico español “Valbanera”, un suceso que desconocía. Esta tragedia representa nuestra mayor catástrofe de la navegación comercial, con 488 víctimas condenadas al olvido social e institucional. Decidí en ese momento que escribiría una novela donde mis personajes viajarían en esa última travesía del barco. La intención era darlo a conocer, que más personas conocieran su historia”.

El “Valbanera” se hundió en 1919 en las costas de Florida, y debía desarrollar la novela en esa época. No es historiadora, “así que fue un arduo trabajo de documentación. Según iba investigando fui encontrando un contexto histórico dramático pero apasionante desde el punto de vista literario, con la gripe española y los efectos de la Primera Guerra Mundial en las islas Canarias”.

El desdichado “Valbanera” era “un barco de pobres, emigrantes que se aventuraron a cruzar el océano en busca de un futuro mejor. Tres años antes, en 1916, se había hundido el ‘Príncipe de Asturias’, un barco de la misma compañía que el ‘Valbanera’ y cuyo hundimiento dejó más huella en la sociedad ya que en él viajaban algunas personalidades importantes. El ‘Príncipe de Asturias’ era un barco de lujo, era nuestro ‘Titanic’ y, aun así, tampoco se conoce mucho su naufragio. Los anglosajones son muy buenos potenciando su historia”.

El marino alemán Hans y Marcela, la chica canaria que cura sus heridas, están unidos por “la soledad. Él es un náufrago, no habla el idioma de quienes lo acogen, ignora sus intenciones, pero está en sus manos. Ella es huérfana de madre, vive con una familia que la ignora y que la utiliza para lavar, cocinar y espantar pulgas. Cuando Marcela tiene que hacerse cargo de Hans, descubre a un hombre culto que parece tener una sensibilidad especial hacia sus estados de ánimo. Es un desconocido y, sin embargo, parece comprenderla mejor que nadie”.

Marcela se siente sola y con una “terrible falta de afecto. Su padre y su hermana la hacen responsable del fallecimiento de su madre, que murió al nacer ella. El único que le hace caso en su casa es su primo Gaspar, pero sus intenciones son mezquinas. Es una muchacha muy joven cuando arranca la novela, tiene 15 años. Aun así, sabe lo que quiere, desea viajar a La Habana para ir a conocer a su otra hermana, a la que siente a través de sus cartas como un ser sensible y cariñoso. Pero es cierto que, en lo concerniente a Hans, al principio se muestra desconcertada, ve en él algo heroico y terrible al mismo tiempo. Los submarinos alemanes son los responsables de que ellos sufran carencias de todo tipo, lo culpa de ello y, sin embargo, no puede evitar enamorarse”.

El confinamiento y la pandemia afectaron a la novela en dos aspectos: “La fecha de publicación, prevista para la primavera o el verano de 2020, y el manuscrito final. Al tener un año por delante realicé algunos cambios. Digamos que, a pesar de todo, la novela salió reforzada del retraso forzoso”.

Manuela soñaba con ir a La Habana, ¿y Mayte Uceda? “En lo personal, siempre pienso: ‘Virgencita, que me quede como estoy. Salud, salud y salud para todos’. En estos tiempos que corren es lo más importante. En lo profesional, sueño con seguir escribiendo historias que enganchen a los lectores”.

¿El amor lo cura todo? “Y si no lo cura, ayuda mucho. Tener personas alrededor que te quieran y a las que querer da fuerzas para enfrentarse a los desafíos de la vida. No importa si tu trabajo es un asco, si no consigues alcanzar la meta que te has propuesto, si este año tampoco puedes irte de vacaciones... Si amas y te aman, y aquí englobo el amor universal: pareja, familia, amigos, incluso mascotas, uno siente que puede soportarlo todo”.

“Palmeras en la nieve” y “El tiempo entre costuras” fueron éxitos de ventas gigantescos. ¿Algo en común con “El guardián...”? “Tal vez tienen en común que se desarrollan en escenarios exóticos y que tienen una carga histórica muy importante. Me halaga que se compare ‘El guardián de la marea’ con dos novelas que tuvieron y tienen tanto éxito, y es cierto que todo lo que triunfa siempre genera patrones a replicar. Sin embargo, reconozco que fue algo que no me planteé. En mi caso, la historia que quería contar se cruzó en mi camino, cuando ya llevaba meses trabajando en otra novela, y decidí que tenía que escribirla”.

Hay algo de ella en todos sus personajes, “también en los malvados, porque, incluso para estos, uno tiene que hacer un ejercicio de reencarnación, dejar a un lado tus valores y tus principios y dar rienda suelta al instinto primitivo y egoísta que todos llevamos dentro. Es divertido, aunque, a veces, mentalmente extenuante”.

Inevitable hacer un paralelismo con la gripe española: “Escribí los capítulos dedicados a ella antes de que apareciera el covid-19 y cuando volví a leerlo durante el confinamiento se me erizó la piel”. Su interés por las gentes del mar viene de su padre, que sirvió dos años en el crucero “Canarias” en los años sesenta. Mis hermanos y yo crecimos escuchando sus aventuras a bordo. Después me casé con un pixueto. En Cudillero todo tiene que ver con la mar. Cuando vives en un lugar así, las historias de mar, de galernas y naufragios, forman parte del día a día”. Un día cambió Madrid por Cudillero: “La vida en Madrid es veloz y un poco caótica, y a mí me gusta la tranquilidad, los sitios pequeños, con la mar cerca donde poder respirar salitre en cualquier época del año. Vivir en esta villa marinera es un privilegio”.

Su actual proyecto literario arranca en Asturias... “Pero de eso podemos hablar dentro de un tiempo”. Trato hecho.

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