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La agresión homófoba que nunca existió

El joven que aseguró que le habían atacado ocho encapuchados no será procesado por denuncia falsa al no acusar a ninguna persona

Bicicletada en defensa del colectivo LGTBI en Gijón. | Marcos León

Bicicletada en defensa del colectivo LGTBI en Gijón. | Marcos León

Denunció una agresión homófoba y luego reconoció que se lo había inventado todo. Un joven de 20 años, de origen francés y nacionalidad española, movilizó a la sociedad al denunciar que un grupo de encapuchados le habían abordado en el barrio madrileño de Malasaña y le habían grabado la palabra “maricón” en una nalga. Al final todo era una invención. Pasada la tormenta y en una segunda declaración ante la Policía, reconoció que incluso las heridas que tenía en su cuerpo fueron consentidas por él: “Las dos personas con las que estaba me rompieron la gorra, la camiseta y me hicieron los cortes. Fue consentido, no quiero dar detalles ni testificar sobre estas personas”.

Como adelantó Prensa Ibérica, grupo editor de LA NUEVA ESPAÑA, el denunciante realizó prácticas sadomasoquistas en el pasado. De hecho, la semana pasada aún figuraba un anuncio con sus datos en una página web de prostitución masculina, según explicaron fuentes de la investigación. La investigación policial localizó a una antigua pareja suya que ahora vive en Alemania y les ratificó ese dato. También, que ambos habían pasado un año juntos en Berlín, donde este hombre le había iniciado en ese tipo de prácticas sexuales.

En su primera declaración, el joven aseguró que le habían atacado ocho personas encapuchadas a los que dejó entrar en su portal y que le insultaron mientras le agredían. Incluso apuntó ante la policía que podía tratarse de un grupo de “latinos” por el tipo de insultos y el tono de las voces que había escuchado. De ahí que a la investigación se sumaran los especialistas en bandas latinas de la Policía Nacional.

La investigación de la Policía Nacional reveló que la supuesta agresión no había quedado registrada en ninguna cámara de seguridad de los comercios y locales cercanos. Tampoco en las cámaras de las bocas de metro más próximas. Ni en las cámaras de seguridad del Tribunal de Cuentas, situado cerca del lugar de la supuesta agresión. Los agentes interrogaron a decenas de vecinos que estaban en la zona. Ninguno había visto ni oído nada.

El joven había asegurado además que una ciudadana había sido testigo y le había auxiliado tras el ataque. La policía localizó a la mujer, de origen chino, que también desmintió esa historia.

La difusión de la denuncia generó un debate político y una movilización ciudadana contra los delitos de odio y las agresiones homófobas. Partidos políticos y personajes conocidos se enzarzaron en discusiones y responsabilidades. Sin embargo, en la tarde del miércoles, tan solo tres días después de la supuesta agresión, los investigadores consiguieron que el joven reconociera la falsedad de su declaración y su versión cambió radicalmente, hasta el punto que lanzó un mensaje a la comunidad LGTBI: “Quiero decir a todo el colectivo gay, especialmente a los de Madrid, que sigan siendo fuertes y rebeldes. Seguros pero precavidos, en discotecas y en el uso de aplicaciones de citas, que se aseguren que (quedan) con personas de fiar. Pero que tengan claro que no hay ocho asaltantes como los que dije al principio”.

Engaño a su pareja

Fuentes del caso explicaron a este medio que el joven no tenía la intención de denunciar, pero que fue su actual pareja, con la que convive junto a otro joven, la que le instó a hacerlo tras comprobar sus lesiones. Ambos salieron a la calle el mismo domingo y al ver un coche policial patrullando la zona se decidieron a denunciar los hechos.

El juez decidirá si acusa ahora al joven de una simulación de delito, que puede castigarse con una multa. No será procesado por denuncia falsa, castigada hasta con dos años de prisión, según explican fuentes del caso, porque no acusó a ninguna persona en concreto de ser su agresor.

Ha sido muchas las voces que han pedido que este caso de denuncia de una agresión que no fue tal no oculte otros agresiones que sí son reales y que sufren los miembros del colectivo LGTBI.

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