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Una asturiana participa en el mayor estudio del comportamiento de los primates

El trabajo revela que hay hembras que expresan dolor portando durante meses a su cría muerta

Algunas madres primates pueden expresar dolor por la muerte de su cría transportando su cadáver durante meses. Este es uno de los principales hallazgos que recoge el mayor estudio hecho hasta la fecha sobre el comportamiento de los primates y que tiene sello asturiano. La coautora de la investigación, publicada ayer en “Proceedings of the Royal Society B”, es la gijonesa Elisa Fernández Fueyo, graduada en Biología por la Universidad de Oviedo y que en la actualidad cursa un máster sobre Evolución y Comportamiento Humano en la University College London.

La asturiana y la investigadora de la institución londinense Alecia Carter sugieren en su trabajo que las madres de primates pueden poseer una conciencia o ser capaces de aprender sobre la muerte con el tiempo. “Nuestro estudio indica que los primates pueden aprender sobre la muerte de manera similar a los humanos. Lo que no sabemos, y tal vez nunca lo sepamos, es si los primates pueden entender que la muerte es universal, que todos los animales, incluidos ellos mismos, morirán”, explica la antropóloga Alecia Carter.

Según la investigación, el 80% de la especies realizan transporte de cadáveres y ocurre con mayor frecuencia en los grandes simios y los monos del Viejo Mundo, así como en madres jóvenes que han perdido a sus hijos en episodios no traumáticos. “También demostramos –detalla la gijonesa Elisa Fernández Fueyo– que las madres que estaban más unidas a su bebé al morir llevaban el cadáver durante más tiempo. Y que las primates pueden obtener una mejor conciencia de la muerte y, por tanto, decidir no llevar a su bebé muerto con ellas incluso si todavía pueden experimentar emociones relacionadas con la pérdida”.

Asimismo, continúa Fernández Fueyo, “descubrimos que los vínculos sociales humanos son similares en muchos aspectos a los de los primates no humanos. Por lo tanto, es probable que las prácticas mortuorias humanas y el dolor tengan su origen en lazos sociales”. En total, las investigadores analizaron 409 casos en 50 especies diferentes de mamás primates.

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