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Crisis del coronavirus

La fatiga pandémica, la otra secuela del coronavirus

La bajada en los niveles de ingresos o la pérdida de empleo, restricciones continuamente cambiantes, el miedo a contraer una enfermedad potencialmente mortal o a perder a un ser querido por esta causa y los duelos por pérdidas suponen un auténtico desafío para la salud emocional y mental

Un hombre con depresión oculta su rostro entre sus brazos.

Aunque la vacunación masiva permite entrever la luz al final del túnel, lo cierto es que más de un año y medio de pandemia está teniendo un fuerte impacto en la vida de gran parte de la población. La bajada en los niveles de ingresos o la pérdida de empleo, restricciones continuamente cambiantes, el miedo a contraer una enfermedad potencialmente mortal o a perder a un ser querido por esta causa y los duelos por pérdidas suponen un auténtico desafío para la salud emocional y mental. Quien más y quien menos se siente desmotivado y cansado ante una situación tan incierta, grave y prolongada que nos ha obligado, incluso, a cambiar de hábitos y a reducir nuestras relaciones sociales a lo indispensable.

Es lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) denomina ‘fatiga pandémica’, un fenómeno que provoca mayor estrés, insomnio, cambios de humor, enfado, hastío, problemas de concentración y sentimientos de angustia y ansiedad. Además, cuanto mayor es el agotamiento, más aumentan el desgaste físico y emocional. Según los datos de una encuesta de la OMS, la fatiga emocional está afectando al 60% de la población europea.

Los especialistas explican que los cambios de humor y las emociones negativas son naturales en una situación como esta y que no hay que intentar reprimirlos, aunque sí aceptarlos y aprender a manejarlos. “El COVID-19 ha desorganizados nuestras vidas y estamos emocionalmente agotados. Estamos con rabia, con rabia, con desesperación, frustración... y quedarnos anclados en esas emociones tampoco nos ayuda”, afirma Ana Núñez, psicóloga sanitaria y coordinadora del Grupo de Intervención Psicolóxica en Catástrofes e Emergenxias (GIPCE) del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG). Esta especialista da algunos consejos para hacer frente a la fatiga pandémica y en caso de que persista el malestar emocional, recomienda pedir ayuda profesional.

1. Evitar la sobreinformación

No se trata de no estar informados, pero sí de evitar que el coronavirus se convierta en el monotema. “Durante el confinamiento, el COVID centraba todos los informativos y programas y estar todo el día con noticias negativas o poco halagüeñas puede afectar incluso a la calidad del sueño, sobre todo a últimas horas del día. Ahora que el COVID ya no está presente en todo, deberíamos desconectar de tanta pantalla y de tanta información y sustituirlas por actividades sanas, como salir a pasar o quedar con amigos”, comenta.

2. El cuidado personal

Andar en casa todo el día en pijama no ayuda a levantar el ánimo precisamente. “Es muy importante no abandonarnos y vernos bien cada día. El simple hecho de arreglarse y no salir en chándal o con una mallas ya hace que, psicológicamente, nos sintamos mejor”, dice.

3. Realizar actividades gratificantes

“El tiempo de ocio es el gran afectado de esta pandemia. Aún hay muchas actividades que no se han recuperado y que nos sientan bien porque nos ayudan a romper con la rutina y nos recargan de energía”, explica la psicóloga sanitaria, que añade que las personas que abandonaron los buenos hábitos que tenían están acarreando más problemas psicológicos y emocionales que quienes los mantuvo.

4. Aceptar las emociones

Sentir miedo ante esta situación como esta es normal, pero nunca puede impedirnos hacer vida normal. “El miedo es una emoción adaptativa que surge para que nos protejamos, pero no puede bloquearnos. Las medidas de seguridad que seguimos y las noticias sobre que el número de contagios está bajando deben tranquilizarnos”, explica.

5.Tratarse con amabilidad

A veces, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Tratarnos con menos dureza reduce el malestar emocional. “Muchas veces nos culpabilizamos a nosotros mismos. Nos contagiamos y nos martirizamos con preguntas como ¿por qué hice esto? o ¿por qué no haría lo otro? Y sí, nos hemos contagiado, pero no lo hemos hecho a propósito”, asevera.

6. Un estilo de vida saludable

Cuidar la alimentación y mantener los horarios de las comidas, hacer alguna actividad física y no restar horas al sueño afectan al estado de ánimo. “Muchas personas han alterado sus comidas, sobre todo durante el confinamiento. Comían a las cinco, a las seis... Sin embargo, mantener unas rutinas horarias nos ayuda a tener la sensación de control sobre nuestras vidas, una sensación que nos ha quitado esta pandemia y que necesitamos para sentirnos bien. Sin control vivimos en la incertidumbre y la incertidumbre la toleramos bastante mal”, explica.

7. Fomentar las relaciones sociales

Mantener el contacto con familiares y amigos, ya sea de forma presencial, guardando las medidas de seguridad, o de forma digital a través de las redes sociales o los servicios de mensajería, nos ayuda a no sentirnos solos. “Los seres humanos somos seres sociales, necesitamos relacionarnos con los demás para estar emocionalmente bien”, afirma la coordinadora del GIPCE.

"El ocio es el gran afectado de esta pandemia"

Ana Núñez - Psicóloga sanitaria

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Los jóvenes, uno de los colectivos más afectados

Si el estrés, el cansancio, la rabia, la angustia y la ansiedad perduran en el tiempo y, sobre todo, si este malestar comienza a interferir en el desarrollo normal de la vida cotidiana, lo mejor es acudir a un especialista de salud mental. “Cuando los pensamientos negativos entran en bucle tenemos una visión en túnel y no vemos que hay otras opciones y no solo eso que vemos tan negativo. Cuando esto es así, lo mejor es pedir ayuda”, explica Ana Núñez. Reconoce esta psicóloga que cuando comenzó la pandemia no se podía prever el impacto emocional que podría tener en la población, ya que no había experiencia previa.

“Las personas tenemos nuestra propia resiliencia, nuestra propia capacidad para poner en marcha nuestros propios recursos para hacer frente a una emergencia, pero también estamos viendo cómo a los jóvenes, que al principio parecían que eran los que mejor se estaban adaptando a las medidas restrictivas, esta situación les es está impactado muchísimo”, afirma.

En España, el 40% de las personas presenta síntomas graves o moderados de depresión como falta de interés, desesperanza o decaimiento, según el estudio “Malestar psicológico derivado del COVID-19” elaborado durante la segunda ola por el Consejo General de la Psicología de España.

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