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Airam Hernández Tenor, interpreta en Oviedo la ópera “La flauta mágica” de Mozart

“El universo de ‘La flauta mágica’ se genera en la mente de mi personaje, Tamino”

“Mozart nos atrapa con melodías pegadizas pero al profundizar aparecen la simbología y un sinfín de aspectos filosóficos”

Airam Hernández, en el teatro Campoamor Luisma Murias

El tenor tinerfeño Airam Hernández debuta como Tamino en la Ópera de Oviedo. Lidera el primer reparto artístico de “La flauta mágica”, de Mozart, el segundo título de la presente temporada lírica, que se estrenará en el Teatro Campoamor de Oviedo el próximo 8 de octubre. Su personaje, Tamino, adquiere aún más peso en la nueva producción operística que dirige Albert Estany. La temporada 2021-2022 es especialmente significativa para Airam Hernández porque supone una “vuelta a casa”, ya que sus compromisos profesionales se centran ahora en los escenarios españoles, tras desarrollar una carrera internacional durante varios años.

–¿Cuáles son las claves principales de “La flauta mágica” que se podrá ver en el Teatro Campoamor?

–La principal característica de esta “Flauta Mágica” es que está ambientada en el mundo del teatro. Recreamos un “teatro dentro del teatro”, un recurso bastante común en diversos títulos operísticos. Lo más destacado de esta puesta en escena es que todo el universo de “La Flauta Mágica” se genera en la mente de Tamino, mi personaje, que es un técnico recientemente contratado por el teatro, que comienza a confundir las escenas de realidad y ficción.

–Poniéndose en la piel de Tamino, ¿qué le aporta esta nueva producción de la Ópera de Oviedo a su visión del personaje?

–El Tamino que concibió Mozart representa idealmente al hombre que aspira a ser iniciado en el camino hacia la sabiduría. Hay mucha simbología masónica y mucho trasfondo filosófico en este título operístico. Podríamos decir que hay una verdadera transformación del personaje a través de la superación de ciertas pruebas propuestas por los maestros del templo. La concepción de esta producción de Albert Estany como director de escena me ha permitido extrapolar como artista el concepto de transformación del personaje a un ámbito más cotidiano y cercano para mí, como es el mundo del teatro, aportándome una visión mucho más terrenal y actualizada de lo que se supone debiera ser un correcto desarrollo personal de cada individuo acorde a su contexto.

–¿Cuáles son las virtudes y las dificultades de interpretar a un personaje como Tamino?

–Es un rol que ha sido interpretado por diferentes tipos de tenores. Para mí, quien interprete Tamino debe poseer una voz con cierto lirismo y rotundidad que le permita abordar los pasajes de carácter heroico, respetando la pureza y la sencillez de la línea clásica. Es importante contar con un buen equilibrio dramático en los recitativos, y debe ser una voz dúctil, con facilidad técnica, que cuente con una gran capacidad para entender los balances sonoros en los números de conjunto. La palabra clave para mí es la templanza.

–¿Por qué cree que “La flauta mágica” atrae tanto al público?

–“La Flauta Mágica” tiene muchas lecturas en diferentes capas. En las superficiales, Mozart nos atrapa con melodías reconocibles y pegadizas, enmarcadas en un halo de fantasía, pero a medida que profundizamos, nos encontramos con un sinfín de aspectos filosóficos y simbología magistralmente enraizada en la música. Esto da la oportunidad a cualquier tipo de espectador a disfrutar de la obra, ya sean aficionados o eruditos en la materia. Y ésa es, para mí, la verdadera magia de “La Flauta Mágica”.

–Los roles que interpreta no encajan en un único estilo determinado, ¿podría dar algunos detalles sobre cómo los elige?

–En primer lugar, es importante apuntar que existe un amplio espectro de roles que podría interpretar un tenor lírico con cierta coloratura, como yo, lo que me permite una mayor libertad a la hora de escoger los proyectos en los que me involucro. Antes de descartar una propuesta profesional, si es una obra que previamente no he cantado, me informo sobre la misma, cotejo con algunos especialistas en la materia y hago una lectura superficial de la misma. Si considero que vocalmente se adecúa a mi voz y el proyecto en sí me resulta interesante, lo acepto. En cualquier caso, siento especial predilección por el repertorio mozartiano y el belcanto.

–Ha participado en recuperaciones de partituras y estrenos de varias óperas, ¿qué le diría a esos aficionados más tradicionales que no se salen del canon y creen que la ópera termina con Puccini?

–Tanto la recuperación de partituras como el estreno de una ópera contemporánea tienen para mí un factor común denominador: una nueva creación es compartida por primera vez con el mundo e independientemente de si tiene una gran acogida o no en su estreno, puede que llegue a ser considerada una obra trascendental en la música. Y ese evento, yo personalmente no quiero perdérmelo. La música contemporánea es el legado de nuestra generación y lleva impresa la identidad de nuestra sociedad. No puedes obligar a nadie a que escuche un tipo de música. Pero si alguno siente la curiosidad, lo que le aconsejaría es que trate de entrar poco a poco en ella, escogiendo para iniciarse obras en las que la temática pueda interesarles, como harían cuando escogen una película o un libro.

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