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El Rey llama a un futuro de superación y solidaridad: “Nos mueve la esperanza”

Tres minutos de ovación a los creadores de la vacuna del covid, la gracia de José Andrés y la fuerza de Steinem marcan la ceremonia en un Campoamor remozado

Felipe VI elogia la capacidad de superación de los españoles: "La crisis nos ha hecho ver una población fuerte, responsable y solidaria"

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Felipe VI elogia la capacidad de superación de los españoles: "La crisis nos ha hecho ver una población fuerte, responsable y solidaria" Chus Neira

Los Premios volvieron ayer al teatro Campoamor tras la edición covid sin apenas ceremonia del año pasado, y ese regreso sirvió para escenificar un mensaje de reconstrucción, superación, futuro y esperanza tras la pandemia. El propio Rey, Felipe VI, lo recalcó: “Regresar aquí significa mucho, significa reemprender nuestro camino”. Esa idea de esperanza, una esperanza global y transversal, no solo sanitaria, también económica, social y de género, presidió la ceremonia de entrega con más énfasis que otras veces. “Es la esperanza lo que nos mueve”, resumió Don Felipe.

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Galería: así ha sido la ceremonia de entrega de los Premios "Princesa de Asturias" en el Campoamor Agencias

Los Premios siempre apelan a la solidaridad y el futuro mejor, pero esta vez, sin apenas connotaciones políticas patrias en la ceremonia ni épica asturianista más allá del “culín” que deseó José Andrés para calmar los nervios del discurso o la nostalgia anticipada de la Princesa Leonor ante la perspectiva de volver a Gales –“echaré mucho de menos esta tierra”–, toda la carga emocional de la fraternidad y la capacidad de superación a través de la solidaridad sonó más fuerte y más claro. En el caso concreto del premio “Princesa de Asturias” de Investigación Científica y Técnica a los siete científicos de las vacunas del covid, sonó exactamente a ovación de tres minutos y dos segundos, una de las más largas de las últimas ediciones. Se inició cuando Katalin Karikó, Drew Weissman, Philip Felgner, Ugur ŞSahin, Özlem Türeci, Derrick Rossi y Sarah Gilbert se dirigieron a recoger el galardón de manos de la Princesa; se creció cuando la vicepresidenta del Gobierno, Nadia Calviño, se puso en pie para reforzar el aplauso, seguida al segundo por la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, y al siguiente por todo el teatro, y se interrumpió solo cuando la propia Karikó regresó abrumada a su sitio.

La de las vacunas fue la solidaridad más presente en la ceremonia, la solidaridad científica, la capacidad de los investigadores para poner conocimientos en común y para mejorar el futuro de la humanidad. En su intervención, Karikó habló de esa superación que guía su trabajo. “Los experimentos nunca fallan”, dijo citando a Leonardo da Vinci, “tus expectativas, sí. No nos detuvimos ante el fracaso, sino que lo usamos para impulsarnos a pensar de forma crítica. Nuestra esperanza ahora es inspirar a la próxima generación de científicos, médicos y trabajadores sanitarios. Mantened la curiosidad, haceos preguntas y mantened el rumbo sin importar cuán sinuoso pueda ser el camino por delante”.

La solidaridad de género la protagonizó Gloria Steinem, premio de Comunicación y Humanidades, cuando habló de las marchas de mujeres, en Nueva York y en las principales ciudades del mundo: “Vuelvo a sentir esperanza. Y la esperanza es una emoción muy rebelde”.

El Rey recuerda a La Palma en su discurso en Oviedo: "Nos han pedido que no les olvidemos y así será, no les olvidaremos" Amor Domínguez

La solidaridad ante los desheredados, los olvidados, los que no tienen qué comer, la sirvió el chef José Andrés y su World Central Kitchen. “Las personas sin voz y sin rostro”, dijo el premio de la Concordia, necesitan a personas que las traten como personas. Esas personas no quieren nuestra limosna, quieren nuestro respeto y su dignidad. Y ese es el poder que tiene un plato de comida”.

Y hasta solidaridad ante el prójimo en la peor de las adversidades la trató el escritor Emmanuel Carrère al recrear el infierno de los atentados de los radicales islámicos en París del 13 de noviembre de 2015, un asunto en el que está trabajando diariamente en el juicio que ahora se celebra: “Prácticamente sólo se nos han descrito ejemplos de ayuda mutua, de solidaridad, gestos a menudo heroicos. Muchos se reprochan haber pisoteado a otros mientras trataban de huir; ninguno de los pisoteados se lo reprocha a otros. Todos procuraron proteger al hombre o a la mujer amada, pero algunos hicieron algo más: arriesgar la vida para proteger a desconocidos. Es un misterio que por momentos convierte lo que es abominable en una infinita exaltación”.

Todas esas caras solidarias hablaban de la capacidad del ser humano para levantarse después del golpe, y para hacerlo colectivamente. La idea de que el regreso al Campoamor era un ejemplo de que hay vida después del covid, se ejemplificó con un aniversario escondido pero revestido. Solo el Rey aludió a los “recuerdos de 40 años” y citó el término “a quo” del “desde 1981”, pero, por lo demás, la vuelta al Campoamor cumplió la promesa de cambiarle la cara al teatro y a la ceremonia. Desde la nueva geometría de la plaza de entrada, sin farola que estropee tiros de cámara a TVE, hasta la alfombra de 79 metros de la calle al fondo del escenario, con más profundidad este año, todo olía a coche recién salido del concesionario. Revistieron las columnas de moqueta azul Príncipe y hasta hubo una pantalla gigante, aunque solo se descolgó en los prolegómenos, para amenizar la espera con un vídeo promocional que interrumpió el hilo musical de la suite para cuerdas de Leos Janacek.

En una edición más encorsetada por el covid, gaiteros y gaiteras de la Real Banda de Oviedo se colocaron en el gallinero y en el arranque de la ceremonia 22 miembros de la sección de cuerdas de la Oviedo Filarmonía, 11 hombres, 11 mujeres, interpretaron una versión sinfónica del himno nacional. Antes, a la Reina emérita ya le habían dirigido el primer aplauso y en la llegada de premiados los científicos habían dejado ver que eran los preferidos y Gloria Steinem, que sus años no le habían quitado una presencia escénica de espíritu libre y divertido.

Así ha sonado el himno de Asturias en la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias

El presidente de la Fundación Princesa de Asturias, Luis Fernández-Vega, fue el primero en hablar y sentó ya las líneas maestras del contenido de este año. Dijo que otras epidemias no habían impedido el progreso de la humanidad: “Y esta no detendrá el deseo de conocer y de investigar”. También fue el primero en hablar de “esperanza”, a través de la definición de Julio Cortázar –“es la vida defendiéndose”– y en darse el justo autobombo: “Resulta admirable que en tiempo de pandemias, crisis, menosprecio de la palabra y ocultación de valores, podamos realizar un proyecto tan excelso como éste”.

El primer premiado en tomar la palabra fue Carrère, y aunque de sus palabras se extrajeron lecciones de superación al hilo de la tragedia del Bataclan, también aprovechó para alentar los rescoldos de su fama de “enfant terrible” con unas alusiones bastante irónicas sobre las propias circunstancias de elaboración del discurso y las peticiones que le había hecho la Fundación, ante el primer borrador, de que intentara ser más “inspirational”, citó en inglés.

Gloria Steinem ofreció, en cambio, un discurso redondo, muy bien escrito. No fue irónica pero habló de lo que falta por hacer y de las maravillas que ya están hechas. De cómo “más hombres confinados en su casa empezaron a conocer a sus propios hijos y a descubrir lo que implicaba el cuidado de los niños a tiempo completo” y de cómo “la risa es una prueba de libertad”.

Teresa Perales fue el desparpajo y la única aplaudida en el discurso del Rey. Ella habló de su vida de superación y lanzó un mensaje para niños y no tanto: “No hay que esperar a que alguien nos diga lo que va a pasar o lo que debemos hacer. Hay que pensarlo o soñarlo. Decidir tú lo que quieres e ir a por ello. Con decisión. Sin dejar que los obstáculos te impidan, al menos, intentarlo”.

Emotivo discurso de Teresa Perales, Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2021 Agencia ATLAS | Foto: EFE

El momento de repartir los premios, sin apretones de mano, no ofreció fuegos de artificio. Marina Abramovic fue la más ceremoniosa, recorriendo más escenario y dirigieron más miradas; la directora de la ONG Camfed, Lucy Lake, y su consejera ejecutiva, Fiona Mavhinga, se cogieron de las manos y José Andrés, puro nervio, señaló al público al modo cowboy, como si repartiera el galardón por el patio de butacas. Después le tocaría hablar, y junto a sus experiencias solidarias por el mundo, también en La Palma, cita constante a lo largo de toda la noche, ofreció algunas recetas: “Debemos salvar el medio ambiente y acabar con el hambre si dejamos de desperdiciar el 40% de los alimentos que producimos. Debemos mejorar la salud y ahorrar dinero si a diario proporcionamos a nuestros niños y personas mayores comidas nutritivas y sanas. Podemos llevar estabilidad y paz a distintas partes del mundo, pero solo si primero nos aseguramos de que las familias tienen alimento en la mesa”.

Karikó dio alguna esperanza a los enfermos que esperan por nuevas vacunas y luego ya la Princesa Leonor habló como la estudiante de bachillerato en el extranjero que es. “Proyectáis sobre nosotros, sobre los más jóvenes”, les dijo a los premiados, “la certeza de que también tenemos mucho que aportar, que podemos ser importantes y mostrarnos responsables para tratar de pensar en un futuro más sostenible, más justo, mejor para todos”.

El Rey despidió el acto con alguna vaga alusión a los pilares de la España democrática pero más metido en otras harinas. Su discurso, tuvo 342 palabras más, 2.896 en total, y las más repetidas fueron “mujeres”, “camino” y “esperanza”. Además del aplauso a la solidaridad, también hubo un toque de atención. De la pandemia, vino a decir, se sale con cautela: “Esta crisis”, remató, “nos ha hecho ver de nuevo una sociedad española fuerte, responsable, madura, solidaria y con gran capacidad de superación. Y esto es algo de lo que debemos sentirnos orgullosos; pero no es suficiente. En momentos decisivos para nuestro futuro como los que atravesamos, necesitamos la serenidad y el sosiego que den firmeza a nuestros pasos”.

El himno, las gaitas, pusieron, un año más, la despedida. Desde el escenario, solo José Andrés, agitaba manos y pies, como queriendo saltarse el protocolo. Para el año que viene.

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