Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El polémico vuelo del pigargo: la suelta de siete ejemplares solivianta a los científicos, que alertan del impacto en Asturias

“No se puede asegurar con certeza que el ave haya mantenido una población estable en tiempos históricos en España", advierten los expertos

Pigargo europeo. Luis Mario Arce

Es seguro que “Pimiango” y “Mansolea” vuelan estos días tranquilos y, sobre todo, ajenos a la polémica que en tierra firme ha suscitado su presencia en Asturias. Ambos son dos ejemplares de pigargo europeo, una de las aves rapaces de mayor tamaño de Europa. Forman parte del grupo de nueve que el pasado verano llegaron a Pimiango (Ribadedeva) para aclimatarse y ser liberados como parte de un proyecto de reintroducción impulsado por los gobiernos de España, Asturias y Cantabria, con la ayuda de los expertos de la organización Grefa. El objetivo: establecer una población reproductora de esta especie en el Cantábrico.

Siete de los nueve acaban de ser soltados en libertad (fue el pasado 4 de octubre). Si su presentación asturiana fue polémica –generó el rechazo de numerosas agrupaciones ecologistas y conservacionistas porque consideran que no está acreditado que el pigargo sea autóctono de España–, su suelta no lo ha sido menos, dado el secretismo en que se realizó, pues se informó semanas después de ello.

“No se puede asegurar con certeza que el pigargo haya mantenido una población estable en tiempos históricos en España. Por tanto, este proyecto no conduciría al regreso de una especie extinta, sino a la introducción de una especie foránea”, advierten los profesores de la Universidad de Oviedo David Álvarez y Alfredo Fernández Ojanguren, y el investigador Germán Orizaola en un artículo conjunto en la publicación científica “The Conversation”.

Pigargo, en Pimiango. Eloy Alonso

Estos tres especialistas –cuyos argumentos respaldan diversas agrupaciones, así como colegas profesionales, ganaderos y ecologistas– lamentan el “secretismo” del proyecto del pigargo, incluido entre las 13 especies de animales que se suponen extinguidas en el medio natural español en tiempos históricos. Una decisión que, como poco, cuestionan en base a que, para considerarlo así, las pruebas deben ser “irrefutables”, algo que no ocurre en el este caso.

Riesgo ecológico

“La documentación que se ha usado para su catalogación como especie extinta se reduce a unos informes sobre restos arqueológicos, a varias citas de ejemplares solitarios y a dudosos indicios de cría”, sostienen. Advierten de que primero debe evaluarse si las causas que han hecho extinguirse una especie han desaparecido, si el lugar de suelta es adecuado y si hay riesgo ecológicos. Porque, alertan, su introducción fallida “puede producir un desajuste ecológico de consecuencias impredecibles”.

Mencionan, por ejemplo, que no se ha considerado el impacto en especies amenazadas como el cormorán o el salmón, o sobre el ganado: “En Inglaterra, un proyecto similar de Asturias, acaba de ser cancelado por su posible efecto negativo sobre los animales domésticos”. Además, los siete pigargos han sido liberados dentro de la Zona de Especial Protección para Aves Ría de Ribadesella-Ría de Tinamayor sin evaluar su impacto en el resto de especies. “Debido a la capacidad de dispersión del pigardo, es probable que algunos ejemplares lleguen a otros espacios protegidos”. De hecho, un ejemplar llegó hasta el Parque Natural de Somiedo (según la señal de su emisor GPS).

El proyecto de Pimiango tiene previsto valorar durante dos años la evolución de los pigargos reintroducidos en la región. Su objetivo final, si todo sale bien, es liberar 100 ejemplares y lograr así una población reproductora.

Compartir el artículo

stats