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Una serie de amazónicas desdichas

La artista Elisa Cuesta expone en la Sala Borrón una instalación donde invita a reflexionar sobre el impacto de la llegada de empresas como Amazon a Asturias

Una de las “escenas” de la exposición de la Sala Borrón.

Una de las “escenas” de la exposición de la Sala Borrón. / E. LAGAR

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Eduardo Lagar

Eduardo Lagar

Oviedo

¿Qué supone realmente la instalación de Amazon en Siero? ¿Estaremos recibiendo la llegada de la multinacional de Bezos del mismo modo que los personajes de Berlanga daban la bienvenida a Míster Marshall? ¿Por qué Asturias celebra tan felizmente que deja atrás su modelo económico extractivo (del carbón) para cambiarlo por una economía sustentada también en la extracción, pero de los datos personales de nuestra intimidad? Estas son algunas de las preguntas que la artista y diseñadora Elisa Cuesta (Soto del Barco, 1992) quiere que se hagan los espectadores de su exposición “Un lugar perfecto. Catástrofe en unos cuantos actos”, que puede contemplarse en la Sala Borrón de Oviedo hasta el próximo 17 de diciembre.

Es una exposición que se sale de la norma por el tema que aborda: el impacto de las nuevas tecnologías, y su capitalismo de vigilancia en el territorio asturiano.

La idea le surgió a Cuesta (Premio Asturias Joven de Artes Plásticas 2019) este verano, cuando regresó a su región natal. Algo empezó a chocarle. Por una parte, leía noticias “revanchistas” de un posible cierre de Laboral Centro de Arte y, a la par, leía también cómo se anunciaba “en tono muy celebrativo” la inversión de Amazon para su nuevo centro logístico de Bobes (Siero). Su cabeza conectó las dos cosas y se preguntó qué estaba pasando aquí, un lugar donde “por una parte se quería cerrar el único centro de pensamiento crítico con las nuevas tecnologías y, por otra, se recibía como en ‘Bienvenido Míster Mashall’ a ese modelo basado en los servicios, la logística, la innovación y toda esa palabrería que nos llena la boca”. Y así surgió esta exposición formada por una chocante instalación donde un robot que es réplica de los autómatas logísticos que Amazon suelta en sus plataformas de reparto deambula perdido, “buscando un producto que no aparece en el sistema”. Antes de adentrarse en la instalación de Cuesta –cuya obra anterior también orbitaba en torno a la integración de la tecnología en la sociedad y la naturaleza– hay que leer detenidamente el díptico donde que se detalla el significado de cada una de las escenas que componen la exposición. Además del robot, dos altavoces inteligentes de Amazon (popularmente “Alexa”), van leyendo con su voz metálica comentarios con distintas experiencias laborales en los grandes almacenes planetarios creados por Bezos. De todo tipo: testimonios negativos, pero también positivos.

Una serie de amazónicas desdichas

Elisa Cuesta. / E. LAGAR

“Quería ir más allá de la crítica de las condiciones laborales. Puede haber gente, como la compañía dice en su campaña para limpiar su imagen, que haya encontrado ahí una segunda oportunidad”. Cuesta quiere que nos preguntemos si ese modelo altamente productivo, tan intervenido por los algoritmos “que no es auditable por el ser humano”, es lo que queremos para Asturias. Nos invita a mirar con detenimiento “qué empresa dejamos entrar y en qué condiciones” y si nos dejará “un poso cultural y laboral sano”.

En ese viaje mental que le llevó a conectar el enorme edificio de la Laboral –hijo de la autarquía franquista– con la no menos grande nave de Amazon –genuino modelo neoliberal globalizado– descubrió que ambos extremos se tocaban en una cosa: “Los dos son modelos autoritarios y disciplinarios que tratan a los cuerpos como productos”.

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