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Celso Albelo Tenor, interpreta a Gennaro en “Lucrezia Borgia”

“La ópera te aburre mucho o te fascina, pero nunca te deja indiferente”

“El Campoamor se merece apoyo institucional extra porque el esfuerzo que hizo para llevar a término la pasada temporada, con la pandemia, también fue extra”

Celso Albelo, en el teatro Campoamor. | Luisma Murias

El tenor tinerfeño Celso Albelo se reencuentra con el público asturiano en el papel de Gennaro, en la “Lucrezia Borgia” de Donizetti que el 7 de diciembre se estrena en la temporada de ópera de Oviedo. Albelo es bien conocido por los aficionados a la lírica en Asturias y tiene en su haber dos de los extinguidos Premios Líricos Teatro Campoamor.

–¿Qué tal el reencuentro con Oviedo?

–Siempre es un placer venir a Oviedo –parece un tópico, pero es verdad– y más después de la temporada pasada que fue, cuanto menos, diferente y complicada. El Campoamor fue de los pocos teatros que llegaron al fin de la temporada en medio de la pandemia. Volver y disfrutar de él después de la batalla épica que mantuvo contra la pandemia es una alegría.

–No muchos teatros lograron completar sus programas.

–Desafortunadamente, no. Cada teatro se iba adecuando a la situación como podía. El protocolo por el que optó la ópera de Oviedo fue ganador y eso le permitió seguir adelante, y sumando a eso la fortuna, que es una variable que no se puede dejar de lado.

–El público respondió con una buena entrada y las instituciones reconocieron el esfuerzo de la Fundación Ópera de Oviedo.

–Además de ese apoyo el Campoamor se merece un apoyo extra, porque el esfuerzo que hizo para llevar a término la pasada temporada también fue extra. Las salas se llenaban, pero los aforos eran reducidos. Todos hicimos nuestros mayores esfuerzos y nuestra mayor contribución para sacar adelante esta sana locura que es la ópera, que es un servicio público a la ciudadanía, que es el alimento del alma, una cosa tan necesaria sobre todo en los momentos en los que estamos viviendo.

–Y sin embargo, como cada año, sigue abierta la discusión sobre la cuantía de la financiación pública de la temporada.

–Está claro que el esfuerzo tiene que venir recompensado, y no solo por lo que se hizo en pandemia sino porque la ópera es un servicio público. Al fin y al cabo, esto es una industria, una empresa. Aunque cueste entenderlo, Oviedo tiene proyección internacional gracias a su teatro y a su temporada de ópera. Soy español pero el grueso de mi carrera es internacional y, en el extranjero, todo el mundo tiene al Campoamor y a Oviedo como una referencia.

–¿Realmente es así? ¿No nos estaremos viniendo arriba?

–La temporada del Campoamor es de las top en España y España, en esta crisis, ha sido un faro que iluminaba en las tinieblas. Fue así por el empeño que pusieron los teatros, entre ellos el Campoamor, y todo eso ha tenido una repercusión y un reconocimiento internacional, y ha dado a conocer Asturias y Oviedo en el mundo.

–Vuelven las restricciones en Europa, los teatros cierran.

–Hay incertidumbre, aunque yo de momento no he tenido que alterar ningún plan. Yo soy una persona optimista, por convicción. Lo que está claro es que España ha hecho las cosas bien, en el territorio nacional el porcentaje de vacunación es muy alto. Europa no ha llegado al mismo nivel de vacunación y está teniendo problemas. Es una cuestión de concienciación social, o todos vamos a una o no vamos a ningún lado. Hay que confiar en la ciencia y dejar de lado a los opinólogos, que la mayoría de las veces no hacen más que confundir.

–¿Qué hay de su personaje en “Lucrezia Borgia”? ¿Cómo lo está afrontando?

–Es el típico personaje romántico, atormentado, porque le pesa mucho ser huérfano de madre, incluso de padre. Probablemente tiene una relación con las mujeres… ¿cómo decirlo? ¿inconclusa? Siempre se encuentra incómodo, siempre con el recuerdo de la madre. Se crio en un entorno sin cariño y eso influye mucho en su carácter. Cuenta con Orsino, que es su mayor amigo, al que necesita para relacionarse dentro de un grupo.

–¿De qué trata “Lucrezia Borgia”? ¿De amistad, de poder, de lealtad…?

–De todo eso. Victor Hugo trató mal a Lucrezia. Ella fue una mujer utilizada, maltratada, y todo para sacar rédito de ella políticamente. Su personaje tiene la fuerza de una mujer moderna, que pese a cualquier dificultad se sobrepone a todo y cuyo sentimiento de maternidad está por encima de cualquier interés.

–¿Es una ópera misógina? También se le podría dar la vuelta a la historia.

–Existe ese punto misógino, pero la fortaleza de la “donna” resiste cualquier intento de subyugarla.

–¿Y vocalmente? ¿Cómo le está resultando su papel?

–Es terrible. No quiero entrar en tecnicismos, pero se mueve en una zona de la voz que no es muy aguda ni tampoco muy grave. Si no lo haces bien te cansa mucho. Jugar siempre ahí, en distintos estados emocionales, no es sencillo. Es de esos retos vocales que, después de tanto tiempo cantando -yo llevo casi 20 años-, cuando lo llevas a término sientes una gran satisfacción. Yo lo que quiero es vender emociones y sentimientos, y si estoy muy controlado no puedo, a mí lo que me interesa es buscar un equilibrio entre ese abandono romántico y ese control técnico. Y ese equilibrio es difícil de encontrar en esta ópera.

–En eso consiste el arte, en poner cierto orden en las pasiones, ¿no?

–Algo así. A mí en algunos tipos de arte, no en todos, me gusta cierto punto de aristocracia.

–¿Qué quiere decir?

–Lo pasional es muy fácil de vender. El sentimiento sutil, la belleza por la belleza, el bel canto… Es más difícil llegar a la gente con eso, pero una vez llegas a tocar esa tecla es maravilloso. Es como el rugby: parece que es un deporte en el que van todos contra todos, todos a empujarse para llegar a un sitio, pero si lo llegas a entender un poco ves todo lo que hay. Es simplemente cambiar el punto de vista, preguntarse por qué hacen esto o aquello, los porqués de las cosas. Mucha gente se queda con lo de que la ópera es elitista, que es para gente entendida, y no han ido a ver una función ni una vez. Yo vengo de una familia de Tenerife sin relación con la música y mis amigos no eran de los que iban a la ópera de pequeños. Ahora me van a ver y salen maravillados. Obviamente no tienes por qué llegar a ser un amante de la ópera, pero puedes ir de vez en cuando y nunca te va a dejar indiferente, eso es lo bonito. La ópera o te aburre mucho o te fascina, pero nunca te deja indiferente.

–En Oviedo es conocido y querido, fue doblemente premiado con aquellas distinciones que otorgaba el Campoamor

–Sí, me dieron el premio al cantante revelación y, más adelante, al mejor intérprete masculino. Eso significa que no puedo bajar el nivel, los asturianos esperan de mí ese plus, y a mí me encanta, me siento como en casa, pero no me puedo relajar.

–¿Qué planes tiene para estos días tan desapacibles en la ciudad?

–Me gusta leer, dibujo. Con la pandemia procuro comer al aire libre cuando salgo. Yo tuve la enfermedad, estoy doblemente vacunado.

–¿Qué tal se recuperó?

–Bien, bien. Fue en la primera ola, llegué a casa de Montecarlo, había estado en Venecia. Fue hace dos años, el 10 de marzo, empecé con la tos y así estuve quince días, con mucho miedo porque no se sabía por aquel entonces.

–Grabó un disco en el confinamiento.

–Sí y me lo pasé pipa. No tiene nada que ver con la ópera, es folclore. Se llama “APD… en busca de la paz” y se hizo a través de teléfonos móviles. Fue superentretenido. Salió en vinilo y lo hice con la intención de que la gente se tomara su tiempo para disfrutar de él: para sacar el disco, colocarlo en el plato, poner la aguja... Javier Camarena y otros cantantes colaboraron. Ahora acabo de grabar un disco con la orquesta de pulso y púa de la Universidad Complutense. Hace muchos años Alfredo Grau ya hizo alguna cosa con ellos. Me lo propusieron y me encantó. Está la “Ronda del firulí”, “Violetas Imperiales”, “Corazón, corazón”, “Valencia”… Es un proyecto que pasará por el Teatro de la Zarzuela, donde estrenaremos en 2023. También me gustaría traerlo a Oviedo

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