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Denuncia

"Me bajó el escote y me metió 50 euros entre los pechos"

Las auxiliares que ayudan a dependientes denuncian una epidemia silenciosa de acoso sexual de familiares de sus pacientes

Un dependiente y su cuidadora.

Luci tiene 26 años y ya ha sufrido el infierno de ataques y acoso sexual que las auxiliares del servicio de ayuda en el hogar para dependientes relatan como algo cotidiano.

No fue un caso aislado. “Otro tenía una hemiplejia, con medio cuerpo paralizado, y cuando lo manipulaba para moverlo, me tocaba el pubis o me cogía la mano y se la ponía en sus genitales”, prosigue sobre unos momentos vividos en la intimidad del domicilio al que se dirigía a trabajar por horas.

Las auxiliares que ayudan a dependientes denuncian una epidemia silenciosa de acoso sexual de familiares de sus pacientes

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El de Luci es uno de los múltiples relatos habituales en este campo. A Cris, por ejemplo, también le pasó algo similar con el marido de una usuaria del servicio que le colocó un billete de cincuenta euros por detrás y trató de besarla en la boca tras agarrarla por la cintura.

Al principio, trató de solucionar ella la situación, colocando siempre algún objeto entre ella y el marido de la señora a la que acudía a ayudar dentro de un servicio de respiro familiar para su cuidadora habitual, que era su hija. “Le avisé de que no entrase en el baño porque lo había fregado y podía resbalar. Mientras estaba con su esposa, escuché un grito y pensé que se había caído. Al llegar al baño, lo veo desnudo, agarrándose sus genitales y diciéndome: “¡Esto es lo que tengo para ti!”, cuenta Cris, que sufrió una crisis de ansiedad a raíz de ese suceso.

El sindicato Comisiones Obreras estima que la mitad de auxiliares del servicio de ayuda en el hogar de Galicia ha sufrido alguna situación similar, un porcentaje que las afectadas incluso elevan.

Este servicio (SAF) es ofrecido por los concellos y financiado por la Xunta a través de la Consellería de Política Social. Permite a dependientes recibir atención en su domicilio durante unas horas, en función de su grado, para que una persona realice las tareas domésticas o permita el descanso de sus cuidadores habituales. Pero, en ese ambiente, las auxiliares denuncian sufrir actos de acoso e incluso agresiones de carácter sexual no solo por parte de los usuarios a los que ayudan, sino de familiares de estos, como maridos, hijos o sobrinos.

"Hay casos muy graves, desde ofrecimientos de dinero por mantener relaciones sexuales a pedir tocamientos o incluso a forzar a trabajadoras a encerrarse en el baño"

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Alejandra Gesto es la secretaria de Construcción y Servicios de Comisiones Obreras en Galicia y trata de sacar a la luz pública una situación oculta. “Es un asunto bastante desconocido y eso que hay casos muy graves, desde ofrecimientos de dinero por mantener relaciones sexuales a pedir tocamientos o incluso a forzar a trabajadoras a encerrarse en el baño y llamar a la Policía Nacional por miedo”, explica.

Estas auxiliares trabajan para empresas que reciben la concesión del servicio y en muchos casos, cuando la firma beneficiaria cambia, las plantillas son subrogadas. Pero se trata de un “sector muy precario”, explica Gesto, con trabajos por horas y nóminas escasas, lo que añade otra carga para las víctimas. “Las que tienen jornada completa no llegan a mileuristas, así que imagínate lo que cobramos”, explica Cris sobre el sector.

El contacto entre las trabajadores también es escaso, lo que complica la creación de una red de apoyo para compartir experiencias y tomar conciencia de la dimensión del problema. “Intentamos en los comités de empresa que se realicen protocolos para este tipo de situaciones y que cuando se comunique por parte de una auxiliar, se actúe con premura”, comenta Gesto, que lamenta una mejor respuesta empresarial. “En muchos casos, retiran a la auxiliar y la sustituyen por otra, con lo que por encima culpas a la víctima, que puede perder esas horas de trabajo”, se queja. “Y lo peor es cuando la relevan por un hombre”, añade Manuela Caneda, también de CCOO, quien pide mano dura: la mejor solución pasa por la amenaza de la retirada del servicio.

“Se añade el problema de que la Inspección de Trabajo no puede acceder a esas viviendas particulares”, matiza Gesto sobre la fórmula para atajar este acoso.

El propio Colexio Oficial de Traballadores Sociais de Galicia lamenta las “numerosas deficiencias” del SAF. “

"Es un problema muy complejo que tiene distintos ejes de trabajo y en el que tanto las personas usuarias como las trabajadoras están siendo desfavorecidas”

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“En mi caso, al principio dudaron de mi testimonio y me obligaron a volver al domicilio donde me habían acosado”, lamenta Cris, a la que prescribieron ansiolíticos para afrontar la ansiedad que le generó este caso. La hija de su agresor fue la que reconoció que le había sucedido a otra mujer.

¿Por qué no denunciaron a la Policía lo sucedido? Un manifiesto de CCOO y UGT con motivo del Día contra la Violencia sobre la Mujer el pasado 25 recogía que un informe de la Unión Europea estima que el 71% de víctimas de acoso y violencia señalaba el desempleo y la precariedad como frenos para denunciar. Algún caso incluso fue a más, como recuerda Caneda, sobre el hijo de un matrimonio con dependencia que reaccionó al rechazo de su auxiliar propinándole una paliza delante de su hija en la calle. Sucedió hace años, dice.

“Yo no denuncié por miedo. La mayoría no tenemos estudios y qué vas a hacer si pierdes este trabajo"

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“Yo no denuncié por miedo. La mayoría no tenemos estudios y qué vas a hacer si pierdes este trabajo. Imagina que te quitan de la casa donde tuviste ese problema. Pierdes esas horas de trabajo y hablamos de que cobramos 300 o 400 euros al mes en casos como el mío”, asume Bety, que censura el “paternalismo” con que se han ido asumiendo estos casos. “Muchas compañeras dicen que no hay que tenerlo en cuenta, que son abuelitos, pero no puede pasar”, proclama antes de recordar que la primera vez que le sucedió fue con un usuario de más de 90 años que le puso su mano en la entrepierna. Otro la acorralaba en la cocina o el baño pidiéndole “cariñitos”.

El citado informe de la UE citado por CCOO y UGT indica que el acoso sexual en el trabajo es “otra de las manifestaciones de violencia de género que sufren las mujeres” y que en 2019 la Inspección de Trabajo y Seguridad Social registró 451 actuaciones por acoso sexual y activó 325 protocolos contra estas agresiones. En la dependencia, este tema todavía es un tabú.

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