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Yolanda Auyanet Soprano, interpreta a Lucrezia en la “Lucrezia Borgia” de Donizetti

“Lucrezia Borgia fue vendida y usada, en su época también ganaba el patriarcado”

“En el bel canto tienes las frases más bellas del mundo lírico, pero es como estar caminando sobre huevos: estás sola, tu voz y tú”

Yolanda Auyanet, en el decorado de “Lucrezia Borgia” en el Campoamor. | Luisma Murias

Tras el cierre de los teatros por el covid, la soprano canaria Yolanda Auyanet regresó a los escenarios en noviembre de 2020, en Tenerife y con la misma “Lucrezia Borgia” con la que el 7 de diciembre debutará en la temporada de ópera de Oviedo. El público del Campoamor ya la conoce, como cantante de zarzuela, pero ésta será la primera vez que la escuche en su faceta belcantística.

–Estrenó en Tenerife y tuvo que anular en Bolonia.

–Sí, por cambios de fechas por la pandemia. En Tenerife fue muy bien, tuvo muy buena acogida. Era lo primero que hacíamos todos después del parón y la carga emocional era muy fuerte. Estábamos trabajando en ella cuando llegó el cierre y lo dejamos justo antes del ensayo general.

–No es la primera vez que canta en el Campoamor.

–Estuve hace años con la zarzuela, haciendo “Luisa Fernanda”, el papel de Carolina, en el 2011, pero en la temporada de ópera es mi debut.

–¿Cómo afrontaron la reactivación de la temporada tras el covid en Tenerife?

–Con muchísimo cuidado. No teníamos aún las vacunas, había mascarillas, distancia de seguridad, los tests que hacíamos periódicamente... La producción fue modificada para mantener las distancias, no nos podíamos tocar, estábamos siempre a una distancia de metro o metro y medio, cantando en dirección contraria al compañero. Fue un poco difícil, pero Silvia Paoli, nuestra directora de escena, ha hecho un trabajo tremendo para darle a toda esa distancia la tensión que hacía falta.

–¿Cuántas PCR lleva hechas?

–He perdido la cuenta. Entre viajes y en el lugar de trabajo… En el Real, en marzo pasado, para la “Norma”, había que hacerla cada dos días; antes, en el Teatro de la Zarzuela, con “Luisa Fernanda”, lo mismo. Te acostumbras, como a la mascarilla o a limpiarte las manos frecuentemente.

–Tardó en debutar en el Real y ahora vuelve a menudo.

–Debuté con 46 años. Por suerte lo que he hecho ha ido bien, han confiado en mí, les ha gustado y he tenido la posibilidad de cantar seguido. Ahora tengo un descansito, volveré más adelante.

Cada vez parece haber más cantantes líricos españoles, y muchos canarios como usted y Carlos Albelo, que también canta en esta ópera.

–Siempre los ha habido, pero antes la movilidad era más difícil y conocer a los talentos periféricos no era tan sencillo. Y ha habido una generación que ha ido abriendo camino, mi generación, gente como Nancy Herrera. Detrás vino una avalancha de magníficos cantantes canarios. Allá hay mucha afición a cantar, coros, grupos folclóricos, la gente canta, las voces son estupendas, muchos se quedan ahí. Y como hablo de Canarias hablo de toda España.

–¿Qué puede adelantar de su “Lucrezia”?

–Hay mucha leyenda negra acerca de la familia Borgia, sobre todo sobre Lucrezia que era su mayor víctima, por ser mujer y moneda de cambio de los juegos de poder de su padre y de su hermano. La ópera va sobre la leyenda y la obra de Victor Hugo. Yo he leído mucho sobre Lucrezia y me es difícil olvidar que era una mujer cultísima y amadísima por su tercer marido y por el pueblo de Ferrara. La ópera la trata como un personaje más teatral. En esta producción, Silvia Paoli ha intentado sacar a la luz todas las facetas de esta mujer, fuerte y dura, dura porque ha tenido una vida durísima, ha sido vendida, usada, como un objeto. Ella intenta encontrar su sitio en el mundo con la misma dureza, siendo despiadada, no tiene empatía para no sufrir, hasta que se encuentra el hijo que le arrebataron y se desmorona el muro que ha construido.

–¿Trata de la maternidad?

–Y de ser mujer, una mujer de poder, en un mundo de hombres y en el que pese a todo su poder ganan los hombres. En aquella época también ganaba el patriarcado.

–Donizetti no se acercaría a la historia con esa actitud.

–Los compositores tratan temas femeninos a menudo. Tenían una sensibilidad particular, está claro, y, aún siendo hijos de su época, debían darse cuenta de las condiciones en que vivían las mujeres. No sé, sinceramente, si Donizetti tenía esta sensibilidad, imagino que sí, porque era súper mujeriego y sería consciente del mundo opresivo en el que estaban atrapadas.

La ópera cuenta historias lejanas.

–Cuenta historias del pasado, pero muchas cosas no han cambiado, muchas situaciones pueden repetirse. La ópera es muy fácil de entender: todo es ir con la mente, el alma y el corazón abiertos. Hay obras un poco más enrevesadas, con libretos no tan logrados, pero en general es fácil y directa.

–¿Hay público joven?

–Hay muchos teatros que están trabajando para preparar público nuevo. Va un poco lento, pero están haciendo un gran trabajo. El Real, la Zarzuela, Tenerife, Las Palmas... todos los teatros tienen interés en despertar esa afición porque si no se verán abocados a cerrar. Es generoso y a la vez egoísta.

–Y sin embargo, parece que cada hay vez más cantantes jóvenes que se interesan por la ópera.

–Hay muchos, y están decididos a hacerlo. En España se ha dado de lado a la música en las escuelas. Debería ser como en Centroeuropa, donde todo el mundo sabe de música aunque no se dedique a ella. Que se convierta en algo natural como estudiar historia o matemáticas.

–El decorado de esta “Lucrezia Borgia” es impactante. ¿No puede distraer?

–Es importante que no sea así. La escenografía no debe distraer, debe conducirte, tiene que calzar en la historia y hacerte pensar.

–El registro vocal de “Lucrezia” es complejo.

–El bel canto siempre es difícil, Rossini, Donizetti, Bellini. La voz lleva la voz cantante, la orquesta es un colchón en el que el cantante se apoya. Tienes esas frases, las más bellas del mundo lírico pero estas solo. Es como si caminaras sobre huevos, estás sola, tu voz y tú. Es un canto lleno de coloraturas y a todo eso hay que darle un sentido dramático, hacer llegar estados de animo que cambian en cuestión de segundos.

–¿Cómo desconecta en los descansos?

–Cuando era más joven hacía mucho turismo. Ahora estoy estudiando una cosa que tengo que preparar de Saint Saens. Entre el desgaste físico y mental, poca cosa hago. Caminar, que me viene bien.

–Hace campaña por la adopción de perros.

–Sí, soy muy pesada. Yo amo a los animales, a los perros y los gatos –a ellos soy alérgica, pero si me encuentro uno me tomo el antihistamínico y lo llevo a casa hasta que lo adoptan–. Hay mucho abandono en España e Italia. Mi hija es italiana, mi perra también es italiana, viajo con ella, aunque ahora no me la he traído. Intento concienciar a la gente para que no abandone, que adopte, que no coja un animal si no lo puede cuidar, que esterilice, es necesario para controlar la población y evitar el abandono y por la salud de las hembras. ¡Ah! Y también estoy cada vez más concienciada sobre cómo influye el ciclo hormonal en la voz de las cantantes. En muchas ocasiones hay problemas vocales en el embarazo, en la menopausia. Es un tema complicado, muchas colegas no quieren hablar de ello. Yo participaré en un estudio de la Carlos III sobre mujeres que usan la voz en su trabajo –no solo cantantes– con estudios ginecológicos, hormonales y repetidos a lo largo del tiempo.

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