'De la calle al cielo', organizada por 'Homeless Entrepeneur', 'Las Sillas Voladoras' y PREDIF, busca conceder becas a pilotos con discapacidad física y personas sin hogar para su inclusión social y laboral

"¡Socorro! ¡Me habéis engañado!", dice Juan entre risas en el momento en que se ve sentado en un avión vela. Aunque intente disimular está emocionado. Hoy protagonizará el mayor vuelo de su vida. Y eso que para él nada ha sido fácil. Juan Mastuñano tiene 61 años y la crisis le llevó a verse en la calle, en la Gran Vía de Madrid. En silla de ruedas por haber padecido la polio de pequeño -una enfermedad viral que afecta a la médula espinal- estuvo más de dos décadas sin un techo donde cobijarse después de haber sido electricista, de haber formado una familia e incluso de haber echado sus ratos practicando escalada. "Empecé a estar mal con 18 años", señala con respecto a su discapacidad mientras espera su turno para montarse en el pequeño avión, adaptado a su condición.

'Homeless Entrepeur' es una asociación que se encarga de promover el empoderamiento económico y la reducción de la pobreza a través del trabajo y la ciudadanía activa para que las personas que viven en la exclusión social puedan mejorar su calidad de vida.

Vive en Lucero, uno de los barrios más depresivos de la capital española, y desde que recaló en 'Homeless Entrepeneur' ha ido formándose para volver a tener un trabajo. Su capacidad por las matemáticas le han llevado a ser programador e incluso a realizar una web para niños sin hogar. Pero Juan ya está cansado. "Yo ya no quiero trabajar", dice. Su rostro es el claro ejemplo de que la vida, a veces, te pone del revés. A algunos demasiado. "Me habría gustado ser delantero del Atlético de Madrid. Ese era mi sueño", comenta mientras da cuenta de un cigarro, uno de los pocos vicios que puede permitirse. "Yo no tengo miedo a nada. Cuando vivía en la calle decidí que me iba a plantar en mitad de la Gran Vía. Ahora solo quiero hacer lo que hace todo el mundo", afirma.

Sus sueños ya son sencillos, aunque desde 'Homeless Entrepeneur' y la asociación 'Las Sillas Voladoras' han querido darle un pequeño regalo con un vuelo que más allá de provocar emoción e ilusión, es un símbolo de cómo cualquier persona puede romper barreras y echar a volar. "Este tipo de acciones ponen de manifiesto que todo el mundo puede hacer lo que se proponga. Para ellos, volar es sentirse libre y además hace que la gente sea consciente de su situación. Es una forma de ayudar, motivar e inspirar a las personas que tienen dificultades. Además, luego podrán tener la formación del vuelo", comenta Andrew Funk, presidente y fundador de 'Homeless Entrepeneur'.

Juan no es el único protagonista del día. Antoni Ibarra Valero, de Barcelona, también ha querido dejar de un lado la rutina por unas horas y lanzarse de lleno a la aventura del vuelo sin motor. Él también sufrió polio, lo que le produjo una fuerte cojera, ahora, tras haber trabajado en la ONCE y haberse jubilado, quiere sacarse el título de vuelo y, quién sabe, hasta poder formar a otros compañeros en esta afición. "Siempre he sido muy movidito y cualquier reto siempre me ha llamado", comenta. Él ya había volado en los años ochenta, pero nada es óbice, ni siquiera el tiempo, para que vuelva a lanzarse de pleno al cielo. "De esta experiencia espero sacarme el título de piloto de avión vela", dice, para añadir que "cuando lo tenga seguiré volando porque me da satisfacción personal y como hay varios en 'Las Sillas Voladoras', si sigo teniendo horas de vuelo, podría ser monitor y ayudar a otras personas".

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El vuelo de dos discapacitados físicos en avión vela: "Te sientes libre" JOSÉ LUIS ROCA

"Te sientes libre de los impedimentos del día a día"

Así, entre el frío helador y el potente viento del aeródromo de Ocaña, en Toledo, y la emoción de los pocos congregados para ser testigos directos del vuelo de esto dos luchadores, Antoni y Juan se suben al avión vela, sin miedo, sin cortapisas, y demuestran que no hay nada imposible. "Todo el mundo puede hacer lo que se proponga, o por lo menos intentarlo", señala Juan en el momento de echar a volar.

Ambos coinciden en que es una forma de hacer algo diferente, de salir del día a día que, en el caso de Juan, le impide en la mayoría de las ocasiones bajar de su casa. Vive en un tercer piso y no está adaptado, por lo que tarda hasta 20 minutos en llegar al portal. "Me gustaría vivir en un bajo, me da igual el barrio", dice inocente.

En el caso de Antoni, poder sentirse realizado es importante. Su sonrisa al bajar del avión vela lo dice todo. "Te sientes libre. Es como si flotaras. Sientes que no tienes los impedimentos de movilidad del día a día", asevera con ojos brillantes. Por su parte, Juan no para de reírse tras protagonizar u aterrizaje algo turbulento. "Lo único que no me ha gustado ha sido bajar", dice.

El piloto es Carlos de Albert, vicepresidente de 'Las Sillas Voladoras', otra persona que camina cada día en silla de ruedas, eso sí, esta con volante y con una velocidad de crucero que más querrían muchas motos. "Ha estado genial, ha habido un poco de viento pero todo bien", dice tras el vuelo con evidente cara de satisfacción.

Sin limitaciones, sin trabas ni estorbos y con el cielo bajo sus pies, así culminaron la jornada Antoni y Juan. Y con una sonrisa de oreja a oreja. "Podría hacer esto cada día", sentencia Juan.

Vivirlo en tus propias carnes para poder ayudar

Elisabeth Heilmeyer y Andrew Funk son los presidentes de 'Las Sillas voladoras' y 'Homeless Entrepeneur', que junto al apoyo de PREDIF han sacado adelante 'De la calle al cielo'. Ambos conocen muy de cerca la situación de las personas a las que ayudan. Tan de cerca como vivirlo en sus propias carnes.

Heilmeyer sufrió un accidente de aviación que la dejó en silla de ruedas. Desde entonces comenzó una lucha judicial que llegó hasta el Tribunal Supremo para conseguir que las personas con discapacidades físicas pudieran volar. Lo consiguió. En su asociación ya hay casi 200 socios que pueden cumplir sus sueños cada día. "Volar es llenar los pulmones de espacio, los ojos de belleza y el alma de infinita libertad", afirma.

En el caso de Funk, tras tener una vida resuelta y emprender se vio arruinado y en la calle. De casa en casa de amigos, decidió formar su organización, con la que ayuda a personas sin hogar a reinsertarse en la sociedad y en el mundo laboral. Con un piso en Barcelona con alrededor de 15 personas -y capacidad para 30-, Funk trata de mejora la vida de los sin techo con pequeñas acciones e iniciativas. Una de las últimas, acudir al Senado junto a Juan Mastuñano para pedir una legislación clara en favor de las personas sin hogar. "No hay nada que les proteja", comenta.