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Los Jussen, dos pianos que hacen uno

Los hermanos pianistas exhiben su compenetración en un concierto en el Auditorio de Oviedo que dejó al público más que satisfecho

Los hermanos Jussen, ayer, durante su concierto en el Auditorio de Oviedo. | Luisma Murias

Había mucha expectación por escuchar a los hermanos Jussen ayer, que saltaron con determinación sobre el piano en el Auditorio de Oviedo. La energía de Lucas y Arthur, en las Jornadas de Piano, que cuentan con el patrocinio de LA NUEVA ESPAÑA, contagió a los asistentes desde el primer momento en que salieron a escena.

El concierto arrancó con el “Quinteto de cuerda nº2 en sol menor” de Dvorak, solo con músicos integrantes de la Orquesta Filarmónica de Berlín, entre los que estaba el violista español Joaquín Riquelme. La lectura de esta página por parte de los profesores de la orquesta berlinesa destacó por ser un contraste entre momentos líricos y dramáticos, una interpretación llena de energía que, además de involucrar al público, puso de manifiesto la uniformidad técnica de los cinco intérpretes. Algo que se dejó notar en la dirección del fraseo, el intercambio melódico, la similitud expresiva, y en cuestiones más técnicas como la distribución del arco, el vibrato uniforme, el empaste sonoro y los ataques de los temas.

A continuación les llegó el turno a Lucas y Arthur Jussen que, a cuatro manos compartiendo el piano interpretaron la sonata de Poulenc. Sobresale en ellos el virtuosismo, la compenetración y la seguridad con la que afrontaron esta breve pieza, con cierto carácter frívolo pero muy exigente y, aún más importante, la paleta de colores sonoros que consiguieron extraer.

“La valse”, la obra más esperada por el publico ayer y la que más conmovió, es una de las que más explotan los Jussen en sus giras, a la que confieren la grandiosidad que buscaba Ravel en esta partitura. La conocen muy bien, hasta el punto de que no necesitaban mirarse siquiera para que la unión entre los dos pianos fuese perfecta. Al igual que la sonata de Poulenc, también la tocaron de memoria.

“El carnaval de los animales”, de Camille Saint-Säens, puso punto y final al concierto, recuperando de nuevo a los músicos de la Filarmónica de Berlín. No hubo en esta obra la misma uniformidad y compenetración en todos los números que la constituyen. Particular complicidad tuvo el clarinetista Wenzel Fuchs con el público ovetense en “El cuco en lo profundo del bosque”, también el famoso “Cisne”, a cargo de la chelista Solène Kermarrec, con una proyección muy cuidada, y el “Finale”, que “bisaron” a modo de propina, con el que terminaron de convencer al público, que abandonó el Auditorio muy satisfecho.

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