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Jesús Rueda: “Mi sinfonía tiene que ver con la pandemia, es un viaje a las tinieblas”

La OSPA estrenará el día 28 en el Auditorio de Oviedo una obra del compositor madrileño

El compositor Jesús Rueda.

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias prepara para próximo viernes 28 de enero un programa que bajo el título “OSPA de hoy” estrenará una obra del compositor madrileño Jesús Rueda, Premio Nacional de Música en el año 2004. Será su sinfonía n.º 6, titulada “Flight into darkness”, un encargo de la OSPA para un programa muy especial que reivindica la música de nueva creación y los compositores actuales y que cuenta con el patrocinio de LA NUEVA ESPAÑA.

La colaboración entre Rueda y la sinfónica asturiana se remonta a los años 90, cuando estrenaron por primera vez una composición suya. “Más tarde, grabaron en disco mi sinfonía n.º 3, en torno al año 2007, así que tengo una gran relación con la orquesta, a la que admiro y tengo por una de las grandes orquestas del panorama nacional”, asegura el compositor. “Les estoy enteramente agradecido por apostar por esta obra y por mí”.

La Sinfonía n.º 6 de Rueda, que se estrenará en el Auditorio de Oviedo el día 28 a las 20 horas, “está escrita en el año 2020 y el título procede de una novela del siglo XIX, del escritor austriaco Arthur Schnitzeer, y de algún modo tiene algo de autobiográfico a causa de la pandemia que nos ha tocado vivir y de que entonces yo me fui a vivir al norte de Europa, que es un viaje a las tinieblas, ya que la oscuridad es muy larga durante el invierno”, explica “y el grado de soledad muy elevado”. Este concierto fuera de abono de la OSPA centrado en la música de nueva creación, incluirá también “Chorus Chordon”, compuesta por Unsuk Chin en 2017 y revisada en 2020, y “Entfaltung”, de Óscar Colomina, estrenada en 2015.

Para Rueda “la música siempre es un viaje, y mis composiciones están muy ligadas a la tradición”. Esta sinfonía que se va a estrenar “está articulada en cuatro movimientos que podrían asociarse con los de la sinfonía clásica”, aunque no tiene un único modelo de sinfonía en su catálogo; “unas tienen tres o incluso nueve movimientos”. La tradición en términos musicales para él “es aquello que tiene algo que pervive en el tiempo porque forma parte de todos nosotros”.

La sonoridad de esta nueva obra es un “conjunto de masas sonoras, con una paleta tímbrica compleja que busca crear contrastes de color sonoro”. Es una síntesis “de estilos de Stravinsky, Messiaen, Shostakovich, Prokofiev, pero no suena a ninguno de ellos, suena a mí mismo y a mi experiencia compositiva personal”, explica.

El proceso compositivo es largo –“En este caso un año”, dice– pero es aún más complejo el proceso para conseguir estrenarla, “sobre todo si hablamos de una obra, como esta, de grandes proporciones y esta envergadura”, concreta Jesús Rueda. “Los compositores nos hemos pasado la vida lamentándonos de lo mal que está el tema de la música y de la cultura en términos generales”, asegura. “Es difícil combinar arte y la demanda del mercado”, comenta concienciado. “Todos queremos escuchar nuestras músicas favoritas, yo mismo adoro obras del pasado y necesito escucharlas constantemente, y si es en vivo mucho mejor”. E insiste en que programar partituras de nueva creación “siempre es problemático porque nadie las conoce y para el público le resulta complicado, y lo entiendo”. Apunta además que son muchos intérpretes los que se niegan a abordar obras de nueva creación.

El trabajo con el director de orquesta y los profesores de la orquesta “es complicado para el compositor porque es difícil que en una primera lectura se hagan una imagen tan profunda como los creadores que hemos trabajado durante mucho tiempo sobre la partitura”. Rueda se lo toma con filosofía y tiene claro que debe dejar ahora el testigo al director y a la orquesta para que ofrezcan su propia visión de su sexta sinfonía, y no duda en agradecer a la OSPA todo el apoyo que ha depositado en él.

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