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Ante el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Investigación

La ciencia quiere salir fuera del laboratorio

“Hay que acabar con los clichés: ser investigador no es algo raro ni está solo al alcance de mentes brillantes”, afirman nueve profesionales reunidas por LA NUEVA ESPAÑA, que coinciden en la necesidad de dar a conocer su labor entre las jóvenes

Día de la mujer y la niña en la ciencia: "Hay que normalizar la figura del científico en la sociedad, sea hombre o sea mujer"

Día de la mujer y la niña en la ciencia: "Hay que normalizar la figura del científico en la sociedad, sea hombre o sea mujer" VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Luisma Murias

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Día de la mujer y la niña en la ciencia: "Hay que normalizar la figura del científico en la sociedad, sea hombre o sea mujer" Mariola Riera

Son ante todo científicas. Personas que un día decidieron encarrilar su profesión hacia el campo de la investigación, en el ámbito público o en el privado, en el campo de la salud o de la industria. Pero científicas apasionadas de lo que hacen en sus distintos puestos y encantadas de dar a conocer su profesión y divulgarla. “La ciencia no es nada raro, ni los científicos personas con los pelos de punta encerrados en un laboratorio”, resumen nueve investigadoras pertenecientes a la Universidad de Oviedo, al CSIC y al ámbito privado, reunidas por LA NUEVA ESPAÑA.

Son todas mujeres porque el próximo viernes, 11 de febrero, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por la ONU en el año 2015. Una jornada encaminada “a lograr una mayor participación e inclusión de las mujeres y las niñas en el mundo de la ciencia y la tecnología y de esta manera romper con la brecha de género”.

Algo que estas nueve profesionales (empresarias, estudiantes, investigadoras y docentes) aseguran que nunca han padecido, si bien son conscientes que hay lugares en los que las mujeres en general sí sufren discriminación o que puede haber casos particulares. Pero, en general, todas rechazan que el sexo condicione o influya para algo en el campo de la ciencia y la tecnología. O que, si lo hace, no lo hace ni más ni menos que en otros campos, otras profesiones y oficios. “Pero jornadas como la del 11 de febrero son necesarias y útiles en tanto que permiten dar protagonismo a la ciencia y divulgarla, hablar de ella, entrar en los colegios y contarles a todos, niños y niñas, que pueden ser científicos, al igual que pueden ser policías o futbolistas”, recalcan.

Porque lo que necesita la ciencia es divulgación, a la par que mayor inversión, para que se investigue y se formen profesionales, además de facilitar las cosas a los que apuestan por este campo (hombres y mujeres), no exento de complicaciones para conciliar la vida familiar y laboral porque es muy exigente. Es la conclusión, en líneas generales, de las nueve investigadoras reunidas por este periódico, todas con historias interesantes que contar y algo que aportar. Y también con un mensaje: “El objetivo debe ser normalizar la figura del científico, hacer ver que esta profesión es tan útil como apasionante y que deberá llegar el momento en que haya un Día de la Ciencia a secas, no de mujeres específicamente”.

En busca de más referentes femeninos

Montserrat Rivas, profesora del departamento de Física de la Universidad de Oviedo y líder del grupo de investigación “Magnes” (sobre nanomateriales magnéticos avanzados para energía y salud), sí que admite que quizá falten más referentes, más modelos femeninos, en el campo de la ciencia. “No todo se reduce a Marie Curie, la más conocida y a la que admiro. Pero es que fue premio Nobel, y hay que divulgar que no todo el que quiera dedicarse a esto tiene que ser premio Nobel, hay mucho que se puede hacer y debe haber más referentes científicos”, sostiene.

La mitad de su grupo son mujeres, y estas son cada vez más en las aulas. Pero su presencia se reduce a medida que se avanza en la cadena, y a los puestos de responsabilidad llegan muchísimas menos de las que empezaron. “Pero creo que no solo en ciencia, sino que es un problema general y que poco a poco va cambiando”, afirma esta científica de 53 años, quien cuando era niña no se imaginaba como tal, sino como maestra. Todo cambió en el instituto. ¿Su motivación? “Simplemente me empezó a gustar, y me apetecía mucho poder explicar las cosas, por qué la naturaleza es así, por qué pasa cada cosa...”, explica. Y remata con humor: “Lo cierto es que con el tiempo me he dado cuenta de que explicar eso es muy complicado y que la naturaleza es un auténtico misterio”.

Las dificultades del ámbito privado

Tiene Henar Muñoz 38 años y es directora de BQC, una empresa de biotecnología asentada en Llanera que se dedica al desarrollo de métodos para la medida de oxidantes/antioxidantes en distintos campos, como la salud, la alimentación y la cosmética. Ella quería ser médica, pero no le dio la nota, entró en Química y acabó en un grupo de investigación. Nunca ha sufrido la barrera de género en su profesión, sí la falta de apoyos a la ciencia y a la iniciativa privada en este campo. “Creo que el PIB debería destinar más a esto”, opina. “Por lo demás –agrega–, siempre ha estado rodeada de más mujeres que de hombres en el laboratorio del sector biomédico, primero, y, ahora, en la empresa”. No cree Henar que si en los cargos directivos o de responsabilidad en el campo de la ciencia hay menos mujeres que hombres sea algo exclusivo de este sector. “Creo más bien que es cuestión de que las mujeres tenemos en algún momento que parar, si es que queremos crear una familia. Los hombres, no. Eso influye”.

La importancia de llegar a los colegios

“Me parece muy importante divulgar nuestra labor, que en el colegio vean que hay padres y madres que se dedican a la ciencia, que es algo que está ahí y no es nada extraño”, sostiene la química Clara Blanco, investigadora en el Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (Incar), del CSIC, donde lidera la plataforma tecnológica de la energía. Su presidenta, la asturiana Rosa Menéndez, fue su directora de tesis y un referente en su carrera, además de otras profesionales. Siempre quiso dedicarse a la investigación. Esta investigadora de 50 años considera que no hay más discriminación sexista en su ámbito que en cualquier otro: “Yo no lo percibo ni lo sufrí. De hecho, siempre se habla de que en España vamos algo más atrasados en esto, pero yo estuve hace años en Inglaterra y pasé de estar rodeada aquí de mujeres a estarlo de hombres allí. Me llamó la atención”. Pero Clara Blanco insiste: “Creo que lo importante es hacer ver a niños y niñas que pueden hacer lo que quieran y llegar donde quieran si se lo proponen. Y que ser científico es una opción interesante, igual más que ser futbolista, aunque esto sea más visible hoy en día”.

Facilidades para conciliar “todos”: hombres y mujeres científicas

Fue temprana la vocación de Cristina Echevarría, investigadora del departamento de Física de la Universidad de Oviedo y miembro del grupo “Magnes”, que lidera Montserrat Rivas. Con 14 años vio la película “Contact” y decidió sin más que quería ser astrofísica. “Empecé a estudiar Física y descubrí que me tiraban más los materiales y por esa rama seguí”, explica esta mujer de 37 años, que con 32 decidió ser madre. “Lo hablé con mi pareja y dimos el paso”, explica. Tienen ahora ambos más estabilidad que antes, pero en su caso siempre se han apoyado mutuamente. “Creo que lo que se necesita es que ayuden más a la conciliación en el campo de la ciencia. Es una profesión que te ocupa muchas horas al día, te hace viajar los fines de semana... Pero el apoyo debe ser para todos, hombres y mujeres”, sostiene la investigadora, quien sí echa en falta más modelos femeninos: “Está Marie Curie y deja de contar: hay que difundir otros nombres de mujeres”.

Abrirse a la sociedad

“Hay muchos referentes en el campo de la ciencia, hombres y mujeres, pero falta que la sociedad los conozca y los reconozca”, sostiene Mónica Álvarez, con su propia línea de investigación sobre cáncer de cabeza y cuello en el ISPA (Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias). “Y no hace falta salir de Asturias para encontrar modelos, ahí tenemos a Margarita Salas, pionera en muchas cosas”. Es Mónica Álvarez, de 45 años, alumna del prestigioso investigador Carlos López-Otín, quien le animó a salir fuera de Asturias a continuar formándose. “Por él me fui a Barcelona a hacer la tesis doctoral. Le debo mucho, fue la persona que despertó en mí la vocación de investigar. De pequeña siempre quise ser profesora, luego me gustaron las Matemáticas, pero en BUP me atrajo la química y acabé licenciándome en Oviedo en Bioquímica”.

Admite las dificultades para conciliar en su profesión en general, “pero es inevitable que las mujeres tengan que parar por poco que sea para ser madres. Por biología nos toca a nosotras. Yo no lo cambio, es una experiencia única. Pero eso te obliga a bajar el ritmo en investigar, publicar... Poco a poco se puede conseguir que haya medios para compaginarlo todo, hay modelos que equiparan la duración de las bajas maternales y paternales; por ejemplo, Suecia. Se necesita más inversión y apoyo”, zanja esta investigadora, muy implicada en la divulgación de su labor en los colegios, como hará ella y otras colegas de profesión este próximo martes, día 8, en varios centros de Asturias a través de “Conócelas”, una iniciativa de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer.

Los estudios: de las dudas de ellas a la seguridad de ellos

Es María Paz Fernández profesora contratada doctor interina en el departamento de Física de la Universidad de Oviedo e investigadora del grupo “Magnes”. Cuenta que al final de curso está ya acostumbrada a que le visiten muchas alumnas de último año para pedirle consejo sobre su futuro. “Tienen muchas dudas, ellas se sienten más inseguras y no saben si apostar por la carrera científica. Mientras que los chicos tienen más seguridad en seguir formándose, estudiando, no les suelo notar tan preocupados a corto plazo”, apunta. Todo porque el reloj biológico en las mujeres es imparable y, lógicamente, inevitable. “Es difícil conciliar en el campo científico al igual que en otros, pues aquí si te apartas un tiempo pierdes lógicamente el ‘tren de la investigación’. Pero es que es la mujer la que tiene a los hijos, por naturaleza. Se debe ayudar a conciliar”. Ella está decidida, a sus 39 años, a facilitar las cosas y anima a todas las que quieran a subirse al carro de la ciencia. “Hay que asesorar, alentar y normalizar esta profesión, y acabar con los clichés de que es algo raro o muy difícil solo al alcance de mentes extremadamente brillantes. Estamos ahí”.

Una profesión para ayudar a la sociedad

A finales de este mes de febrero leerá su tesis (sobre desarrollo de test rápidos de moléculas de interés) María Salvador, la más joven del grupo de científicas reunidas por LA NUEVA ESPAÑA, con 32 años. Forma parte del grupo “Magnes” y en el mundo de la ciencia ha acabado por el simple pero a la vez ambicioso objetivo “de ayudar a la sociedad”. Es la más joven, pero eso no quita para advertir de que en su generación han carecido de referentes femeninos científicos.

“Yo tuve siempre profesores hombres, solo dos mujeres”. Con todo, no cree que estas tengan más trabas que ellos hoy en día para avanzar en una profesión exigente para todos. “Es bueno divulgar lo que hacemos y saber que hay gente que ha conseguido lo que tu quieres hacer, eso ayuda mucho. Las mujeres somos las que nos quedamos embarazadas y eso es difícil de compatibilizar, quizá, por ejemplo, con las exigencias de viajar de esta profesión, la investigación te absorbe mucho también...”, advierte.

Una profesión de largo recorrido en una sociedad cortoplacista

Arancha Argüelles (49 años) y Florina Barbés (50) son amigas y compañeras en el grupo “Magnes”, a la par que profesoras universitarias. La primera no tuvo tan claro dedicarse a la física, fue una vocación tardía. La segunda ya lo decidió con 13 años: “Me gusta la docencia, también la investigación”. Ambas coinciden en que esta profesión es de largo recorrido, mucho trabajo y esfuerzo durante años, algo que choca con una sociedad actual más bien cortoplacista que busca resultados inmediatos y el éxito fácil, lo que hace que la ciencia se vea distante.

Opinan que el covid ha ayudado a hacer ver el trabajo, en general oculto, de los científicos, de los investigadores. Y, sobre todo, a hacer ver su valor gracias a la ansiada vacuna. “El covid ha sido importante para que se vea todo lo que podemos aportar los científicos”, resaltan. “Pero en general no es una profesión muy popular porque los resultados científicos llegan tras años de mucho trabajo, es lento, y la sociedad quiere las cosas ya, de hoy para mañana”.

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